dom. Feb 15th, 2026

Groenlandia expone parálisis europea frente a Trump

El conflicto sobre Groenlandia ha obligado a Europa a enfrentarse con una realidad que intentó evitar durante meses: Estados Unidos, bajo Donald Trump, está dispuesto a someter a sus aliados a golpes económicos y amenazas territoriales para imponer su voluntad. Lo que comenzó como una extravagancia geopolítica —la idea de “comprar” Groenlandia a Dinamarca— se ha convertido en una crisis estratégica que revela la fragilidad del poder europeo.

Las nuevas amenazas arancelarias de Trump, que iniciarían con un 10 por ciento en febrero y escalarían a 25 por ciento en junio, han dejado claro que Washington no se conforma con presionar; quiere doblegar. El argumento del secretario del Tesoro, Scott Bessent —según el cual Europa debe aceptar el sacrificio para mantenerse bajo el paraguas de seguridad estadounidense— expone la naturaleza coercitiva del momento: Estados Unidos exige territorio, lealtad y sumisión con el lenguaje del chantaje económico.

Ante esto, la Unión Europea apenas comienza a comprender lo que implica la disuasión en un mundo donde la fuerza económica se usa como arma estratégica. Ocho países europeos enviaron un pequeño contingente militar a Groenlandia, no para defenderla, sino para colocar un “cable trampa” político: si Estados Unidos invade un territorio respaldado por aliados de la OTAN, el costo diplomático explotaría de inmediato. Esa presencia funcionó. Washington abandonó las insinuaciones militares y pasó a sanciones comerciales.

Sin embargo, en el terreno económico Europa sigue paralizada. Desde 2023 tiene un instrumento anticoerción que, en teoría, puede imponer cuotas, cortar acceso a mercados financieros y bloquear inversiones a cualquier país que intente forzarla. Es su “bazuca comercial”. Pero nunca la ha usado. La herramienta existe, pero solo como amenaza vacía: demasiado lenta, demasiado condicionada por vetos internos y demasiado limitada por el miedo de algunos Estados —especialmente Alemania— a una escalada que afecte sus exportaciones.

Trump ya ha cruzado la línea. La coerción está en marcha. Europa, si quiere conservar autonomía estratégica, debe demostrar que está dispuesta a responder. La disuasión solo funciona cuando la amenaza de represalia es creíble. Hoy, para la Unión Europea, el desafío no es diseñar nuevas herramientas, sino encontrar la voluntad política para usarlas.

Europa exhibe vulnerabilidad estratégica ante presiones de Washington

Los acontecimientos en torno al futuro de Groenlandia y la reciente intervención de Estados Unidos en Venezuela han revelado una alarmante lentitud de respuesta en la Unión Europea, así como la ausencia de una postura común. La crisis ha puesto en evidencia fisuras internas que comienzan a manifestarse públicamente en Bruselas, donde incluso altos mandos de la Comisión Europea expresan desacuerdo sobre el rumbo estratégico del bloque. La vicepresidenta Teresa Ribera pidió “no seguir en silencio” y urgió a “plantar cara” ante la escalada de presiones estadounidenses, un mensaje leído como advertencia a la inacción de Ursula von der Leyen, cada vez más ausente del debate público.

Algunas capitales europeas también han marcado distancia. El primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, exigió la destitución de la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, por la falta de reacción ante los acontecimientos en Venezuela. A ello se suman nuevas tensiones por el millonario paquete de préstamos para Ucrania, donde Hungría, Chequia y Eslovaquia se negaron a aportar recursos, evidenciando el desgaste del consenso europeo y la creciente fatiga frente a la prolongada guerra en el este.

En medio de esta fragmentación, Bruselas intenta proyectar apoyo a Dinamarca, que enfrenta un escenario inédito: un territorio OTAN amenazado por Washington sin que la Alianza Atlántica pueda activar mecanismos de defensa. Alemania, Francia, Suecia y otros países han enviado efectivos militares a Groenlandia, aunque de manera limitada y sin capacidad de disuasión real. Al mismo tiempo, la Comisión Europea ha propuesto destinar 200 millones de euros en apoyo a este territorio ártico, un gesto insuficiente ante la magnitud de la crisis.

Para diversos analistas europeos, el problema no radica en una agresión reciente, sino en un patrón prolongado: la UE se encuentra debilitada tras décadas de subordinación estratégica a Estados Unidos y sin una política de defensa propia capaz de equilibrar la relación. La ruptura del diálogo con Rusia, que históricamente funcionó como contrapeso, dejó al bloque sin alternativas reales para diversificar alianzas o reforzar su autonomía. La consecuencia es una Europa que debe responder a desafíos geopolíticos crecientes con herramientas limitadas y sin una visión común.

