vie. Feb 13th, 2026

Deterioro presidencial acelera riesgos internos en Estados Unidos

La advertencia del jefe de policía de Mineápolis, Brian O’Hara, sobre “el momento en que todo explote” sintetiza un clima político que avanza hacia un punto crítico. Cuatro derrumbes simultáneos alimentan esa sensación: el debilitamiento del orden internacional de posguerra, la erosión de la tranquilidad interna bajo operativos crecientemente abusivos del ICE, la degradación del orden democrático y, en el centro de todo, el deterioro mental y conductual del presidente Donald Trump.

Ese declive personal actúa como fuerza motriz. Los rasgos narcisistas se intensifican con el poder y la edad: más grandilocuencia, menos empatía, más reacciones violentas ante cualquier desafío. En 2025 Estados Unidos participó o ejecutó más de 600 misiones de bombardeo, una cifra coherente con un mandatario que recurre a la fuerza con rapidez creciente, dentro y fuera del país.

La historia clásica ilumina el proceso. Salustio, Tácito y más tarde Gibbon describieron cómo la tiranía distorsiona no solo la conducta de los gobernantes, sino también la moral de la sociedad que los rodea. La sed de dominación sustituye a la ambición pública y desata un ciclo de aislamiento, paranoia y exceso de poder. Los seguidores compiten por ofrecer una adulación cada vez más servil, mientras la población, expuesta a atrocidades constantes, se vuelve insensible. La democracia se vacía desde dentro: se debilita la confianza, se normaliza la corrupción, se abandona el hábito del compromiso.

Estados Unidos no es la Roma en decadencia. Sus instituciones siguen siendo sólidas y gran parte de la ciudadanía conserva valores democráticos. Pero estamos ante un peligro real: el curso de la tiranía raramente se revierte. La historia muestra que quienes caen en esta espiral no recuperan de pronto la moderación. Al contrario, profundizan en la arbitrariedad, la desconfianza y la confrontación.

Los fundadores lo entendieron bien: ninguna estructura institucional basta cuando un líder sin frenos internos decide probar los límites del poder. Hoy, gran parte del rumbo nacional está ligado a la psique deteriorada de un solo hombre, y ese es el núcleo del colapso que se aproxima.

Canadá reafirma compromiso T-MEC Descarta acuerdo con China

Canadá reafirmó su compromiso con el T-MEC, luego de que el primer ministro Mark Carney descartó negociar acuerdos comerciales con economías no de mercado. Así respondió a advertencias de Washington, después de que el presidente Donald Trump amenazó con imponer aranceles si Ottawa firmaba un tratado con China recientemente internacionales.

El mandatario canadiense señaló que su gobierno respeta las obligaciones del acuerdo trilateral y, por ello, no contempla pactos de libre comercio fuera de ese marco. Además, precisó que el diálogo con Pekín se limita a resolver tensiones sectoriales en áreas estratégicas, sin implicar compromisos formales nuevos duraderos ni vinculantes.

Sin embargo, Carney reconoció que las relaciones con Estados Unidos atraviesan un periodo de fricciones comerciales desde el regreso de Trump a la Casa Blanca. En este contexto, subrayó que Canadá busca estabilidad económica, diversificación responsable y cooperación regional, manteniendo una política exterior previsible y alineada con sus socios estratégicos.

Empresas de EE UU emergen como ancla del TMEC

El futuro del TMEC se ha convertido en uno de los principales focos de tensión entre Washington, Ottawa y Ciudad de México. Mientras Donald Trump mantiene su retórica de desdén hacia el acuerdo y amenaza con dinamitarlo, el Gobierno de Claudia Sheinbaum insiste en su continuidad, consciente de que la integración económica de América del Norte es uno de los pilares de la estabilidad regional. En medio de este choque político, un actor inesperado emerge como aliado de México: las empresas estadounidenses instaladas en su territorio.

