La Selva Maya, uno de los ecosistemas más biodiversos de América, enfrenta una devastación sin precedentes. De acuerdo con Greenpeace, en solo cinco años se han perdido casi 300 mil hectáreas por el avance de megaproyectos como el Tren Maya, las granjas porcícolas y el turismo inmobiliario. Ambientalistas y comunidades indígenas exigen detener esta destrucción antes de que el daño sea irreversible para el sureste mexicano.
