El historiador italiano Carlo Ginzburg, considerado uno de los pensadores más influyentes de la historiografía contemporánea y creador del enfoque conocido como microhistoria, falleció a los 87 años. Su obra transformó la manera de estudiar el pasado al centrar la atención en personajes anónimos y relatos cotidianos para explicar procesos históricos de gran escala.
Autor de clásicos como El queso y los gusanos (1976), Ginzburg reconstruyó la vida de Menocchio, un molinero del siglo XVI condenado por herejía, demostrando que las voces marginadas podían revelar aspectos fundamentales de la historia. También destacó por libros como Mitos, emblemas e indicios, donde desarrolló el método indiciario, y El hilo y las huellas, dedicado a las relaciones entre verdad, ficción y memoria.
Hijo de la escritora Natalia Ginzburg y del intelectual antifascista Leone Ginzburg, asesinado por los nazis en 1944, el académico dedicó buena parte de su trayectoria al estudio de los perseguidos y excluidos. Su legado marcó generaciones de historiadores y consolidó una nueva forma de entender el pasado desde los márgenes.
