Un ataque masivo ruso sacudió Kiev y varias ciudades de Ucrania, dejando al menos seis muertos y más de cincuenta heridos. Según autoridades locales, más de 40 misiles fueron lanzados en la madrugada, de los cuales solo 30 lograron ser interceptados. Algunos impactaron directamente en hospitales, viviendas y hasta un centro infantil, provocando incendios y graves daños estructurales.
Entre los heridos hay personal médico y varios menores de edad. Imágenes muestran techos colapsados, calles cubiertas de escombros y zonas sin energía. El presidente Zelenski calificó el hecho como un crimen de guerra, mientras que el Kremlin, como en ataques previos, ha guardado silencio. Ucrania pide más apoyo internacional y refuerzos para su defensa antiaérea.
La población civil vive bajo constante amenaza, sin refugio seguro ni tregua humanitaria. En esta guerra, los misiles no distinguen entre soldados y niños, y el silencio internacional pesa casi tanto como las bombas.
