¿Podrá el sector construcción repuntar en 2026?
La construcción mexicana llega al cierre de 2025 con uno de sus golpes más duros en una década. La caída simultánea de obra pública, megaproyectos concluidos y altos costos de insumos debilitó un sector que funciona como motor transversal de la economía. Las cifras del segundo semestre muestran un deterioro acelerado: desplomes superiores al 19% en producción y retrocesos laborales marcados, mientras regiones dependientes del gasto federal enfrentan contracciones históricas.
El ajuste más severo proviene de la obra pública. Estados como Quintana Roo, Tabasco o Campeche muestran retrocesos de dos dígitos tras la conclusión del Tren Maya y Dos Bocas. En contraste, entidades con dinamismo industrial o metropolitano registran avances notables, resaltando Ciudad de México, Tlaxcala y zonas del norte y Bajío. Esta polarización evidencia que la crisis no es homogénea y que la inversión privada, aunque debilitada, muestra mayor resiliencia que la federal.
El nearshoring aparece como la apuesta estratégica para 2026. Proyecciones apuntan a un crecimiento cercano al 25% en construcción industrial, impulsado por la relocalización manufacturera y una Inversión Extranjera Directa histórica. Estados como Nuevo León, San Luis Potosí y Guanajuato concentran nuevas plantas automotrices y desarrollos logísticos. Sin embargo, advertencias de especialistas subrayan riesgos persistentes: altos costos derivados de aranceles, tasas todavía restrictivas, y déficits estructurales en energía y mano de obra calificada.
El presupuesto federal propone un repunte de inversión pública y un ambicioso programa de vivienda para fortalecer el piso del sector. Aun así, la recuperación dependerá de la capacidad de mitigar incertidumbres externas, atender cuellos de infraestructura y estabilizar costos. Si la construcción no recupera tracción pronto, difícilmente la economía mexicana podrá sostener un crecimiento robusto en 2026.
