mié. Dic 31st, 2025

Trump anuncia alto al fuego entre Irán e Israel

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el fin del conflicto entre Irán e Israel tras 12 días de enfrentamientos. A través de su red Truth Social, informó que ambas naciones pactaron un alto al fuego escalonado, iniciando en seis horas y concluyendo formalmente en 24.

Trump explicó que Irán iniciará el cese de hostilidades y, 12 horas después, lo hará Israel. De cumplirse este esquema, se declarará el fin oficial de la guerra. El mandatario elogió la “resistencia e inteligencia” de ambos países, asegurando que el conflicto pudo haberse prolongado por años, pero no fue así.

El acuerdo pone fin a una de las escaladas más intensas de los últimos tiempos en Medio Oriente. Con su habitual tono triunfalista, Trump se adjudicó el logro diplomático y lo calificó como un hito mundial. La comunidad internacional ahora espera que el frágil acuerdo se mantenga y dé paso a una desescalada duradera.

El arte basura resurge como espejo del presente

En Nueva York, la muestra The Gatherers en MoMA PS1 pone el foco en el “gather art”: piezas ensambladas con objetos descartados. Esta tendencia, en auge tras la pandemia, encuentra eco en artistas como Ser Serpas y Selma Selman, quienes transforman chatarra en crítica poética del consumo.

A diferencia del arte de los readymades clásicos, estas obras abordan temas como el cambio climático, la desigualdad global y la precariedad económica, pero lo hacen con un enfoque oblicuo, donde la estética se mezcla con denuncia sutil. En lugar de opulencia, hay circuitos rotos, neumáticos y teclados olvidados.

Sin embargo, no todo es decadencia: algunas piezas actúan como metáforas de regeneración. Entre los escombros, emergen formas orgánicas y soluciones creativas. Este arte sugiere que, incluso en medio del colapso, hay posibilidad de recomponer. Así, la basura se convierte en materia prima de futuros posibles, donde el arte documenta, transforma y sobrevive.

Prada reimagina la masculinidad con elegancia introspectiva

En la Semana de la Moda de Milán, Prada presentó su colección masculina Primavera/Verano 2026 en el Deposito de Fondazione Prada. Bajo el título A Change of Tone, Miuccia Prada y Raf Simons marcaron un cambio sutil: del poder estructurado a una elegancia poética, natural y contemplativa.

Las prendas rompieron con las reglas tradicionales de lo masculino. Camisas blancas con shorts altos, trajes superpuestos con ropa deportiva y detalles como sombreros de rafia o calcetas largas mostraron una armonía no convencional. Todo remite a momentos imaginarios, emocionales y libres de rigidez.

El color jugó un papel esencial. Grises y marinos contrastaron con rojo, amarillo y violeta; tonos pastel suavizaron el conjunto. La colección no impone, sugiere. Cada prenda invita a ser vivida, adaptada, reinterpretada. Prada propone una nueva relación con la ropa: más emocional, menos estricta. Una masculinidad que no grita, pero que se expresa con profundidad, calma y belleza consciente.

Kevin Durant sacude el panorama del Oeste NBA

Kevin Durant fue traspasado de los Phoenix Suns a los Houston Rockets en un acuerdo que involucra a Jalen Green, Dillon Brooks y seis selecciones del draft. El movimiento se oficializará el 6 de julio, cuando inicie el nuevo año de la NBA, marcando un giro estratégico en la liga.

Durant expresó sentirse entusiasmado por unirse a Houston, al que calificó como “muy apropiado”. El alero promedió 26.6 puntos la temporada pasada y mantiene una racha histórica de tres años superando 25 puntos con altos porcentajes de efectividad en tiro de campo y triples.

El arribo de Durant refuerza a unos Rockets ya competitivos, que fueron segundo lugar del Oeste. Más allá del impacto inmediato, el traspaso redibuja la lucha por el título y reconfigura el equilibrio de poder en la conferencia. Houston no solo suma talento, suma también experiencia y ambición en su apuesta por la gloria del campeonato.

Vinculan asesinatos en Gaza con ONG respaldada por EU

Más de 400 palestinos han muerto desde que comenzó la distribución de ayuda por parte de la Fundación Humanitaria de Gaza (GHF), una ONG respaldada por Israel y Estados Unidos. Muchos fallecieron cerca de centros de reparto, en ataques atribuidos al ejército israelí.

