La detención violenta de Narciso Barranco, mexicano con 31 años en EE.UU., provocó indignación en California. El jardinero, sin antecedentes penales y padre de tres militares estadounidenses, fue golpeado y rociado con gas pimienta por agentes del ICE en Santa Ana.
El consulado mexicano en Los Ángeles ya solicitó explicaciones formales y atención médica para el connacional, quien sufrió una dislocación de hombro. Además, se canalizó el caso a un programa legal de defensa y se mantiene contacto con la familia, informó la SRE.
Golpear a un hombre por “su aspecto”, como denunció su hijo, no es sólo abuso policial, es desprecio institucional. Mientras sus hijos protegen a Estados Unidos, su padre es tratado como amenaza. ¿Quién defiende a los que ya pertenecen, pero nunca terminan de ser reconocidos?
