dom. Feb 15th, 2026

Democracia en riesgo por nueva reforma

En un país marcado por carencias graves en salud, seguridad y justicia, la insistencia del gobierno y de Morena en impulsar una reforma político-electoral parece desconectada de la realidad. Mientras hospitales enfrentan desabasto de medicinas y la violencia golpea a familias enteras, la propuesta se coloca en la agenda como si fuese la urgencia nacional.

La iniciativa no pretende robustecer la democracia, sino limitarla. Con el argumento del “ahorro”, busca reducir legisladores y silenciar voces críticas, al tiempo que plantea una reconfiguración del INE que comprometería su autonomía. Se trata de una regresión política disfrazada de modernización institucional, orientada a concentrar poder en el partido gobernante.

En paralelo, millones de ciudadanos enfrentan cotidianamente la falta de servicios básicos como agua potable, empleo digno y acceso a la justicia. Las prioridades sociales parecen relegadas mientras se apuesta por modificar estructuras políticas que no solucionan las necesidades urgentes.

México requiere fortalecer sus instituciones, pero con sentido social. Sin medicinas, seguridad ni oportunidades, cualquier intento de reforma carece de legitimidad. La democracia no se construye debilitando contrapesos, sino garantizando que los ciudadanos tengan libertad y herramientas reales para decidir. La pregunta es inevitable: ¿qué debe atenderse primero, las urnas o la vida diaria de la gente?

Del récord en pobreza al reto futuro

La reducción de la pobreza multidimensional durante el sexenio de López Obrador, de 36.3% a 29.6% de la población, representa un avance estadísticamente notable y políticamente valioso. Sin embargo, buena parte de esta mejora no provino de transformaciones estructurales profundas, sino de factores coyunturales como el flujo histórico de remesas y el gasto social directo. Esto implica que el progreso es vulnerable a choques externos o cambios en el entorno económico.

Sheinbaum hereda un escenario menos favorable: las remesas muestran tendencia a la baja, el margen fiscal es reducido por la promesa de disminuir el déficit, y no se prevén expansiones significativas de programas sociales en el corto plazo. Además, su agenda laboral —como la reducción de la jornada a 40 horas— podría tensionar a empresas ya presionadas por alzas previas al salario mínimo.

El desafío central no será replicar la magnitud del avance logrado en el sexenio anterior, sino blindarlo. Eso requiere diseñar políticas que aumenten productividad, reduzcan informalidad y diversifiquen las fuentes de ingreso de los hogares. Si logra mantener e incluso mejorar estos indicadores sin depender de factores volátiles, Sheinbaum podría consolidar una herencia social que trascienda sexenios.

Aquí el verdadero mérito no estará solo en reducir cifras, sino en hacer que el descenso en la pobreza sea sostenible y resistente a crisis futuras.

Tan solo ilusiones

“La función capital de la cultura, su verdadera razón de ser, es defendernos contra la Naturaleza.” Freud, El porvenir de una ilusión.

La idea y concepto de ilusión ha sido tratado por múltiples autores y artistas, sobre todo poetas, que han hallado en ella un espacio para expandir el mundo humano más allá de lo natural o para expandir lo natural más allá de lo perceptual. Pero también las ilusiones se han convertido en una especie de bunkers, supuestamente impenetrables, contra la vida, contra estar ahí en el mundo. Freud y Nietzsche lo analizan desde su fase cultural, pues piensan que la cultura occidental solo existe dentro de este espacio virtual en donde el mundo es reconfigurado ya sea racional o teológicamente para que este parezca ordenado, apacible, predecible y, antes que nada, donde la muerte no tenga literalmente ningún lugar.

Y esa cultura-espacio virtual ha tenido múltiples formas, desde dioses caóticos y caprichosos que lo gobiernan, hasta dioses únicos que todo lo controlan, planean. Pero no es sino hasta la “era del humano”, donde el hombre es la medida de todas las cosas, en el que le damos a ese mundo y a nosotros mismo el carácter de racional. El mundo es algo que solo los humanos (bueno, exclusivamente los hombres) entenderán y dominarán a través del uso de una facultad exclusiva: la razón. Dios ha muerto, viva el rey humano, el rey hombre, todo debe rendirse a sus deseos, la naturaleza pierde su encanto y su poder. Solo existe el proyecto, el destino y la voluntad humana, el macho super alfa ha nacido. Ahora la seducción de este sueño delirante reside en la capacidad de la razón de someter todo a ella y, por tanto, a lo humano. Esto es lo que conocemos bajos los nombres de ciencia y técnica.