Solo el domingo, al menos 33 personas murieron, ocho mientras buscaban alimentos. Desde el rompimiento del alto al fuego el 18 de marzo, Gaza vive una catástrofe humanitaria. Ya suman 5 mil 647 muertos y más de 19 mil heridos, según el Ministerio de Salud gazatí.

Aunque Israel reportó la recuperación de tres rehenes, la violencia sigue sin freno. Mientras el mundo observa en silencio, los más vulnerables pagan con su vida. Asociar ayuda humanitaria con represión bélica no solo es inmoral, es un crimen de guerra. La complicidad de potencias aliadas hace urgente repensar el rol real de la ayuda y quién decide quién merece sobrevivir.

Conservadores pro-Trump alistan partido en México

La agrupación México Republicano anunció que buscará su registro como partido político nacional en 2025. Sus dirigentes afirmaron tener afinidad ideológica con el Partido Republicano de Estados Unidos, aunque niegan financiamiento extranjero y aseguran actuar bajo principios de “binacionalidad”.

Entre sus figuras destacan Juan Iván Peña Neder, Larry Rubin y el exgobernador panista Juan Manuel Oliva. Se definen como conservadores, provida, antipopulistas y partidarios del modelo capitalista. Critican al PAN por “renunciar a sus valores” y ofrecen ser una alternativa con “ideología clara y sin eufemismos”.

La propuesta incluye eliminar subsidios y sustituirlos por créditos enfocados al crecimiento económico vinculado a Estados Unidos. Si bien su estrategia apunta a regiones con fuerte migración o influencia religiosa, su cercanía con el trumpismo podría polarizar el escenario político nacional. En tiempos de crisis democrática, es legítimo preguntarse: ¿quién define la agenda, los votantes mexicanos o los intereses extranjeros disfrazados de aliados?

Tarifas eléctricas y gas: el nuevo desafío nacional

En los últimos meses, hogares mexicanos han enfrentado incrementos significativos en las tarifas de luz y gas. Como resultado, diversas organizaciones civiles han advertido que esta alza está erosionando los presupuestos familiares y tensando aún más la economía de la clase media y baja.

Frente a ello, el gobierno anunció un paquete de medidas que incluye subsidios dirigidos a hogares vulnerables, revisión de contratos con proveedores energéticos y redirección de recursos de la CFE. Además, se iniciará un diálogo con comunidades afectadas para ajustar tarifas según capacidad de pago y garantizar transparencia en los cobros.

Este problema está integrando un tema grande en la agenda política internacional de México con el mundo, por lo que el pueblo mexicano espera con atención la resolución del tema en el sector energético.
La respuesta dependerá de la capacidad de Estado y sociedad para equilibrar apoyo social con responsabilidad fiscal.

Anuncian cambios en asignación de plazas docentes

Durante la mañanera de esta lunes, la presidenta de México anunció que su gobierno revisará el funcionamiento de la USICAMM, el sistema que regula los procesos de ingreso, promoción y asignación de plazas docentes. Según dijo, su objetivo es atender las demandas históricas del magisterio y poner fin a la tensión que persiste en varios estados.

Como parte de esta nueva etapa, se anticipan cambios en los criterios técnicos, así como ajustes en los mecanismos de evaluación y transparencia. La SEP trabajará en conjunto con líderes sindicales, principalmente de la CNTE, quienes han denunciado irregularidades, retrasos y exclusión en los procesos actuales. Aún no hay fecha definida para los cambios.

Aunque la postura presidencial busca mostrarse conciliadora, el reto será equilibrar justicia laboral con criterios de mérito. Resolver el conflicto con los maestros implica más que modificar reglas: requiere voluntad política, visión educativa y, sobre todo, escuchar a quienes están frente al aula.

¿El fin de la globalización o una nueva guerra fría?

El año 2025 ha sido especialmente intenso en materia económica y política internacional. Entre los principales protagonistas figuran el nuevo presidente de Estados Unidos, China, Ucrania, Israel, Irán, Rusia y, por supuesto, el sistema financiero global.

