sáb. Feb 14th, 2026

Resultados antidrogas contrastan con discurso de Trump

Cuando Estados Unidos elevó la voz en 2020 por el avance del fentanilo en su territorio, la Casa Blanca identificó a los carteles mexicanos como el eslabón clave de la crisis. Cinco años después, con Donald Trump nuevamente en la presidencia y bajo una presión inédita sobre su vecino del sur, los datos cuentan una historia distinta: la campaña mexicana contra los opioides sintéticos no solo se ha intensificado, sino que ha comenzado a alterar la tendencia que durante años parecía irreversible. Tras una década en ascenso, el tráfico de fentanilo hacia territorio estadounidense se ha reducido de forma drástica y las muertes por sobredosis muestran un retroceso que no se veía en mucho tiempo.

Desde la transición entre Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum, el Gobierno mexicano apostó por una estrategia que rompiera con el paradigma de contención y patrullaje. Con la llamada Operación Frontera Norte —impulsada como respuesta a las exigencias de Trump de mostrar “resultados verificables”—, México dio paso a una ofensiva centrada en inteligencia, destrucción de laboratorios, incautaciones masivas y golpes quirúrgicos contra la estructura de los carteles. El movimiento incluyó un componente político delicado: aceptar una cooperación más estrecha en seguridad a cambio de moderar las amenazas arancelarias que la nueva Administración estadounidense colocó sobre la mesa desde su primer día.

El cambio fue inmediato. En el primer año de Gobierno de Sheinbaum, las fuerzas federales mexicanas aseguraron 1,8 toneladas de fentanilo, desmantelaron cerca de 1.900 laboratorios y detuvieron a más de 40.000 personas vinculadas con el crimen organizado. Entre los capturados figuran operadores centrales de los dos grupos que dominan el tráfico de drogas sintéticas: el Cartel de Sinaloa y el Cartel Jalisco Nueva Generación. Paralelamente, México extraditó a Estados Unidos a figuras de alto perfil cuyas operaciones mantenían redes activas incluso desde prisión.

Las cifras militares son contundentes. El Ejército decomisó en 2025 alrededor de 560 kilos de fentanilo, un aumento de más del 60% respecto al año anterior. Los aseguramientos de metanfetamina, heroína y goma de opio crecieron en proporciones todavía mayores. La Marina protagonizó uno de los golpes más significativos: la incautación de 1,5 toneladas de fentanilo a finales de 2024, el mayor cargamento interceptado en la historia reciente.

En Estados Unidos, los efectos comenzaron a sentirse del otro lado de la frontera. La CBP reportó una caída del 52% en las incautaciones de fentanilo en 2025 en comparación con el año previo. Aunque aún es una cifra considerable, representa el desplome más pronunciado desde que el opioide se instaló como la mayor amenaza sanitaria del país. También disminuyeron las confiscaciones de cocaína, mientras que las de metanfetamina registraron un leve repunte. La tendencia más significativa, sin embargo, está en los datos de salud pública: en 2024 murieron por sobredosis de fentanilo 47.735 personas, casi un 35% menos que en 2022, el peor año de la crisis. Esa reducción interanual no se veía desde 2019.

La política migratoria mexicana también experimentó un giro decisivo. Bajo la lógica del acuerdo con la Casa Blanca, Sheinbaum ordenó desplegar a 10.000 elementos de la Guardia Nacional en la franja fronteriza para cortar el paso tanto a drogas como a migrantes irregulares. El resultado fue una caída del 95% en las detenciones dentro de territorio mexicano. Los registros estadounidenses reflejan un fenómeno similar: los arrestos en la frontera pasaron de casi 38.000 en 2024 a apenas 4.300 en 2025.

El descenso de la violencia en México acompaña estos cambios. Tras años de cifras que parecían haberse estancado en niveles críticos, 2025 cerró con 22.415 homicidios dolosos, la cifra más baja desde 2015. Aunque múltiples factores inciden en el fenómeno, el Gobierno atribuye buena parte de la disminución al desmantelamiento de estructuras criminales enfocadas en la producción y distribución de drogas sintéticas.

Este giro contrasta con la estrategia de “abrazos, no balazos” del sexenio anterior. Mientras López Obrador privilegiaba la contención para evitar confrontaciones directas con los carteles, Sheinbaum ha apostado por la fuerza selectiva guiada por inteligencia. La coordinación entre Ejército, Marina, Guardia Nacional y Fiscalía —bajo el liderazgo operativo de Omar García Harfuch— ha permitido cerrar circuitos que antes permanecían intactos. Cada operación se comunica al detalle en conferencias diarias, un intento deliberado de construir narrativa pública y posicionarse frente a Washington.