La técnica que nos fascina, seduce y empodera ha sido siempre el otro lado de la moneda de lo humano. No solo el fuego, las herramientas, la palabra, el texto, el símbolo y la culminación en el dato, su organización y la sumisión de todo a esta técnica de la información digital. De hecho, la historia solo existe desde ese momento en que nos inventamos como animal racional. Nuestras obras que ya suponemos muy superiores a lo que llamamos naturaleza adquieren ese carácter de símbolo de nuestra superioridad, de nuestro alejamiento de lo animal. Una vasija, un alfabeto, una historia, una máquina que se acopla a otra para movernos más rápido, para producir más, para extraer fuerzas a la naturaleza pasa enigmáticamente a convertirse en una herramienta de control y de violencia entre los humanos.

He aquí la contradicción, la paradoja que rastrean de diferente manera tanto Nietzsche como Freud. Para el primero la cultura occidental judeo-cristiana, la ilustración y la era moderna no es más que una decadencia del espíritu humano que parece no tener la fuerza suficiente para aceptar el mundo, el material y se fuga en un desfile de metáforas que parecen elevar la debilidad a las alturas celestiales del máximo valor y logro humano. Por otro lado, para Freud la cultura es inevitablemente algo que frustra al individuo y sus pulsiones, pero que parecen compensarse con los beneficios de vivir dentro de una colectividad. Ello provoca neurosis y angustias, sobre todo cuando estamos en sociedades complejas donde el beneficio de pertenecer a un conjunto de humanos no parece muy claro, pues cada vez es más evidente el avance de las violencias, inequidades y la pobreza de las mayorías.

Así que estos destructores de nuestras más queridas fantasías proponen salidas muy diferentes, Para Freud solo cabe la sublimación de nuestra frustración social, que incluye unas pulsiones violentas, para convertirlas en procesos creativos como el mismo arte. No podemos ganarle en ningún lugar y época a este acuerdo social pues es absolutamente necesario para nuestra sobrevivencia, solo cabe lidiar con él, minimizarlo y aceptar nuestras neurosis:

“Como ya sabemos, el arte ofrece satisfacciones sustitutivas compensadoras de las primeras y más antiguas renuncias impuestas por la civilización al individuo —las más hondamente sentidas aún—, y de este modo es lo único que consigue reconciliarle con sus sacrificios. Pero, además, las creaciones del arte intensifican los sentimientos de identificación, de los que tanto precisa todo sector civilizado, ofreciendo ocasiones de experimentar colectivamente sensaciones elevadas. Por último, contribuyen también a la satisfacción narcisista cuando representan el rendimiento de una civilización especial y expresan en forma impresionante sus ideales.” (Freud, El porvenir de una ilusión)

Para Nietzsche es irrefutable que los humanos no podemos vivir sin estas ilusiones de orden y por ello de sentido, que implican un enorme esfuerzo de negación de nuestro propio ser, pero sostiene que estas inevitables ficciones deben de ser construidas por los sujetos de manera individual y que esta construcción es el verdadero arte.

“Cantando y bailando manifiéstase el ser humano como miembro de una comunidad superior: ha desaprendido a andar y a hablar y está en camino de echar a volar por los aires bailando. Por sus gestos habla la transformación mágica. Al igual que ahora los animales hablan y la tierra da leche y miel, también en él resuena algo sobrenatural: se siente dios, él mismo camina ahora tan estático y erguido como en sueños veía caminar a los dioses. El ser humano no es ya un artista, se ha convertido en una obra de arte…” Nietzsche, El nacimiento de la tragedia.

Construir nuestros sentidos (porque no es solo uno) es una obra de arte que requiere una negociación con el mundo real, con el afuera de nuestras ilusiones, así como de fuerza, conocimiento y voluntad creativa. De esta manera, arte y vida se reconcilian.

Intervención militar de EE.UU. contra cárteles: realidades y riesgos

La idea de que Estados Unidos pueda “purgar” el sistema político mexicano o intervenir militarmente contra los cárteles ha ganado eco en ciertos sectores políticos y mediáticos, pero carece de viabilidad práctica y legal. Una operación de este tipo violaría de manera directa la soberanía nacional y el derecho internacional, además de provocar una reacción nacionalista que uniría incluso a facciones rivales contra la intromisión extranjera.

El problema central es la corrupción sistémica en México, que permea instituciones de seguridad, justicia y política. Una “limpieza” forzada no sería solo compleja de ejecutar, sino que podría derivar en un conflicto interno de gran escala, con riesgo de colapso del Estado o balcanización del territorio. Desde un punto de vista militar, implicaría control territorial de zonas productoras y rutas, equivalente a una ocupación prolongada.

El análisis apunta a que una estrategia más realista para debilitar a los cárteles está en la reforma del mercado de drogas en Estados Unidos. Experiencias como el fin de la prohibición del alcohol o la legalización del cannabis muestran que reducir el incentivo económico del crimen organizado es posible. Un mercado regulado podría disminuir de forma drástica los ingresos ilícitos que alimentan la corrupción y la violencia en México.