Una lección que este año ha dejado clara —aunque ya lo intuíamos— es la profunda dependencia de la economía mundial respecto a las decisiones de política económica de Estados Unidos. Esto incluye, en particular, su política monetaria, que afecta directamente la inflación y el crecimiento tanto de su propia economía como de la global.

(Tip: tasas altas implican menor crecimiento y menor inflación; tasas bajas estimulan el crecimiento, pero presionan al alza los precios).

Este nuevo panorama comenzó con la intensificación de la guerra comercial con China y, ahora, prácticamente con todos los países del mundo. Esta ofensiva amenaza con modificar los niveles de inflación en EE. UU., alterar flujos comerciales y desarticular las complejas cadenas globales de producción.

Las amenazas de nuevos aranceles —que van y vienen— han provocado inestabilidad económica global, afectando sectores profundamente integrados, como la industria automotriz. Esta estrategia ha puesto en entredicho las que parecían reglas estables del sistema económico global liderado por Estados Unidos.

Pero detrás de esta aparente irracionalidad hay un problema estructural: la gigantesca deuda pública de EE. UU., que depende del financiamiento a través de bonos. De ahí la insistente —casi desesperada— presión de Trump sobre la Reserva Federal para que baje las tasas de interés, en un intento por aliviar la carga financiera del gobierno.

Este conflicto ha desatado una batalla interna entre las grandes corporaciones financieras y las políticas nacionalistas que buscan frenar una globalización que ha empobrecido a la clase media blanca estadounidense. Y es ahí donde se libra la verdadera disputa.

Mantener tasas altas es una forma de advertencia: los inversionistas no comprarán deuda si no se estabiliza la política económica, hoy marcada por aranceles y proteccionismo. Las estrategias en juego —reducir el déficit comercial, abaratar el financiamiento e incluso inducir una recesión— buscan contener el creciente déficit fiscal.
Pero no es lo mismo imponer condiciones políticas y comerciales a un país como México que negociar con Wall Street o con las propias empresas estadounidenses. La economía de EE. UU. está profundamente entrelazada con el mundo, producto de los principios fundacionales del capitalismo: eficiencia y reducción de costos.

Esto se logra ya sea mediante tecnología, bajos salarios o relocalización (off-shoring) en zonas con menos regulación o mejor infraestructura logística. Obligar al regreso de las fábricas a suelo estadounidense implicaría transformar el capitalismo en una especie de economía planificada.

Más cercana al socialismo de Estado. Pedirle a un capitalista que renuncie a la eficiencia es como pedirle a un tiburón que se vuelva vegetariano: simplemente no va a ocurrir. Como decía el pensador Mark Fisher, si el capitalismo colapsa, será por una crisis ecológica… o por la locura desatada de una nueva guerra entre potencias.

Y mientras tanto, el panorama global se complica aún más: tensiones entre EE. UU. y Europa, con Ucrania y la OTAN como telón de fondo; una guerra económica e ideológica con China y su creciente poder; el conflicto persistente con Rusia.

El genocidio en Gaza, bombardeos en Líbano y Siria por parte de Israel con apoyo incondicional occidental; y ahora un nuevo foco de tensión con Irán. A esto se suma el impacto incierto de la inteligencia artificial: mayor productividad, sí, pero también despidos masivos y desempleo estructural.

En resumen, los recientes giros políticos y económicos en EE. UU. no han traído estabilidad global, ni beneficios tangibles para su propia población. El escenario es tan incierto que resulta imposible anticipar cómo se resolverá.

Entre los escenarios más preocupantes están una crisis de deuda del gobierno estadounidense, el estallido de la burbuja financiera internacional —con mercados claramente sobrevalorados— y sus inevitables consecuencias sociales. En fin, una guerra fría en el corazón del capitalismo: un monstruo que se congela a sí mismo.

La estética del consumo y el consumo de lo estético

Desde hace mucho sabemos que no hay poder sin su revestimiento estético, incluso en la guerra: uniformes, banderas, máquinas de guerra (aquellas que tanto le gustaba diseñar a Leonardo da Vinci). Sin embargo, a lo largo del siglo XX, hemos presenciado un claro desplazamiento de la estética del poder, antaño ligada a la identidad y la nación (de las cuales los estados eran máximos representantes y depositarios), hacia una estética de la mercancía, del consumo.

