El arquitecto Arnau Vergés diseñó en Girona una vivienda inspirada en la austeridad fabril; sin concesiones estéticas. El encargo partió del escritor Jorge Carrión, quien pidió silencio, funcionalidad y mucho espacio para sus libros. La construcción elimina adornos, puertas interiores y acabados ostentosos, priorizando la luz y la estructura funcional.
Desde fuera parece una nave de hormigón, pero al interior revela calidez, estanterías largas y atmósfera fluida. La casa es una planta rectangular que aprovecha la pendiente del terreno y deja que los muebles definan los espacios. No hay jerarquías visuales ni elementos innecesarios.
Este tipo de arquitectura, que renuncia al espectáculo para abrazar lo esencial, cuestiona la obsesión contemporánea por lo visual. ¿Y si el nuevo lujo fuera no destacar? En una era saturada de formas y brillos, quizá vivir bien consista en no distraerse y vivir de la forma más tranquila visual y material posible.