Finalmente, cualquier estrategia efectiva requeriría cooperación internacional entre países productores, de tránsito y consumidores. Mientras tanto, el combate unilateral de México contra los cárteles seguirá siendo limitado, más enfocado en mostrar resultados ante Washington que en un desmantelamiento total de las estructuras criminales. La intervención militar de EE.UU., lejos de resolver el problema, podría desencadenar consecuencias irreversibles para la estabilidad regional.

Reforma política: urgencia y retos estructurales

La amplia coincidencia ciudadana sobre la necesidad de una reforma política en México es un indicador de desgaste institucional y de pérdida de confianza en quienes ejercen el poder. El hecho de que políticos, jueces y policías compartan niveles similares de descrédito sugiere que el problema no es individual, sino sistémico. Este escenario abre una ventana para impulsar cambios estructurales, aunque el riesgo de que la inercia o la resistencia de ciertos grupos frene el proceso es alto.

El financiamiento público a partidos y legisladores es, sin duda, uno de los ejes más polémicos. La crítica de que estos recursos son excesivos y mal utilizados no solo es recurrente, sino que se ve reforzada por la percepción de que sirven más para perpetuar privilegios que para fortalecer la democracia. Reducir estos gastos podría liberar fondos para áreas prioritarias, pero implicaría confrontar intereses consolidados dentro del aparato político.

Para que la reforma sea efectiva, no basta con ajustar presupuestos; es necesario replantear la forma en que se ejerce la política. La transparencia, la rendición de cuentas y la eliminación de privilegios deben acompañarse de mecanismos que garanticen la participación ciudadana real. Solo así se podrá romper el ciclo de promesas incumplidas que ha alimentado el desencanto social.

En paralelo, los problemas de gestión urbana, como las recientes inundaciones en la Ciudad de México, revelan que la falta de planeación y mantenimiento es una constante tanto en lo político como en lo administrativo. Abordar estos retos con visión preventiva y no meramente reactiva sería una señal clara de que las reformas buscan un cambio profundo y duradero.

Redes de poder en reacomodo político

Más allá de partidos y cargos formales, en México operan grupos de poder que influyen en la política a través de lealtades, vínculos regionales y trayectorias compartidas. El histórico Grupo Atlacomulco, que controló el Estado de México por décadas, perdió su hegemonía tras la llegada de Delfina Gómez, dando paso al ascenso del Grupo Texcoco como nueva fuerza dominante en la entidad.

En la Ciudad de México, el Grupo PAN-CDMX ha consolidado influencia en el partido y en la política capitalina, pese a los señalamientos por el “Cártel Inmobiliario”. Figuras como Jorge Romero y Santiago Taboada han tejido redes que resisten derrotas electorales y sostienen presencia estratégica en el blanquiazul nacional.

El Grupo Tabasco, cercano a Andrés Manuel López Obrador, mantiene peso federal y local pese a divisiones internas entre corrientes encabezadas por Adán Augusto López y Javier May. La disputa se ha agudizado por escándalos que tocan a exfuncionarios de alto perfil, sin debilitar del todo su estructura política.

Mientras tanto, El Yunque busca resurgir con una agenda ultraconservadora a través del partido México Republicano, retomando vínculos con redes internacionales de derecha. Este reacomodo de fuerzas refleja que, aunque cambien rostros y contextos, las redes informales continúan moldeando la vida pública mexicana con estrategias de largo alcance.

Bartlett, la última pieza del rompecabezas en Washington

Manuel Bartlett vive su momento más crítico desde que la DEA lo colocó bajo la mira en 1985. Autoridades estadounidenses lo acusan de alertar a Rafael Caro Quintero sobre la identidad del agente encubierto Enrique Camarena, lo que derivó en su asesinato, y de facilitar su fuga. Grabaciones presentadas ante un juez en Brooklyn y nuevas pruebas lo acercan a una imputación formal sin precedentes.

El exdirector de la CFE fue informado por la Presidencia y solicitó protección para ser enviado a un país sin tratado de extradición, pero su petición no ha tenido respuesta. Mientras tanto, fiscales en Estados Unidos evalúan la cooperación de Caro Quintero y de Genaro García Luna para reforzar el caso, incluyendo posibles operaciones financieras y vínculos con los empresarios Samuel y Alexis Weinberg.

El contexto legal actual endurece su situación: desde febrero, los principales cárteles son catalogados como organizaciones terroristas, y sus integrantes pueden ser juzgados bajo leyes especiales. Aunque el Cártel de Guadalajara desapareció antes de esta normativa, una conexión financiera comprobada podría permitir aplicar estos criterios para acusarlo con mayor severidad.

