sáb. Jul 4th, 2026

Entre cooperación y advertencias, México marca límites

México cierra una semana marcada por esfuerzos diplomáticos intensificados para subrayar su soberanía ante un clima internacional alterado por las decisiones del Gobierno de Estados Unidos. La captura de Nicolás Maduro en un operativo dirigido desde Washington reactivó temores sobre posibles acciones unilaterales en otros países de la región, incluidos los escenarios que el propio presidente Donald Trump ha insinuado respecto a territorio mexicano. Pese a ello, integrantes del gabinete de Claudia Sheinbaum aseguran que la coordinación bilateral en seguridad ha avanzado y que los resultados obtenidos representan un argumento sólido para disuadir cualquier intento de intervención.

Sheinbaum ha insistido en público que la relación con Washington atraviesa uno de sus mejores momentos en materia de cooperación. Sin minimizar las declaraciones del presidente estadounidense, la mandataria busca encauzar el debate hacia los mecanismos institucionales que rigen la colaboración bilateral. Mientras Trump sostiene recurrentemente que los cárteles controlan México, el Gobierno mexicano intenta colocar sobre la mesa indicadores verificables de cooperación, operaciones conjuntas y extradiciones que, según sus funcionarios, han contribuido a contener la violencia y a reducir la presencia de redes criminales transnacionales.

Paralelamente, existe una estrategia silenciosa destinada a explicar en Washington las limitaciones constitucionales y operativas del Estado mexicano. Interlocutores de alto nivel se han desplegado para disuadir a funcionarios estadounidenses partidarios de “acciones directas” en territorio mexicano, recordando que cualquier respuesta debe ajustarse al marco jurídico y a la convivencia bilateral construida durante décadas. En este punto, México ha subrayado ejemplos recientes, como la neutralización y captura de los Inzunza en Sinaloa, prioridad para las agencias estadounidenses en la lucha contra el fentanilo.

La cooperación también ha generado beneficios concretos para ambos países. Casos recientes citados por funcionarios mexicanos muestran que operaciones atribuidas al FBI en realidad contaron con la participación central de fiscalías y agencias mexicanas, lo que refuerza el argumento de que la colaboración vigente produce resultados. A esto se suman las entregas de figuras relevantes del narcotráfico que, según fuentes federales, han tenido efectos inmediatos en la disminución de homicidios y extorsiones. La agenda futura incluye objetivos de alto perfil para ambos gobiernos, entre ellos líderes del Cártel Jalisco Nueva Generación y descendientes de Joaquín Guzmán Loera. En este escenario, México busca dejar claro que la estrategia de seguridad es binacional y que cualquier avance se construye desde la cooperación, no desde la imposición unilateral.

En homenaje a Béla Tarr

Para agregarle a la incertidumbre provocada por la locura y decadencia imperial hay que recibir la noticia de la muerte de uno de los grandes cineastas filósofos de nuestra época. Béla Tarr dirigió 18 películas en su vida, relativamente pocas para sus 70 años. Pero dentro de sus películas se encuentran varias que marcan una visión profunda, pero desencantada de la naturaleza humana. Varias de ellas fueron realizadas con base a novelas o guiones del recientemente laureado premio Nobel de literatura László Krasznahorkai.

Dos películas de este director sobresalen en mi memoria. La primera es El caballo de Turín (2011), que es un film basado en la célebre anécdota de Nietzsche en la cual, después de defender a un caballo que está siendo azotado, pierde la razón o la conexión con este mundo y es llevado a casa de su madre en la cual emite sus últimas palabras “Madre, soy un tonto”. La película parte de este momento en donde la mente de uno de los pensadores más incomprendidos e iconoclasta que hayan existido se pierde.

La película no especulará tanto sobre Nietzsche sino sobre la relación hombre y el animal. La entrada a de esta película es algo extraordinario, un prolongado travelingen donde vemos al supuesto caballo y su jinete y una vieja carroza atravesar un camino seco y polvoso. Pero la imagen, en blanco y negro, no parece estar tan interesada sobre el cochero sino sobre el caballo: su poderío, su sufrimiento, su estar atrapado y controlado por la violencia humana. Una escena en donde la imagen, el sonido y una música minimalista nos sumerge en un viaje sensible a la vez que reflexivo.

