Oriente tras los ataques contra instalaciones nucleares y energéticas iraníes. Ambos gobiernos calificaron estas acciones como imprudentes e ilegales, y señalaron que podrían poner en peligro la seguridad de toda la región si continúan las hostilidades.
Durante conversaciones diplomáticas, los cancilleres de ambos países subrayaron la necesidad de detener los bombardeos contra infraestructuras civiles, incluida la central de Bushehr. Asimismo, destacaron que estos ataques representan una amenaza directa para el personal y los sistemas de seguridad nuclear bajo supervisión internacional.
Además, hicieron un llamado a retomar el diálogo político y evitar medidas que agraven la crisis. En paralelo, Rusia sostuvo contactos con otros actores internacionales para reducir la tensión. Analistas consideran que la escalada militar aumenta los riesgos para la estabilidad regional y la seguridad energética global.