Washington quiere cerrar la Operación Leyenda, investigación que suma cuatro décadas, con un golpe simbólico y político. El caso Bartlett es la pieza que falta para enviar un mensaje claro: ningún crimen contra un agente federal quedará impune, incluso si han pasado casi cuarenta años desde que se cometió.

El viaje de Andy en la mira, posible espionaje interno

La denuncia de Andrés López Beltrán sobre un presunto espionaje en su viaje a Japón abrió más interrogantes que certezas. Aunque él apuntó a “adversarios” y no al gobierno, la coincidencia con otras filtraciones contra figuras cercanas a su padre —Monreal, los Yunes y Mario Delgado— revela un patrón político claro. Todas las imágenes dañaron a operadores vinculados a la esfera de influencia de López Obrador, y el beneficio indirecto recayó en la presidenta Claudia Sheinbaum.

Diversas fuentes señalan que en algunos casos, como el de Madrid, agentes del Centro Nacional de Inteligencia estuvieron detrás de las fotos. En el caso de Tokio, donde no hay presencia operativa del CNI, la operación habría requerido autorización japonesa o mediación de un tercer país, lo que sugiere un alto costo político y diplomático asumido por objetivos estratégicos.

La hipótesis de una operación privada presenta limitaciones logísticas y riesgos de exposición, desde la obtención de información previa hasta la presencia constante en el hotel de Andy. Incluso un paparazzi ocasional sería rastreable por las medidas de seguridad del Okura y el interés del hotel en proteger su reputación.

Si se trató de un trabajo institucional, apunta a una operación de fuego amigo: usar filtraciones para debilitar a actores que no se alinean con el proyecto presidencial actual. Un espionaje que, aunque negado oficialmente, exhibe las tensiones internas en el círculo político más cercano al expresidente.

Washington ya tiene a Bartlett

La Operación Leyenda, el caso más largo en la historia de la DEA, está llegando a su cierre, y Manuel Bartlett, exsecretario de Gobernación, es ahora el objetivo más simbólico. Estados Unidos lo acusa de haber protegido al Cártel de Guadalajara y de haber autorizado que se delatara a Enrique Camarena como agente encubierto de la DEA, lo que derivó en su asesinato en 1985. Las pruebas incluyen grabaciones entregadas al juez Frederick Block en la Corte de Brooklyn.

Bartlett ya fue advertido por la Presidencia de México y solicitó ayuda para ser trasladado a un país sin tratado de extradición. La petición sigue sin respuesta. Mientras tanto, el caso de Rafael Caro Quintero —extraditado en febrero— ha tomado un nuevo giro, y la Fiscalía estadounidense evalúa negociar su testimonio como testigo cooperante, lo que podría fortalecer las acusaciones contra Bartlett.

Los fiscales también buscan que Genaro García Luna aporte información financiera sobre Bartlett y su relación con los empresarios Samuel y Alexis Weinberg. Con esos datos, el exfuncionario podría ser acusado bajo las nuevas leyes contra el terrorismo. Aunque la participación de Bartlett en el crimen no es nueva, el contexto legal y geopolítico lo coloca en una situación sin precedentes.

El fin de la impunidad parece importar menos que el símbolo. Para EE.UU., ningún crimen contra un agente quedará impune. Bartlett se convierte así en la última ficha que legitime el poder punitivo de Washington frente a la narcopolítica mexicana. ¿Será entregado o protegido?

Migrar ya no es opción

A medida que crece la posibilidad del regreso de Trump, migrantes centroamericanos y venezolanos comienzan a considerar seriamente quedarse en México. Aunque muchos partieron con la esperanza de cruzar a EE.UU., la realidad en la frontera, sumada al endurecimiento de políticas migratorias, ha provocado un cambio de planes forzado. El miedo a nuevas restricciones ha comenzado a transformar al país en destino final más que en zona de tránsito.

En ciudades como Ciudad Juárez, cientos han decidido establecerse temporal o indefinidamente. La incertidumbre política en Estados Unidos, las listas de espera y los riesgos del cruce han desalentado el intento de avanzar. El “sueño americano” comienza a mutar hacia una búsqueda más realista de estabilidad, empleo y refugio en territorio mexicano, aunque los recursos y las oportunidades sean limitados.

Diversas organizaciones en la frontera han alertado sobre el aumento de población migrante que opta por permanecer. Sin políticas claras de integración ni apoyos estatales sostenidos, la tensión crece en albergues, calles y centros de atención. Además, los flujos migratorios siguen activos, creando un panorama doble: quienes llegan con esperanza y quienes se resignan a no cruzar.

¿Está México preparado para ser país receptor? El fenómeno, empujado por un clima geopolítico hostil, exige respuestas más allá de la contención. La narrativa oficial no alcanza a dimensionar lo que ya ocurre en los márgenes: México dejó de ser puente para convertirse, por agotamiento, en refugio.