sáb. Feb 14th, 2026

Trump pacta con la OTAN Acuerdo por Groenlandia

El presidente estadounidense Donald Trump anunció en Davos un acuerdo preliminar con la OTAN que desactiva su amenaza de imponer aranceles a países europeos para presionar sobre Groenlandia. Aseguró que el entendimiento abre una vía diplomática para atender la disputa territorial y estabilizar los mercados, afectados por semanas de declaraciones confrontativas.

El mandatario explicó que el marco de negociación surgió tras reunirse con el secretario general de la alianza, Mark Rutte. Señaló que Groenlandia es clave para la seguridad occidental frente a China y Rusia, y sostuvo que el objetivo compartido es evitar una presencia estratégica adversa en la región ártica. Por ello anunció la suspensión de aranceles programados para febrero.

Voceros de la OTAN confirmaron que los países aliados del Ártico reforzarán su cooperación. En paralelo, la Unión Europea pausó su agenda comercial con Washington. Trump descartó emplear la fuerza y pidió negociaciones inmediatas, mientras Dinamarca mantiene su rechazo a cualquier transferencia de soberanía.

La presión electoral guía la política exterior de Trump

El clima político en Estados Unidos ha entrado en una fase de máxima tensión. Tras intervenir en Venezuela y lanzar advertencias sobre Groenlandia y acciones armadas en México, Donald Trump ha acelerado un ciclo de decisiones que erosiona el orden internacional y revive viejas formas de dominación geopolítica. Organismos multilaterales como la ONU y la OTAN lucen incapaces de contener esta deriva, mientras Europa enfrenta la posibilidad de que una crisis en el Ártico fracture su principal alianza defensiva.

En este contexto surge la pregunta central: ¿quién puede frenar a Trump? La diplomacia ha logrado pequeños contenciones, como ocurrió con el presidente Petro en Colombia o con Claudia Sheinbaum en México, quien buscó desescalar tensiones destacando la cooperación bilateral. Pero la eficacia de los llamados diplomáticos disminuye cuando la política exterior de Washington se alinea con la lógica interna del trumpismo, cada vez más desconectada de los contrapesos tradicionales y orientada a demostrar poder antes que a administrar estabilidad.

Por ello, el verdadero freno podría provenir del interior del propio país. El próximo 3 de noviembre, Estados Unidos celebrará elecciones de medio término que funcionarán como un plebiscito nacional sobre el segundo mandato no consecutivo de Trump. Más que una renovación legislativa, será una decisión sobre el modelo de gobierno que el presidente intenta consolidar y sobre su capacidad de moldear la política exterior sin resistencias. El control del Congreso y de 39 gubernaturas definirá si Trump gobierna con margen para profundizar su agenda o si enfrenta un contrapeso institucional capaz de limitarlo.

El escenario interno es convulso. La aprobación presidencial está por debajo del cincuenta por ciento y el país se encuentra conmocionado por el asesinato de Renee Good en Mineápolis, una observadora civil muerta por un agente migratorio en un episodio que ha despertado paralelos con el caso Floyd y reactivado protestas. La respuesta oficial, lejos de apaciguar la indignación, ha alimentado una narrativa de impunidad que polariza aún más a la sociedad y se entrelaza con la campaña electoral. En paralelo, candidatos demócratas buscan capitalizar el clima de hartazgo, mientras el gerrymandering y la segregación política reducen la posibilidad de alternancia.

Los meses previos a la elección pueden convertirse en el periodo más riesgoso para la estabilidad global. Trump enfrenta incentivos claros para recurrir a decisiones de alto impacto con el fin de recuperar popularidad y apuntalar a sus candidatos: medidas migratorias drásticas, choques comerciales, escalamientos retóricos o acciones militares que proyecten control inmediato. El riesgo creciente es que la política interior de Estados Unidos se convierta en el motor principal de la inestabilidad internacional.

Polonia derriba drones rusos Espacio aéreo bajo amenaza

Las Fuerzas Armadas de Polonia denunciaron la violación de su espacio aéreo por drones rusos durante ataques masivos contra Ucrania. Según el mando operacional, algunos de estos aparatos fueron derribados tras ser identificados como amenazas. El país se encuentra en “nivel máximo de alerta” y mantiene aviones y sistemas de defensa desplegados.

Las zonas más afectadas por las incursiones fueron Podlaquia, Mazovia y Lublin, donde se pidió a la población permanecer en casa mientras se desarrollaban operaciones militares preventivas. Como miembro de la OTAN, Polonia activó todos los protocolos necesarios para proteger a su ciudadanía y garantizar la seguridad en las regiones fronterizas.

Este episodio evidencia el riesgo de escalada regional en la guerra. La repetida violación de fronteras aéreas no solo tensiona la seguridad de Europa del Este, también desafía la estabilidad de la alianza atlántica y sus compromisos defensivos.

Xi critica orden mundial intimidatorio China busca contrapeso

El presidente de China, Xi Jinping, inauguró la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái en Tianjin con un llamado a rechazar la “mentalidad de la Guerra Fría” y el “comportamiento intimidatorio” en el orden internacional. Ante líderes como Vladimir Putin y Narendra Modi, defendió la necesidad de un sistema basado en la equidad y la justicia, en contraposición a lo que Pekín considera actitudes hegemónicas de Occidente.

La OCS reúne a diez países miembros, entre ellos Rusia, India, Pakistán e Irán, además de observadores y socios de diálogo. Pekín y Moscú han promovido al bloque como una alternativa a la OTAN, en un contexto global marcado por tensiones militares, rivalidades comerciales y disputas territoriales.

El discurso de Xi refuerza la narrativa china de liderazgo en un mundo “en transformación y turbulento”. La pregunta de fondo es si la OCS podrá consolidarse como un verdadero contrapeso o si quedará como un foro simbólico frente a las alianzas de seguridad occidentales.