Te levantas, te miras al espejo y ahí está: otro granito inesperado. Lo primero que piensas es exprimirlo o ponerle algo “rápido”… pero muchos de esos trucos caseros solo te dañan la piel. Exponerlo al sol, usar limón o productos astringentes puede parecer buena idea, pero no lo es.
Tu piel también necesita cuidados reales, más allá del afeitado. Brotes como estos pueden ser por estrés, mala alimentación o productos que no van contigo. Y sí, los hombres también necesitamos rutinas de cuidado que protejan sin exagerar.
No se trata de complicarte: elige productos simples, con ingredientes purificantes como el aceite de árbol de té, y evita los mitos. Tu rostro merece algo mejor que improvisaciones. Verse bien también es cosa de hombres.