El punto de partida de la película que es la anécdota sobre Nietzsche es importante pues se plantea como una metáfora que se pregunta por las causas de la desconexión del mundo de un filósofo amante de la vida, el cuerpo y un profundo crítico del humanismo, el cristianismo y nuestra infundada fe en la razón nuestra superioridad sobre todo lo animal. ¿Ya no soportó más luchar contra ese mundo humano y decidió abandonarlo, por qué abrazar al animal que estaba siendo brutalmente golpeado, es una expresión de su dolor ante lo lejano que estamos de nuestras raíces vitales y una pregunta por la razón por la cual hemos desatado nuestra furia incontrolable sobre el mundo?

Béla Tarr parece seguir preguntándose algo similar a través de rastrear la vida de ese cochero que muestra su frustración por su vida humana reducida a una sobrevivencia sin sentido. ¿Es su vida vivible? La pérdida de la obediencia de su caballo implica la pérdida de su sustento económico. Es el inicio de una muerte que corre en paralelo a la destrucción de su medio ambiente. Un hombre y su escasa familia solo esperando el final, una muerte por inanición, sin poder moverse, solo esperando su caída y la del mundo a través de una única y pequeña ventana.

El resto de la película es sobre la lucha de ese cochero por sobrevivir, junto con su hija, en medio de una naturaleza hostil y la extrema pobreza. El caballo después de su llegada se niega a volver a salir de su establo. La vida de este cochero, que descubrimos es manco, está acompañada por su hija quien le viste y le desviste y prepara los alimentos que son exclusivamente papas cocidas. No hay pan, no hay vino, solo una casa y un hogar que calienta la casa y los alimentos. Afuera no hay más que un paisaje inhóspito que se refleja en un sonido constante del aire. Afuera no hay verdor, hay grisura y un pozo de agua que pronto se secará. Es una película prácticamente sin diálogos excepto por una visita que lleva aguardiente al cochero, la cual es enigmática y lúgubre:

“Bernhard (el visitante):¿Por qué no fuiste al pueblo? El viento lo arrasó todo.
Ohlsdorfer (el cochero): ¿Cómo es eso?
Bernhard: Se ha ido a la ruina.
Ohlsdorfer:¿Por qué se arruinaría?
Bernhard: Porque todo está en ruinas, todo está degradado, pero podría decir que Ellos arruinaron y degradaron todo. Porque no es este un tipo de cataclismo que viene con la así llamada ayuda humana inocente. Al contrario, es por el propio juicio del hombre, su propio juicio sobre su propio ser, en el cual, por supuesto, Dios tiene una mano, o, me atrevo a decir, participa. Y con independencia de su participación el hombre es la criatura más horrible que puedas imaginar. Porque, tú ves que el mundo ha sido envilecido.

Así que no importa lo que yo diga, porque todo ha sido degradado desde que Ellos lo han adquirido y a partir de que han adquirido todo, en una pelea engañosa y deshonesta, lo han envilecido todo. Porque todo lo que tocan, y todo lo tocan, lo degradan. Este era el camino hasta la victoria final, hasta el desenlace triunfal. Comprar, degradar, degradar, comprar. O puedo elegir otras palabras si lo deseas tocar, degradar y entonces, comprar, o tocar, comprar y, de ese modo, degradar.

Así ha sido por siglos. Y sigue, sigue y sigue. Esto y sólo esto, a veces con disimulo, a veces con dureza, a veces amablemente, a veces brutalmente, pero sigue y sigue.
Eso sí, solo de una forma, como ratas atacando en emboscada. Porque para su victoria incondicional ha sido esencial que los otros, pensaran que todo lo que es excelente, noble y sublime no debería participar en ningún tipo de lucha. No debería haber ningún tipo de forcejeos, sólo la repentina desaparición de una parte, es decir, la desaparición de todo lo excelente, noble y sublime.

Así que ahora, estos victoriosos campeones, que atacan de emboscada, gobiernan la tierra, y no hay ni el más mínimo rincón donde uno pueda esconder algo de ellos, porque se apropian de todo aquello en que puedan poner sus manos. Incluso cosas que pensamos que no pueden alcanzar -pero que si alcanzan- son también suyas, porque es suyo ya el cielo y todos nuestros sueños. Suyo es el momento, la naturaleza, el silencio eterno. Incluso la inmortalidad es suya, ¿entiendes?

