El viaje de Andy en la mira, posible espionaje interno
La denuncia de Andrés López Beltrán sobre un presunto espionaje en su viaje a Japón abrió más interrogantes que certezas. Aunque él apuntó a “adversarios” y no al gobierno, la coincidencia con otras filtraciones contra figuras cercanas a su padre —Monreal, los Yunes y Mario Delgado— revela un patrón político claro. Todas las imágenes dañaron a operadores vinculados a la esfera de influencia de López Obrador, y el beneficio indirecto recayó en la presidenta Claudia Sheinbaum.
Diversas fuentes señalan que en algunos casos, como el de Madrid, agentes del Centro Nacional de Inteligencia estuvieron detrás de las fotos. En el caso de Tokio, donde no hay presencia operativa del CNI, la operación habría requerido autorización japonesa o mediación de un tercer país, lo que sugiere un alto costo político y diplomático asumido por objetivos estratégicos.
La hipótesis de una operación privada presenta limitaciones logísticas y riesgos de exposición, desde la obtención de información previa hasta la presencia constante en el hotel de Andy. Incluso un paparazzi ocasional sería rastreable por las medidas de seguridad del Okura y el interés del hotel en proteger su reputación.
Si se trató de un trabajo institucional, apunta a una operación de fuego amigo: usar filtraciones para debilitar a actores que no se alinean con el proyecto presidencial actual. Un espionaje que, aunque negado oficialmente, exhibe las tensiones internas en el círculo político más cercano al expresidente.


