En la Ciudad de México, La Docena se ha consolidado como un referente donde el fuego y el mar dialogan con naturalidad. Fundado por Tomás Bermúdez, el restaurante propone una experiencia que trasciende el plato: hielo que resguarda ostiones frescos, brasas encendidas y una cocina abierta que convierte cada servicio en ritual compartido.
El recorrido comienza con aromas ahumados y sabores salinos que anticipan aguachiles precisos, papas crujientes y vegetales a la parrilla que sorprenden incluso a quienes buscan opciones vegetarianas bien pensadas. Aquí, la mesa se entiende al centro, con platillos que circulan y copas que acompañan conversaciones largas.
Más que solemnidad, el espacio privilegia la generosidad y el encuentro. Las botellas se descorchan sin prisa, los carajillos marcan el ritmo de la sobremesa y el postre se vuelve pretexto para quedarse. Así, La Docena reafirma que compartir la mesa sigue siendo un acto profundamente disfrutable.