¡Todo, todo está perdido para siempre! Y aquellos muchos nobles, excelentes y sublimes, sólo les tocó la suerte de estar en esa posición, por así decirlo. Les tocó esa posición, y tuvieron que comprender, y tuvieron que aceptar que no hay Dios ni dioses.

Y el excelente, el sublime y el noble tenía que entender y aceptar esto desde el principio. Pero, por supuesto, no fueron realmente capaces de comprenderlo. Lo creyeron y lo aceptaron, pero no lo comprendieron. Sólo permanecieron en su posición, perplejos pero no resignados, hasta que una chispa en sus cerebros, por fin, los iluminó.

Y de repente se dieron cuenta de que no hay Dios ni dioses. De repente, vieron que no hay bien ni mal. Luego vieron y comprendieron que si esto era así, entonces ¡ellos mismos tampoco existían! Ya ves, creo que este puede haber sido el momento en el que podemos decir que quedaron exhaustos y sin fuerzas. Exhaustos y sin fuerzas, como el fuego que dejó de arder en la pradera.

Uno era el eterno perdedor, el otro era el constante ganador. Derrota, victoria, derrota, victoria, y un día -aquí en esta vecindad- tuve que darme cuenta, y me di cuenta, que estaba equivocado, que estaba verdaderamente errado cuando pensaba que nunca ha habido y nunca podrá haber, algún tipo de cambio aquí en la tierra.
Porque, créeme, ahora lo sé, que ese cambio realmente ya se había producido.

Ohlsdorfer: ¡Déjalo ya! Eso son disparates.”

Otra película de Tarr también escrita por Krasznahorkai (un guión suyo basado en su novela “Melancolía de la resistencia”) es Armonías de Werckmeister (2000). El escenario es un pequeño y helado pueblo de Hungría al cual llega un extraño espectáculo cuya atracción principal es una ballena que se encuentra dentro de una caja de un tráiler y un personaje misterioso llamado “El príncipe”. Con una fotografía igualmente en blanco y negro rastrea a un personaje llamado János Valuska que es la vez ingenuo y una especie de poeta y soñador.

La escena de inicio es igualmente importante e imponente y marca el tono de esta película. Un bar donde los hombres se reúnen a beber hasta perder casi la conciencia y en donde János realiza una coreografía con estos hombres medio borrachos. Los hace representar al sistema solar con el sol en el centro y a la Tierra girando a su derredor y a la luna a su vez girando sobre ella:

János Valuska les dice a los hombres: “Eres el sol. El sol no se mueve, esto es lo que hace. Eres la Tierra. La Tierra está aquí para empezar, y luego gira alrededor del sol. Y ahora, tendremos una explicación sobre la inmortalidad que la gente sencilla como nosotros también puede entender. Solo te pido que me acompañes a la inmensidad, donde reinan la constancia, la quietud y la paz, el vacío infinito. E imagina que, en este infinito silencio sonoro, todo es una oscuridad impenetrable.”

Y continúa con una descripción libre de un eclipse solar hablando a la vez que moviendo los cuerpos de las personas haciéndolos girar sobre el sol y sobre sí mismos y concluye diciendo:

“[…] Y entonces… Silencio completo. Todo lo que vive está quieto. ¿Se marcharán las colinas? ¿Caerá el cielo sobre nosotros? ¿Se abrirá la Tierra bajo nuestros pies? No lo sabemos. No lo sabemos, pues nos ha sobrevenido un eclipse total… Pero… pero no hay por qué temer. Esto no ha terminado. Porque a través de la esfera brillante del sol, lentamente, la Luna se aleja. Y el sol vuelve a brotar, y a la Tierra lentamente vuelve la luz, y el calor la inunda de nuevo. Una profunda emoción los invade a todos. Han escapado del peso de la oscuridad.”

Este personaje liga a diferentes personajes y espacios del pueblo que es conmovido por la presencia extraña de ese gran cuerpo de ballena. Está viva o muerta no queda claro si es su presencia mítica la que resalta. La plaza principal está llena no solo de los locales sino de personas de otros pueblos cuyo número crece poco a poco lo cual provoca en los habitantes del pueblo no solo expectación sino animadversión ante los extraños que siguen el espectáculo.