A estas tensiones se suma el impacto del conflicto en Ucrania, que ha dejado a varios países europeos con arsenales exhaustos. Dinamarca, por ejemplo, figura entre los mayores donadores de armamento a Kiev, comprometiendo su capacidad defensiva en un momento crítico. La paradoja es evidente: un continente que se definía como potencia normativa enfrenta ahora una crisis de seguridad sin precedentes y con recursos mermados por decisiones alineadas al interés estadounidense.

En Bruselas se reconoce que el vínculo transatlántico atraviesa su momento más frágil en décadas. La expectativa gira ahora hacia las elecciones de medio término en Estados Unidos, donde podría definirse si la relación se recompone o si la fractura se profundiza. Entretanto, la UE enfrenta el reto de reconstruir liderazgo, cohesión interna y credibilidad estratégica antes de que la crisis la rebase por completo.

Groenlandia no está en venta Europa respalda a Dinamarca

Francia, España y Dinamarca reiteraron que Groenlandia no está en venta frente a advertencias de Estados Unidos. Autoridades europeas defendieron la integridad territorial de la isla y pidieron frenar intimidaciones. París subrayó que ya no rigen lógicas coloniales y expresó solidaridad plena con Copenhague ante presiones diplomáticas recientes internacionales actuales.

Dinamarca advirtió que sus fuerzas armadas responderán de inmediato ante cualquier intento de invasión, conforme a reglas vigentes. El mensaje elevó la tensión ártica. Francia y España cuestionaron un enfoque neocolonial, mientras Londres dialogó con Washington sobre seguridad euroatlántica y disuasión regional estratégica compartida entre aliados occidentales actuales clave hoy.

Desde Washington, el vicepresidente J.D. Vance pidió a Europa tomar en serio a Donald Trump y reforzar la seguridad del territorio. La Comisión Europea sostuvo que Estados Unidos sigue siendo socio estratégico y expresó disposición a cooperar, pese a desacuerdos, en intereses comunes compartidos y estabilidad regional futura conjunta sostenible.

Putin advierte a Europa Sin acuerdo por Ucrania

El presidente ruso Vladimir Putin y el enviado estadounidense Steve Witkoff sostuvieron una reunión de cinco horas sin lograr un compromiso sobre el plan de paz para Ucrania, informó el Kremlin. Aunque Moscú consideró “aceptables” algunas propuestas, señaló que aún queda amplio trabajo por hacer y que las posiciones no se han acercado lo suficiente para un acuerdo.

Durante el encuentro, se abordó el tema territorial, con Rusia exigiendo la retirada ucraniana del Donbás como condición indispensable. Putin criticó varios puntos del plan de Washington, pero respaldó otros, mientras acusó a Europa de actuar de forma “destructiva”. El mandatario advirtió además que, si Europa busca una guerra, Rusia está lista para responder.

Las conversaciones incluyeron también la revisión del plan impulsado por Donald Trump y otros documentos presentados por Witkoff. Aunque se evitó revelar detalles, ambas partes coincidieron en mantener las consultas. Putin señaló que una futura reunión con Trump dependerá de avances reales en el proceso.

Europa ve posible paz en Ucrania Trump impulsa negociaciones clave

El primer ministro británico, Keir Starmer, aseguró que la intervención de Donald Trump ofrece una “oportunidad viable” para un alto al fuego en Ucrania, calificando la próxima cumbre entre el presidente estadounidense y Vladimir Putin como “sumamente importante”. Según Starmer, en más de tres años de guerra, nunca se había estado tan cerca de una solución real.

Desde Francia, Emmanuel Macron confirmó que Trump expresó su “voluntad” de lograr un cese de hostilidades y que busca concretar un encuentro trilateral con Putin y Volodímir Zelenski en un país europeo neutral. El mandatario francés subrayó que solo el presidente ucraniano puede decidir sobre eventuales concesiones territoriales.

Pese al optimismo, persiste la preocupación en Europa por un posible acuerdo que implique cesiones de territorio a Rusia. Kiev mantiene que no aceptará la pérdida de sus regiones ocupadas y exige la retirada total de las tropas rusas, junto con garantías de seguridad y apoyo militar occidental.

Europa sin voz propia Macron critica, pero firma acuerdo

Francia acusó a la Unión Europea de actuar con docilidad frente a Estados Unidos tras la firma de un acuerdo que congela aranceles a cambio de pausar los impuestos digitales. Emmanuel Macron calificó el pacto como una “renuncia” a los principios fiscales europeos y una concesión directa a las presiones de Donald Trump.

El trato, negociado por la Comisión Europea, buscó evitar una escalada comercial con EE.UU., pero sacrificó la iniciativa de varios países de gravar a gigantes tecnológicos como Google o Amazon. Aunque París lideraba ese esfuerzo, finalmente aceptó posponer la medida en nombre de la “unidad europea”.

Si bien se evita un conflicto económico inmediato, el acuerdo expone la falta de firmeza de la UE ante chantajes. Europa, una vez más, prioriza la estabilidad temporal por encima de su autonomía estratégica, alimentando la idea de que Washington impone y Bruselas obedece.