Surjandaria, al sur de Uzbekistán, se abre entre montañas, valles y caminos de caravanas antiguas. Esta región fronteriza con Afganistán y Tayikistán alberga huellas budistas, rutas de peregrinación islámica y paisajes vírgenes como el Parque Nacional de Hissar o la reserva de Surkhan. Su geografía accidentada y fértil la convierte en un refugio natural y cultural.
En Termez, su capital, el presente dialoga con la historia: bazares activos conviven con ruinas greco-bactrianas y santuarios budistas como Fayaz Tepe. Más allá, las montañas de Boysun conservan rituales nómadas y leyendas que sobreviven al turismo emergente, mientras que nuevas rutas ecoturísticas intentan conectar comunidades rurales con visitantes internacionales.
Surjandaria es hoy uno de los puntos más estratégicos para repensar el turismo cultural y sostenible en Asia Central. Pero su riqueza dependerá de un equilibrio complejo: crecer sin perder la memoria.