El leviatán, la ballena como el monstruo perturbador sale del mar y se sitúa en medio de una sociedad que bien puede realizar una danza mágica sobre el universo y el sistema solar o devenir en violencia. Béla Tarr nuevamente reflexiona sobre lo humano su sociedad y se relación ambigua con lo extraordinario, aunque prevalece una visión oscura sobre este devenir en el que la violencia y la muerte hacen de lo humano un proyecto sin salida y sin felicidad o alegría como quería Spinoza.

La película también gira ante la figura de Andreas Werckmeister que fue un músico, organista y sobre todo teórico musical cuyas investigaciones principales fueron las armonías y famoso por sus “temperamentos” que es es un sistema de afinación. Un personaje que es cuidado y visitado por Janos es György Eszter que es también un músico y estudioso de la música que resulta ser un personaje líder dentro de la comunidad y que en una escena reflexiona sobre la armonía rota no solo en la música sino en el entramado humano.

Reflexiona Eszter: ” Aquí debemos reconocer que hubo épocas más afortunadas que la nuestra, las de Pitágoras y Aristóxenes, cuando nuestros antepasados ​​se conformaban con que sus instrumentos de afinación pura se tocaran solo en algunos tonos, porque no les atormentaban las dudas, pues sabían que las armonías celestiales eran dominio de los dioses. Más tarde, todo esto no fue suficiente; la arrogancia desquiciada quiso apoderarse de todas las armonías de los dioses.”

Esperemos que su muerte temprana lleve a que sus películas sean exhibidas y a crear una esperanza en públicos capaces de apreciar este tipo de cine cuyas referencias cercanas serían Andréi Tarkovski y Aleksandr Sokúrov.

Sin contrapesos, Washington prueba hasta dónde puede llegar

Las acciones recientes del Gobierno de Estados Unidos han marcado un cambio profundo en la forma en que Washington ejerce su influencia en el mundo. La operación que terminó con la captura de Nicolás Maduro, la presión sobre territorios como Groenlandia y las exigencias energéticas dirigidas a Venezuela evidencian una doctrina de poder más directa, menos condicionada por mecanismos multilaterales y cada vez más respaldada por recursos militares y económicos. El desafío para el resto del mundo es cómo responder ante un uso del poder que busca imponer reglas sin intermediación.

Trump está por cumplir un año de su segundo mandato. En ese periodo, prácticas que parecían impensables hace pocos años se han convertido en instrumentos habituales de política exterior. La lógica de America First ha evolucionado hacia una política de acción expansiva en la que los intereses estratégicos de Estados Unidos se equiparan a decisiones unilaterales con impacto global. Este giro plantea interrogantes sobre los límites de la influencia estadounidense en un contexto de instituciones internacionales debilitadas.

La operación en Venezuela mostró el alcance de esa nueva estrategia. Más allá de la disputa energética, la acción tuvo un fuerte contenido simbólico: demostrar que Washington puede actuar sin responder ante organismos internacionales y sin esperar consensos diplomáticos. La reacción global fue limitada. Solo un grupo reducido de países, entre ellos México y España, expresó su preocupación mediante un comunicado. La ausencia de una respuesta internacional más contundente deja a Estados Unidos en posición de avanzar sin contrapesos significativos.

El avance de esta política se explica, en parte, por la falta de articulación de otros actores globales. Las principales potencias económicas han preferido absorber los costos y evitar confrontaciones abiertas. China, la Unión Europea y Japón han optado por acuerdos parciales que amortiguan impactos comerciales pero no cuestionan la lógica de fondo. La falta de un bloque que marque límites genera incentivos para que Washington continúe expandiendo su margen de acción.

La presión sobre Groenlandia podría ser el siguiente punto de quiebre. Varios países europeos ya discuten mecanismos para responder a una eventual acción estadounidense. Las represalias comerciales sobre sectores estratégicos de la economía norteamericana podrían ser el primer intento serio de establecer límites. No será un proceso sencillo, pero Europa cuenta con herramientas para hacerlo si decide asumir los costos políticos y económicos de una confrontación diplomática sostenida.