Sheinbaum subrayó esta semana que los mayores defensores del TMEC no son únicamente los sectores productivos mexicanos, sino las firmas norteamericanas con operaciones en la región. Desde plantas automotrices hasta farmacéuticas, la posición de la iniciativa privada quedó clara durante las audiencias celebradas por la Oficina del Representante Comercial de EE UU en diciembre, donde abogaron por la vigencia del acuerdo que respalda 13 millones de empleos estadounidenses y sostiene a más de 100.000 pequeñas y medianas empresas exportadoras.

Las empresas reconocen, sin embargo, que los tres países han incumplido partes del tratado. Críticos con México en áreas como energía, agricultura o comercio digital, coinciden en que cualquier revisión debe ofrecer certidumbre regulatoria y un proceso ordenado. Para ellas, el riesgo mayor no es el diferendo técnico, sino la incertidumbre generada por la retórica del propio Trump. Como explica Pedro Casas Alatriste, director de AmCham México, las voces empresariales estadounidenses se han convertido en una fuente clave de influencia para el presidente, especialmente bajo la lógica de America First.

En este contexto, México busca preservar los beneficios arancelarios del tratado y revertir los gravámenes sectoriales que afectan a las cadenas productivas regionales. Expertos como Luis de la Calle insisten en que los aranceles al acero, aluminio y cobre lastiman directamente al propio mercado estadounidense. La revisión del TMEC, programada para julio, pondrá a prueba la capacidad de los tres países para sostener más de tres décadas de integración. Y, en esta negociación, el peso del empresariado estadounidense podría ser decisivo para contener los impulsos disruptivos de Trump y asegurar la continuidad del acuerdo.

Trump plantea “nueva Gaza” Plan inmobiliario polémico

En Davos, el presidente estadounidense Donald Trump presentó su Junta de Paz, organismo con el que busca desempeñar un papel más amplio en Gaza y promover un ambicioso plan de reconstrucción. Propuso transformar el devastado territorio palestino en un complejo de rascacielos y turismo costero, lo que generó preocupación internacional. Afirmó que trabajará con Naciones Unidas para impulsar el proyecto.

Trump mostró diapositivas elaboradas por Jared Kushner que renuevan ciudades y dividen Gaza en zonas residenciales, industriales y turísticas. El plan incluye viviendas, hospitales, centros educativos y espacios deportivos. El mandatario argumentó que la ubicación costera ofrece un potencial inmobiliario extraordinario y comparó la iniciativa con programas de reconstrucción a gran escala.

Sin embargo, la propuesta generó críticas. Hamas cuestionó la participación de Benjamin Netanyahu y la ONU advirtió que cualquier alternativa a sus mecanismos no es adecuada. Francia sostuvo que la organización internacional debe conducir los procesos. Trump afirmó que decenas de países apoyan su iniciativa.

Carney responde a Trump Defiende soberanía canadiense

El primer ministro canadiense Mark Carney respondió a Donald Trump tras declaraciones en Davos, donde el presidente afirmó que Canadá vive gracias a Estados Unidos. A su regreso, Carney sostuvo que la prosperidad canadiense se basa en valores propios y una cooperación bilateral construida desde la igualdad, no la dependencia.

En el Foro Económico Mundial, Carney criticó la coerción de grandes potencias sobre países pequeños y defendió el multilateralismo. Posteriormente afirmó que Canadá es dueño de su futuro, aunque reconoce una relación estratégica con Washington en comercio, seguridad y cultura, fundada en el respeto mutuo y la soberanía compartida hoy.

Las declaraciones respondieron a comentarios recientes de Trump sobre convertir a Canadá en el estado cincuenta y uno. Carney subrayó que el país puede ser ejemplo global frente al autoritarismo, destacando su democracia inclusiva, diversidad social y prosperidad compartida, como pilares para un orden internacional más justo y estable futuro.