Y para ello ya no necesitamos Miguel Ángeles o Caravaggios que esteticen el poder; ahora necesitamos marketing, diseñadores, medios masivos de comunicación y programadores de redes sociales. Este desplazamiento redefine no solo cómo consumimos, sino también cómo percibimos el poder y la realidad misma. Esta nueva estética no es una mera extensión de la antigua estética del poder; por el contrario, está intrínsecamente ligada a la técnica y, más aún, a la fragmentación y el cálculo.

Pero, ¿por qué el capitalismo requiere esta nueva forma estética? Porque, a diferencia de la vieja estética —arraigada en lo único, la tradición y lo que perdura—, el núcleo del capitalismo es lo efímero transformado en un flujo interminable, una estética de la banda sin fin propia del sistema fordista de producción en masa. Hoy, no solo autos o planchas desfilan en esa banda sin fin; también lo hacen imágenes, textos cortos y audios mínimos.

Sin embargo, a diferencia de la vieja repetición capitalista, la nueva tecnología informática posibilita la producción en masa y sin repetición de mercancías estéticas. En la fila no hay dos cosas idénticas, sino el último reducto de la novedad: la fragmentación. La imagen o el audio que hace cola en el flujo digital es diferente al anterior. Y con cada fragmento diariamente recibimos minúsculas inyecciones de novedad, adrenalina, terror, miedo, amor, gatos, playas paradisíacas, lugares exóticos, odios y desastres de todo tipo.

La estética, convertida en mercancía, se consume de igual manera que un helado o un celular. Pero esta estética, como bien lo advirtieron los pensadores de la Escuela de Frankfurt, Benjamin y Adorno-Horkheimer, al mismo tiempo que nos seduce, nos adiestra pulsional y socialmente a la parte física del consumo y a su correspondiente correlato laboral: el sacrificio de horas de trabajo para pagar los imparables flujos de mercancías físicas e intangibles.

En ese salto estético, perdimos conexión con lo singular que es una experiencia sensible y corporal con los otros; perdimos la capacidad de crear comunidades estéticas y, por tanto, de pensamiento. La sociedad está alienada de sí misma, nos dicen Adorno y Horkheimer, vertida en la seducción del flujo que produce nuestra tecnología. ¿Y el arte? Pues después de un siglo de estrategias estéticas para despertar a los sujetos y hacerlos sentir la necesidad de hacer política, se encuentra perdido y atrapado en el mundo del mercado del arte (galerías, museos, ferias) y en las instituciones estatales.

Los cuales son espacios regulados y literalmente marginales dentro del campo cultural. El poder estético que despliegan las viejas estéticas ideológicas como el cine y la televisión son ahora solo una parte del inmenso repertorio estético del poder del dato y la tecnología digital, cuyo fin es avasallar estéticamente a los sujetos, convirtiéndolos en sujetos homogéneos globales a quienes pronto, por cierto, también les quitará su trabajo.

La grieta de la esperanza
Pero no todo está perdido, pues el arte y las expresiones críticas pueden infiltrar lo que Bernard Stiegler denomina “miseria simbólica”, generando nuevos símbolos complejos y dinámicos que posibiliten salir del aislamiento, que creen una estética netamente política que empodere a los sujetos. Son obras que entienden que estamos en medio de una guerra simbólica y que la estética no es algo que producen los artistas a través de sus obras, sino que es parte insustituible de nuestro ser, de nuestro cuerpo y de la sociedad.

Un ejemplo contemporáneo en el campo del arte es la obra de Doris Salcedo, Shibboleth, con la cual abrió literalmente una grieta en el símbolo del arte contemporáneo imperial londinense. Una grieta falsa, y por ello simbólica, que busca representar la separación entre los civilizados y los “otros”, entre los que van adelante y los atrasados.

Esta grieta distingue y marginaliza todo lo que la cultura eurocéntrica ha considerado semi-humano, todo lo que dentro de la cultura occidental es considerado no-igual, no-homogéneo: desde cuerpos hasta género, razas e ideas. Hoy su obra fue tapada, pero no totalmente invisibilizada; una huella, una cicatriz simbólica ha quedado, algo que no puede ser borrado y, por tanto, puede ser comunicado como posibilidad de cambio de conciencia. Ese es el poder liberador del arte.