Para México, la situación es especialmente delicada. La cercanía geográfica y la interdependencia económica amplifican el impacto de cualquier cambio en la política de Washington. La revisión del T-MEC, la cooperación en seguridad y la estabilidad fronteriza forman parte de una agenda que exige prudencia y precisión diplomática. En este escenario, México enfrenta la presión de un país con capacidad para moldear su entorno inmediato mientras el resto del mundo decide cómo reaccionar ante este nuevo tipo de liderazgo estadounidense.

Los próximos meses serán decisivos. Si Europa logra contener la presión sobre Groenlandia, podría sentar un precedente importante. Si no lo hace, la tendencia marcará un periodo en el que la capacidad de reacción internacional será clave para definir hasta dónde pueden llegar las acciones estadounidenses. En cualquier caso, la región deberá prepararse para una etapa de tensiones sostenidas en la que la diplomacia y la coordinación serán más necesarias que nunca.

México encara 2026 con frentes económicos abiertos

La economía mexicana inicia 2026 con un conjunto de retos que definirán su trayectoria en un año clave para la relación con Estados Unidos y para la estabilidad interna. El primero es la revisión del T-MEC, proceso que deberá resolverse hacia mediados de año y que mantiene en suspenso decisiones de inversión. La posibilidad de una renegociación parcial o incluso bilateral crea un ambiente incierto que pesa sobre los mercados y sobre la planeación de empresas nacionales y extranjeras.

El crecimiento económico continúa como uno de los mayores pendientes. Entre 2018 y 2024 el avance promedio fue de apenas 0.8 por ciento anual, lo que implicó un estancamiento del ingreso per cápita. Para 2025 se prevé un crecimiento menor a medio punto y, para 2026, las expectativas ya se ajustaron a cerca de 1.1 por ciento. Ese deterioro refleja una posible reducción en la tasa de crecimiento potencial del país y una inversión pública insuficiente, sumada a un ambiente de negocios más restrictivo. La preocupación es clara: México corre el riesgo de repetir una década perdida.

La creación de empleo formal será otro desafío relevante. El mercado laboral ya mostró señales de enfriamiento en 2025 y la perspectiva para 2026 es la generación de poco más de 300 mil puestos formales, lejos de las necesidades reales de una economía donde alrededor de 800 mil personas se incorporan cada año al mercado laboral. El registro reciente de trabajadores de plataformas digitales mejoró artificialmente las cifras, pero no implicó nuevos empleos.

En materia de inflación, aunque los precios regresaron al rango del Banco de México en 2025, varias presiones surgirán en 2026. El aumento de impuestos a productos específicos, la entrada en vigor de nuevos aranceles a bienes asiáticos y un efecto estadístico en la segunda mitad del año podrían empujar la inflación por encima del 4 por ciento. Bajo este escenario, es probable que el banco central mantenga una postura cautelosa y limite los recortes a la tasa de interés.

La combinación de estos factores obliga a replantear prioridades. Hasta ahora, México ha privilegiado la estabilidad macroeconómica. En 2026 será necesario encontrar un equilibrio entre estabilidad y crecimiento, de lo contrario el bajo dinamismo comenzará a reflejarse de forma más evidente en el bienestar social.

México enfrenta escenario incierto tras caída de Maduro

La caída de Nicolás Maduro, presentada por Washington como una operación quirúrgica y exitosa, abrió un escenario mucho más complejo del que sugiere la narrativa triunfalista. Aunque el liderazgo fue removido, la estructura política, militar y económica que sostuvo al chavismo permanece activa. Para analistas internacionales, esto significa que el verdadero desafío apenas comienza y que la transición en Venezuela se moverá en un terreno incierto y lleno de tensiones internas.

La presidenta interina, Delcy Rodríguez, representa continuidad para sectores del régimen y, al mismo tiempo, un puente potencial hacia un proceso de negociación con Estados Unidos. La oposición venezolana tiene legitimidad, pero carece de mecanismos para influir en las fuerzas armadas, que hoy concentran poder material y buscan preservar su posición. Washington enfrenta además un dilema: influir en la transición sin desplegar presencia sostenida, un escenario políticamente costoso en Estados Unidos.