Aun así, la respuesta del Gobierno estadounidense ha sido ambivalente. La Casa Blanca reconoció “avances”, pero calificó los progresos como “insuficientes”. Trump insiste en que la raíz del problema está en México, mientras que la presidenta mexicana le ha recordado públicamente que Estados Unidos no ha atacado con la misma contundencia a las redes de distribución, lavado de dinero y adicción que alimentan su propia crisis. Tanto en privado como en público, Sheinbaum ha subrayado que ningún esfuerzo será sostenible si el país consumidor no atiende el corazón del problema dentro de sus fronteras.

Con el tráfico de fentanilo a la baja, la migración reducida y la violencia replanteada, México llega a 2026 con indicadores que, por primera vez en mucho tiempo, dibujan un horizonte distinto. Pero el entorno político bilateral sigue cargado de tensiones. Mientras Trump hace del combate al narcotráfico un eje de su narrativa electoral, México insiste en que la cooperación, y no la intervención, debe ser la lógica dominante. La pregunta central es si estos resultados —que objetivamente favorecen a ambos países— bastarán para contener las presiones de la Casa Blanca en un año que promete más confrontación que calma.

Europa exhibe vulnerabilidad estratégica ante presiones de Washington

Los acontecimientos en torno al futuro de Groenlandia y la reciente intervención de Estados Unidos en Venezuela han revelado una alarmante lentitud de respuesta en la Unión Europea, así como la ausencia de una postura común. La crisis ha puesto en evidencia fisuras internas que comienzan a manifestarse públicamente en Bruselas, donde incluso altos mandos de la Comisión Europea expresan desacuerdo sobre el rumbo estratégico del bloque. La vicepresidenta Teresa Ribera pidió “no seguir en silencio” y urgió a “plantar cara” ante la escalada de presiones estadounidenses, un mensaje leído como advertencia a la inacción de Ursula von der Leyen, cada vez más ausente del debate público.

Algunas capitales europeas también han marcado distancia. El primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, exigió la destitución de la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, por la falta de reacción ante los acontecimientos en Venezuela. A ello se suman nuevas tensiones por el millonario paquete de préstamos para Ucrania, donde Hungría, Chequia y Eslovaquia se negaron a aportar recursos, evidenciando el desgaste del consenso europeo y la creciente fatiga frente a la prolongada guerra en el este.

En medio de esta fragmentación, Bruselas intenta proyectar apoyo a Dinamarca, que enfrenta un escenario inédito: un territorio OTAN amenazado por Washington sin que la Alianza Atlántica pueda activar mecanismos de defensa. Alemania, Francia, Suecia y otros países han enviado efectivos militares a Groenlandia, aunque de manera limitada y sin capacidad de disuasión real. Al mismo tiempo, la Comisión Europea ha propuesto destinar 200 millones de euros en apoyo a este territorio ártico, un gesto insuficiente ante la magnitud de la crisis.

Para diversos analistas europeos, el problema no radica en una agresión reciente, sino en un patrón prolongado: la UE se encuentra debilitada tras décadas de subordinación estratégica a Estados Unidos y sin una política de defensa propia capaz de equilibrar la relación. La ruptura del diálogo con Rusia, que históricamente funcionó como contrapeso, dejó al bloque sin alternativas reales para diversificar alianzas o reforzar su autonomía. La consecuencia es una Europa que debe responder a desafíos geopolíticos crecientes con herramientas limitadas y sin una visión común.

A estas tensiones se suma el impacto del conflicto en Ucrania, que ha dejado a varios países europeos con arsenales exhaustos. Dinamarca, por ejemplo, figura entre los mayores donadores de armamento a Kiev, comprometiendo su capacidad defensiva en un momento crítico. La paradoja es evidente: un continente que se definía como potencia normativa enfrenta ahora una crisis de seguridad sin precedentes y con recursos mermados por decisiones alineadas al interés estadounidense.

En Bruselas se reconoce que el vínculo transatlántico atraviesa su momento más frágil en décadas. La expectativa gira ahora hacia las elecciones de medio término en Estados Unidos, donde podría definirse si la relación se recompone o si la fractura se profundiza. Entretanto, la UE enfrenta el reto de reconstruir liderazgo, cohesión interna y credibilidad estratégica antes de que la crisis la rebase por completo.

