La artista catalana Núria Quevedo, figura clave del arte político del siglo XX, falleció a los 87 años en Berlín, ciudad donde vivió desde su adolescencia tras exiliarse con su familia en los años cincuenta. Además, su obra plasmó como pocas el desgarro emocional del exilio republicano, especialmente en el icónico óleo Treinta años de exilio (1971), considerado el “Guernica del exilio”.
Asimismo, Quevedo desarrolló una trayectoria marcada por la introspección, la melancolía y la memoria histórica, representadas en figuras solitarias y paisajes lluviosos que evocan la dureza del desarraigo. Aunque en España permaneció largamente ignorada, en Alemania obtuvo reconocimiento institucional, becas y premios que la situaron entre las voces artísticas más relevantes de la antigua RDA.
Finalmente, pese a ese prolongado olvido en su país natal, su legado dialoga con creadoras como Maruja Mallo o Remedios Varo. De este modo, su obra vuelve a cobrar vigencia al recordar la herida colectiva del exilio y la potencia expresiva de quienes, como ella, nunca dejaron de mirar hacia la patria perdida.