El nuevo tablero también tiene efectos regionales. Cuba aparece como el siguiente punto de atención para la administración Trump, no necesariamente mediante intervención directa, sino mediante presión económica ampliada. Colombia vive un ciclo electoral que podría alterar su política exterior y su papel como aliado estratégico de Washington. Grupos armados y redes ilícitas en la región podrían aprovechar cualquier fractura política en Venezuela para expandir su influencia.

Para México, el entorno se vuelve delicado. La relación con Estados Unidos depende de un equilibrio entre cooperación y respeto a la soberanía. Un escenario donde Washington decida actuar unilateralmente en temas de seguridad dentro de México rompería ese marco. Con la renegociación comercial en marcha y la tensión regional al alza, el reto para la diplomacia mexicana será mantener autonomía estratégica sin escalar la confrontación.

Washington impone fuerza y altera reglas hemisféricas

La operación militar de Estados Unidos en territorio venezolano marcó un quiebre regional. Más allá de la captura de Nicolás Maduro y del discurso oficial que busca presentarla como una acción para restaurar la democracia, el impacto político inmediato radica en el precedente que establece. Washington decidió actuar sin aval multilateral y justificó la intervención apelando a la protección de sus intereses estratégicos, especialmente en el sector energético.

El mensaje del presidente estadounidense fue explícito. La reconstrucción y administración de la infraestructura petrolera quedará en manos de empresas norteamericanas, bajo el argumento de recuperar activos que considera propios. Esta narrativa reescribe décadas de política latinoamericana y reinstala una lógica que prioriza la seguridad energética por encima de la soberanía. El derecho internacional quedó relegado en un contexto donde las tensiones geopolíticas se amplifican.

En América Latina, los gobiernos observan con atención la redefinición del escenario. Países como México, Brasil y Colombia evalúan los alcances de una intervención que rompe las reglas del juego establecidas desde el fin de la Guerra Fría. La reacción del gobierno mexicano, medida y austera, sugiere una defensa de principios que trascienden la coyuntura venezolana y apuntan a la protección de sus propios márgenes de autonomía en un entorno cada vez más incierto.

El caso venezolano abre un debate incómodo para la región. La intervención exhibe la fragilidad de los mecanismos multilaterales y revive interrogantes sobre el equilibrio de poder en el hemisferio. Más que un episodio aislado, lo ocurrido anticipa una etapa marcada por tensiones crecientes, donde la disputa por recursos estratégicos y la presión geopolítica moldearán la política continental.

2025: un año de inflexión para Morena

Morena experimentó en 2025 el mayor ajuste en su relación con el electorado desde su llegada al poder. Tras años de expansión sostenida, la identificación ciudadana con el partido pasó de la mitad de la población a 42 por ciento, una disminución abrupta que sorprendió incluso a dirigentes internos. No se trató de un desgaste gradual, sino de una caída concentrada entre julio y septiembre, periodo que marcó un punto de inflexión en la narrativa pública del movimiento.

El quiebre coincidió con la difusión del caso relacionado con un exfuncionario de seguridad de Tabasco y con una serie de episodios que abrieron un debate nacional sobre congruencia política. Viajes, celebraciones privadas y decisiones institucionales controvertidas alimentaron una percepción de distancia entre algunos actores del partido y los principios de austeridad que históricamente lo habían distinguido. Paralelamente, la ciudadanía comenzó a exigir resultados inmediatos en temas como vivienda, servicios urbanos y movilidad, demandas que esta vez se dirigieron al presente y no al pasado.

En el ámbito económico, 2025 también generó desafíos de percepción. Tras meses marcados por la volatilidad derivada de la política arancelaria de Estados Unidos, aumentó el número de ciudadanos que consideraban que la economía avanzaba en la dirección incorrecta. Este cambio en el ánimo colectivo se combinó con hechos de alto impacto social, como el asesinato del alcalde de Uruapan, que detonó protestas encabezadas por jóvenes y reforzó la idea de una exigencia creciente hacia cualquier fuerza en el poder.

A partir del otoño, nuevas tensiones emergieron desde grupos de interés que rechazaron reformas sectoriales, particularmente en materia hídrica y educativa. El año cerró con dificultades en elecciones locales, cuestionamientos sobre el diseño de la elección judicial y tensiones dentro de la coalición gobernante, que enfrentó desacuerdos sobre temas como nepotismo, seguridad y política económica. Morena concluyó 2025 en medio de un doble reto: reconstruir confianza y, al mismo tiempo, administrar la diversidad interna que acompaña a cualquier fuerza dominante.