Trump y la utilidad geopolítica del narcotráfico

La incursión de Estados Unidos en Venezuela exhibió con contundencia el retorno de viejas lógicas imperiales. El petróleo volvió a colocarse como la motivación central, pero no es el único combustible de la ofensiva. La disputa entre el dólar y el yuan por el control del mercado energético, la presión de la industria armamentista y la reconfiguración del poder global forman parte de una misma ecuación en la que el narcotráfico ha adquirido un papel inesperado.

Durante años se trató al narcotráfico como una distorsión del capitalismo tardío. Sin embargo, al observar su comportamiento dentro de las estrategias de Washington, emerge no como anomalía sino como engranaje útil para expandir control territorial, legitimar intervenciones y someter políticas de seguridad de países del sur a la agenda estadunidense. La retórica de Trump lo deja claro: el narcotráfico es el justificante perfecto para intervenir militarmente donde convenga, desde Caracas hasta cualquier punto de México.

Ese discurso no opera en el vacío. Allí donde avanza la extracción minera, forestal o hídrica, suelen aparecer grupos criminales que contribuyen a asegurar territorios, silenciar resistencias locales y modificar la correlación de fuerzas. El costo de operaciones violentas se incorpora a los presupuestos de empresas transnacionales, mientras los estados debilitados destinan recursos crecientes a combatir organizaciones que erosionan su propia soberanía. Cada peso dedicado a seguridad se sustrae de educación, salud o vivienda, perpetuando la desigualdad que alimenta la violencia.

El narcotráfico también es una autopista financiera. Produce flujos multimillonarios que se mueven fuera de cualquier supervisión, con beneficiarios mucho más diversos que los grupos criminales latinoamericanos. Una red de operadores financieros, políticos y funcionarios estadunidenses obtiene ganancias que difícilmente podrían generarse en un mercado regulado. Ese dinero circula en paralelo al sistema fiscal y sostiene intereses que rara vez aparecen en el debate público.

A ello se suma la dimensión cultural. La demanda de drogas no es un fenómeno aislado: responde a un modelo económico que fomenta el agotamiento laboral y la evasión como válvula de escape. La propia Estrategia de Seguridad Nacional estadunidense reconoce que las batallas culturales son esenciales para mantener su hegemonía. En ese marco, la adicción funciona como síntoma y a la vez como parte funcional de un sistema que produce consumidores y legitimaciones para la intervención.

El resultado es un fenómeno que opera como herramienta de control, justificación política y mecanismo económico. La funcionalidad del narcotráfico dentro de la arquitectura de poder impulsada por Trump es demasiado evidente para considerarla accidental. Si este fenómeno no existiera, el aparato que lo explota tendría que fabricarlo para sostener la estructura geopolítica que hoy se despliega en el hemisferio.

La presión electoral guía la política exterior de Trump

El clima político en Estados Unidos ha entrado en una fase de máxima tensión. Tras intervenir en Venezuela y lanzar advertencias sobre Groenlandia y acciones armadas en México, Donald Trump ha acelerado un ciclo de decisiones que erosiona el orden internacional y revive viejas formas de dominación geopolítica. Organismos multilaterales como la ONU y la OTAN lucen incapaces de contener esta deriva, mientras Europa enfrenta la posibilidad de que una crisis en el Ártico fracture su principal alianza defensiva.

En este contexto surge la pregunta central: ¿quién puede frenar a Trump? La diplomacia ha logrado pequeños contenciones, como ocurrió con el presidente Petro en Colombia o con Claudia Sheinbaum en México, quien buscó desescalar tensiones destacando la cooperación bilateral. Pero la eficacia de los llamados diplomáticos disminuye cuando la política exterior de Washington se alinea con la lógica interna del trumpismo, cada vez más desconectada de los contrapesos tradicionales y orientada a demostrar poder antes que a administrar estabilidad.

Por ello, el verdadero freno podría provenir del interior del propio país. El próximo 3 de noviembre, Estados Unidos celebrará elecciones de medio término que funcionarán como un plebiscito nacional sobre el segundo mandato no consecutivo de Trump. Más que una renovación legislativa, será una decisión sobre el modelo de gobierno que el presidente intenta consolidar y sobre su capacidad de moldear la política exterior sin resistencias. El control del Congreso y de 39 gubernaturas definirá si Trump gobierna con margen para profundizar su agenda o si enfrenta un contrapeso institucional capaz de limitarlo.

