En el corazón de la Roma, Perezoso propone una experiencia que celebra la pausa. Su ambiente, lleno de plantas y luz dorada, invita a detenerse y disfrutar. Las mesas con manteles de papel y crayolas evocan una nostalgia juguetona que transforma la comida en un acto de relajación y convivencia.
El menú, inspirado en la tradición italiana, está diseñado para compartirse: pizzas al centro, pastas que se reparten entre risas y entradas que acompañan la charla. La coctelería, equilibrada y sin pretensiones, acompaña cada plato con elegancia discreta, siguiendo el ritmo lento de las sobremesas largas.
De día es refugio íntimo; de noche, un espacio lúdico y social. Perezoso recuerda que comer es un acto de presencia: una invitación a disfrutar sin prisa, saborear el instante y reconectar con el placer sencillo de la buena mesa.