Groenlandia expone parálisis europea frente a Trump

El conflicto sobre Groenlandia ha obligado a Europa a enfrentarse con una realidad que intentó evitar durante meses: Estados Unidos, bajo Donald Trump, está dispuesto a someter a sus aliados a golpes económicos y amenazas territoriales para imponer su voluntad. Lo que comenzó como una extravagancia geopolítica —la idea de “comprar” Groenlandia a Dinamarca— se ha convertido en una crisis estratégica que revela la fragilidad del poder europeo.

Las nuevas amenazas arancelarias de Trump, que iniciarían con un 10 por ciento en febrero y escalarían a 25 por ciento en junio, han dejado claro que Washington no se conforma con presionar; quiere doblegar. El argumento del secretario del Tesoro, Scott Bessent —según el cual Europa debe aceptar el sacrificio para mantenerse bajo el paraguas de seguridad estadounidense— expone la naturaleza coercitiva del momento: Estados Unidos exige territorio, lealtad y sumisión con el lenguaje del chantaje económico.

Ante esto, la Unión Europea apenas comienza a comprender lo que implica la disuasión en un mundo donde la fuerza económica se usa como arma estratégica. Ocho países europeos enviaron un pequeño contingente militar a Groenlandia, no para defenderla, sino para colocar un “cable trampa” político: si Estados Unidos invade un territorio respaldado por aliados de la OTAN, el costo diplomático explotaría de inmediato. Esa presencia funcionó. Washington abandonó las insinuaciones militares y pasó a sanciones comerciales.

Sin embargo, en el terreno económico Europa sigue paralizada. Desde 2023 tiene un instrumento anticoerción que, en teoría, puede imponer cuotas, cortar acceso a mercados financieros y bloquear inversiones a cualquier país que intente forzarla. Es su “bazuca comercial”. Pero nunca la ha usado. La herramienta existe, pero solo como amenaza vacía: demasiado lenta, demasiado condicionada por vetos internos y demasiado limitada por el miedo de algunos Estados —especialmente Alemania— a una escalada que afecte sus exportaciones.

Trump ya ha cruzado la línea. La coerción está en marcha. Europa, si quiere conservar autonomía estratégica, debe demostrar que está dispuesta a responder. La disuasión solo funciona cuando la amenaza de represalia es creíble. Hoy, para la Unión Europea, el desafío no es diseñar nuevas herramientas, sino encontrar la voluntad política para usarlas.

Davos y la política del abismo controlado

Davos vuelve a funcionar este año como un ritual global donde élites políticas y corporativas se exhiben en un paisaje alpino que pretende neutralidad, pero que opera como escenografía ideológica. Antes que un foro, Davos es un signo: un recordatorio visual de que las soluciones a la crisis global siguen discutiéndose lejos de quienes la padecen. Su lema de 2026, “A spirit of dialogue”, promete conversación franca en un mundo dividido, aunque el diálogo real sigue siendo un circuito cerrado entre poderosos.

El foro se describe como un encuentro “al borde del abismo”, pero ese abismo aparece deshistorizado, sin responsables. No se mencionan las guerras planificadas, los ciclos de saqueo financiero o las políticas que profundizan la desigualdad. Se habla de “riesgos” y “tensiones”, como si fueran fenómenos climáticos. Davos anestesia el conflicto de clase bajo una prosa tecnocrática que convierte la crisis del capitalismo en un problema de gestión y no en un resultado estructural.

En los salones alfombrados, los comerciantes de guerras no llevan botas, sino trajes oscuros y presentaciones impecables. Redefinen la destrucción como “estabilidad regional” y la muerte como “externalidad”. Donde la tragedia exige justicia, el foro detecta oportunidades de inversión. Junto a ellos actúan los intérpretes mediáticos del poder, encargados de traducir privilegio en liderazgo y desigualdad en reforma. El pluralismo que se exhibe es esencialmente decorativo; detrás de la diversidad de acentos opera una homogeneidad ideológica férrea.