Mirando hacia 2026, el partido enfrenta una disyuntiva estratégica. Mantener la cohesión interna puede implicar costos ante un electorado que exige estándares más altos, mientras que impulsar controles más estrictos podría tensar relaciones con sus propios aliados. La dirección política que adopte definirá si este año de inflexión se convierte en un tropiezo temporal o en el inicio de una reconfiguración más profunda en el panorama electoral.

La sala que respira

Nosotros —los de adentro— no hablamos; solo miramos.

Llevamos siglos atrapados en esta sala, donde la luz entra sin edad y las voces pasan fugaces y se apagan en el marco. El aire huele a barniz viejo. El parqué, al paso de los otros, apenas cruje; ese rumor de madera nos llega como si viniera del otro lado del lienzo.

Algunos regresan.

Él siempre regresaba. Año tras año. Nunca venía solo: traía a una alumna absorta, a un sobrino obediente o a una cita efímera que fingía entenderlo. Se detenía ante nosotros como quien debe traducirnos para dotarnos de existencia.

—Foucault lo explicó con elegancia —decía el visitante, como quien lo cita de memoria—: esto no es pintura, es pensamiento. No representa una escena, sino el propio acto de mirar. El espejo del fondo no revela un secreto, sino que señala un vacío: aquello que está fuera y no puede verse, lo que da forma a todo lo demás. El pintor nos observa. Y, sin advertirlo, estamos dentro del cuadro.

Entonces —como si el cuadro le exigiera una jerarquía— compartía otra idea que todavía le imponía respeto:

—Jonathan Brown habló del gesto cortesano: Velázquez se retrata junto a los nobles porque ya es uno de ellos. El artista no pide permiso, se impone. Este pincel es su cetro.

Y, por supuesto, mencionaba a Alpers:

—Para Svetlana Alpers, esto no representa: actúa. Es escena sin bambalinas. Todos interpretamos un papel sin darnos cuenta. Incluso nosotros, espectadores circunstanciales.

A veces traía otras hipótesis y señalaba los cuadros del fondo —motivos de Rubens— que parecían disolverse en la penumbra:

—Palas castiga a Aracne no por su torpeza al tejer, sino por revelar aquello que los dioses querían ocultar. Y Midas, condenado a llevar orejas de burro por juzgar mal la música. El arte es implacable con los errores del gusto.

Lo decía sin ironía, con una inquietud apenas velada, como si temiera cometer uno de esos errores él mismo.

Tampoco faltaban comentarios esotéricos:

—Velázquez creía en la astrología. Aquí ni la luz ni los espejos son inocentes. Toda la composición responde a una armonía secreta. Incluso la constelación de Corona Borealis parecía enlazar los corazones de los personajes centrales. Como si el cuadro siguiera un trazado celeste que apenas intuimos.

Y cuando ya parecía haber terminado —cuando los otros esperaban el remate brillante— bajaba la voz, como si se confesara más que explicar:

—Quizá no estamos viendo nada. Tal vez —y aquí dudaba— Velázquez no pintó a la infanta, ni a los reyes, ni a sí mismo. Quizá pintó esto —decía, extendiendo los brazos—: el instante en que creemos estar observando, ignorando que somos observados. A veces pensaba que me pintaba a mí; otras, que pintaba a ustedes, los espectadores. O acaso ambas cosas son ciertas a la vez. No pintó: nos apuntó. Somos el blanco. Quizá por eso regresaba siempre, para descubrirlo.

Lo presentaba como un juego erudito, pero después su mirada se tornaba distinta, menos segura, más vulnerable.

Decía a sus acompañantes que nunca se detenía ante Guernica; lo consideraba demasiado literal, demasiado herido.

—Por algo lo tienen en el Museo Reina Sofía —murmuraba, casi con lástima—. Todo en él grita. No deja espacio al que mira, no insinúa, no duda.

Nosotros, silenciosos, lo escuchábamos con atención. Lo vimos envejecer, pulir su discurso, matizar sus pausas. Pero nunca lo vimos dejarse mirar de verdad. Nos preguntábamos si, a fuerza de regresar, algún día vería algo más que su propio reflejo en nuestro silencio.

Hasta el día en que vino solo. Sin libros, sin acompañantes, sin citas fugaces. Se quedó un largo rato frente a nosotros. No dijo nada. Por primera vez, no parecía venir a explicarnos ni a explicarse. Estaba allí, en soledad, mirándonos como nunca antes.

No regresó.

Desde entonces, el silencio pesa más hondo. La luz entra del mismo modo y permanece flotando en la sala, como si alguien —sin nombre— aún siguiera respirando y aguardara, por fin, ser mirado.

Harfuch y el equilibrio interno del poder

La cercanía política entre Claudia Sheinbaum y Omar García Harfuch se ha consolidado como uno de los pilares operativos del actual Gobierno. La dupla ha logrado imprimir un sello propio en la estrategia de seguridad, con avances visibles en la reducción de ciertos delitos. Sin embargo, esa misma centralidad abre una pregunta incómoda: ¿qué tan sano es para la administración depender de un solo actor con un peso político creciente?

El riesgo no proviene únicamente de las expectativas generadas alrededor del secretario de Seguridad, sino de la eventual tentación de convertirlo en una figura omnipresente. La reciente controversia por sus comentarios sobre un detenido ligado a estructuras sindicales mostró lo fácil que es desdibujar límites y asumir vocerías que no corresponden. Para un Gobierno que busca proyectar institucionalidad, estos tropiezos pueden erosionar su propio discurso de rigor y transparencia.

La apuesta de Sheinbaum por una continuidad transexenal demanda estabilidad, y esa estabilidad solo puede garantizarse con un gabinete que distribuya responsabilidades y capital político. Hoy, las figuras de mayor peso, Harfuch y Marcelo Ebrard, conviven con una estructura desigual que no siempre acompaña con el mismo nivel de capacidad o influencia. El desequilibrio alimenta especulaciones sucesorias prematuras, un terreno fértil para la distracción y la fragmentación interna.

Equilibrar el gabinete no solo ampliaría las capacidades del Ejecutivo, sino que también protegería al propio García Harfuch. Si el proyecto de seguridad aspira a madurar, su principal operador debe evitar convertirse en un eje excepcional del poder. En un país donde el futurismo comienza temprano, mantener el foco en los resultados es, paradójicamente, la mejor forma de preservar cualquier aspiración futura.

Victoria de Kast expone límites del paralelismo regional

El triunfo de José Antonio Kast en Chile reabre el debate sobre el giro conservador en América Latina, pero sus implicaciones para México son más limitadas de lo que sugieren algunas lecturas apresuradas. A diferencia del escenario chileno, donde el progresismo llegó fracturado a la contienda, el oficialismo mexicano conserva cohesión relativa y un respaldo social que no muestra signos de colapso inmediato. La derrota chilena genera reflexión, sí, pero no un espejo automático.

En México, la derecha radical carece de una estructura orgánica semejante a la de sus pares sudamericanos. Sus expresiones quedan encapsuladas en figuras aisladas, sin capacidad de articulación territorial ni arraigo electoral masivo. Además, las fronteras ideológicas locales son más difusas: incluso proyectos que se autodefinen de derecha suelen operar con fuerte presencia estatal, lo que neutraliza la emergencia de un discurso disruptivo comparable al de Kast o Milei. El terreno político mexicano, por ahora, no es propicio para un salto similar.

El verdadero desafío para el oficialismo no proviene de la insurgencia conservadora externa, sino de sus tensiones internas. Las pugnas entre corrientes, la dependencia persistente de liderazgos carismáticos y la ausencia de una identidad partidaria bien delimitada configuran vulnerabilidades propias. En un contexto en el que el apoyo popular es la principal fuente de estabilidad, la fragmentación puede desgastar más rápido que cualquier avance de la oposición.

Las lecciones para México no apuntan al miedo, sino a la prevención. Cuando los gobiernos progresistas caen, suele deberse menos al empuje externo que al agotamiento interno y al desencanto social. La izquierda mexicana no enfrenta hoy un Kast propio, pero sí un reto estructural: sostener resultados tangibles que mantengan viva la adhesión ciudadana. Ignorar ese punto, y no un supuesto efecto dominó regional, sería la verdadera alarma.