Los magnates financieros completan el panorama. Su lenguaje son los mercados, que en Davos convierten países enteros en gráficas y poblaciones en variables descartables. Para ellos, la crisis no es un peligro, sino una oportunidad: cuanto más profundo el abismo, más barata la compra. El foro no emite decisiones formales, pero produce narrativas que ordenan prioridades globales: qué problema importa, cuál se posterga, quién habla con autoridad y quién queda fuera de cuadro.

Lo que Davos ofrece no son soluciones estructurales, sino relatos tranquilizadores. No justicia, sino filantropía cosmética. Observado críticamente, revela la distancia entre el poder global y la vida de los pueblos, y la importancia de disputar el lenguaje con el que se nombra el mundo. Porque Davos no evita el abismo: lo administra. Y vivir bajo su narrativa significa aceptarlo como destino.

Trump pacta con la OTAN Acuerdo por Groenlandia

El presidente estadounidense Donald Trump anunció en Davos un acuerdo preliminar con la OTAN que desactiva su amenaza de imponer aranceles a países europeos para presionar sobre Groenlandia. Aseguró que el entendimiento abre una vía diplomática para atender la disputa territorial y estabilizar los mercados, afectados por semanas de declaraciones confrontativas.

El mandatario explicó que el marco de negociación surgió tras reunirse con el secretario general de la alianza, Mark Rutte. Señaló que Groenlandia es clave para la seguridad occidental frente a China y Rusia, y sostuvo que el objetivo compartido es evitar una presencia estratégica adversa en la región ártica. Por ello anunció la suspensión de aranceles programados para febrero.

Voceros de la OTAN confirmaron que los países aliados del Ártico reforzarán su cooperación. En paralelo, la Unión Europea pausó su agenda comercial con Washington. Trump descartó emplear la fuerza y pidió negociaciones inmediatas, mientras Dinamarca mantiene su rechazo a cualquier transferencia de soberanía.

Reino Unido desafía presión Tensión por Groenlandia

El primer ministro británico Keir Starmer acusó a Donald Trump de presionarlo para modificar la postura del Reino Unido sobre Groenlandia. Durante una sesión parlamentaria, afirmó que Londres no cederá ante amenazas externas y defenderá el principio de que la isla pertenece a sus habitantes y a Dinamarca soberana histórica.

Starmer sostuvo que los comentarios de Trump sobre el acuerdo de las islas Chagos tuvieron como objetivo aumentar la presión política. Además, anunció una reunión en Londres con la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, en medio de crecientes tensiones diplomáticas y advertencias estadounidenses sobre aranceles y posibles medidas coercitivas futuras.

El líder laborista subrayó que el futuro de Groenlandia debe decidirse sin coerción económica ni militar. Mientras tanto, Trump mantiene su postura expansionista y no descarta el uso de la fuerza. La controversia ha profundizado divisiones entre aliados occidentales y plantea un nuevo desafío para la cohesión transatlántica actual global.

UE advierte respuesta firme Tensión por Groenlandia

La Unión Europea anticipó una respuesta firme ante las presiones del presidente Donald Trump sobre Groenlandia. En Davos, Ursula von der Leyen afirmó que la relación con Estados Unidos sigue basada en la amistad y la alianza, pero advirtió que cualquier intento anexionista recibirá una reacción unida y proporcional común.

La presidenta de la Comisión Europea sostuvo que escalar el conflicto solo beneficiaría a adversarios estratégicos. Por ello, insistió en combinar firmeza con diálogo. Mientras tanto, líderes europeos evalúan el escenario antes de encuentros previstos con Trump en el Foro Económico Mundial y una posible cumbre del G7 en París.

En paralelo, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ofreció mediar para reducir tensiones. Sin embargo, mensajes filtrados revelaron enfoques divergentes entre aliados. Francia reiteró la defensa de la soberanía danesa, mientras Dinamarca llamó a mantener abiertas todas las opciones diplomáticas, sin descartar respuestas coordinadas dentro de la Unión.