El escenario interno es convulso. La aprobación presidencial está por debajo del cincuenta por ciento y el país se encuentra conmocionado por el asesinato de Renee Good en Mineápolis, una observadora civil muerta por un agente migratorio en un episodio que ha despertado paralelos con el caso Floyd y reactivado protestas. La respuesta oficial, lejos de apaciguar la indignación, ha alimentado una narrativa de impunidad que polariza aún más a la sociedad y se entrelaza con la campaña electoral. En paralelo, candidatos demócratas buscan capitalizar el clima de hartazgo, mientras el gerrymandering y la segregación política reducen la posibilidad de alternancia.

Los meses previos a la elección pueden convertirse en el periodo más riesgoso para la estabilidad global. Trump enfrenta incentivos claros para recurrir a decisiones de alto impacto con el fin de recuperar popularidad y apuntalar a sus candidatos: medidas migratorias drásticas, choques comerciales, escalamientos retóricos o acciones militares que proyecten control inmediato. El riesgo creciente es que la política interior de Estados Unidos se convierta en el motor principal de la inestabilidad internacional.

Morena retoma movilización interna ante presiones externas

La ofensiva verbal de Donald Trump reabrió un viejo reflejo dentro de Morena: la activación de su estructura territorial para marcar postura política y mostrar respaldo al Gobierno. Durante el fin de semana, el partido organizó más de 300 “Jornadas por la Soberanía” en todo el país, con el objetivo de reivindicar la autodeterminación nacional tras las advertencias del mandatario estadounidense sobre una posible operación contra cárteles en territorio mexicano.

El tono de los encuentros fue firme. Legisladores y dirigentes insistieron en que la amenaza proveniente de Washington no puede normalizarse y acusaron a la oposición de avalar, por omisión o entusiasmo, escenarios que comprometen la soberanía. La narrativa interna presentó tal respaldo a Trump como una forma de oportunismo político en un contexto de tensión internacional. No es la primera vez que Morena recurre a este tipo de asambleas. En años recientes, el partido las ha utilizado para defender reformas, promover consultas populares y consolidar su presencia territorial.

La estructura movilizada este fin de semana es la misma que en 2021 impulsó la consulta sobre el juicio a expresidentes y la revocación de mandato. También es la que en 2022 buscó apuntalar la reforma electoral y la que en 2024 promovió el cambio constitucional que modificó la integración del Poder Judicial. Más allá de su contenido coyuntural, estas movilizaciones funcionan como mecanismos de cohesión interna y de reafirmación identitaria en momentos de presión política.

El detonante actual fue la declaración del presidente Trump, quien afirmó en una entrevista que iniciará ataques terrestres contra cárteles sin precisar límites geográficos. La presidenta Claudia Sheinbaum respondió con cautela y firmeza. Tras una llamada con el mandatario estadounidense, informó que rechazó cualquier oferta que pudiera interpretarse como injerencia y subrayó que una intervención militar no es una posibilidad aceptable. Para el Gobierno mexicano, el equilibrio entre cooperación en seguridad y respeto soberano es la línea que debe sostenerse con claridad.

En ese marco, la activación de las bases de Morena busca enviar un mensaje político hacia fuera y hacia dentro: el partido oficialista considera que la presión externa exige unidad, prudencia y una defensa explícita de la soberanía, especialmente en un escenario hemisférico marcado por la reciente intervención estadounidense en Venezuela. Por ahora, la estrategia apunta a blindar políticamente a la presidenta y a reforzar la narrativa de que México no puede ser tratado como un territorio disponible para acciones unilaterales.

Trump reactiva la lógica imperial estadounidense

La operación que terminó con la captura de Nicolás Maduro volvió a colocar en el centro del debate una constante histórica que Estados Unidos jamás ha abandonado del todo: su impulso imperial en América Latina. Aunque en ocasiones su presidencia parece caótica, el segundo mandato de Donald Trump ha demostrado una fidelidad sorprendente a esa tradición. Al invocar explícitamente la Doctrina Monroe para justificar la intervención en Venezuela, el mandatario no solo habló claro sobre sus intenciones; también reactivó una lógica que ha guiado a Washington desde el siglo XIX.

Trump suele mentir con facilidad, pero a veces —y de manera estridente— dice la verdad. Cuando repite que lo único que le interesa de Venezuela es su petróleo, cuando anuncia sin ambages planes neoimperialistas o cuando amenazó con convertir a México y Canadá en estados de la Unión, no se trata de desvaríos improvisados. Su administración ha buscado deliberadamente reabrir los marcos ideológicos que legitimaron las intervenciones estadounidenses entre 1898 y 1933, periodo durante el cual la Doctrina Monroe evolucionó de mecanismo defensivo a justificación colonial.

La operación en Caracas, comparable solo con la captura de Manuel Noriega en 1989, marca un punto de inflexión. A diferencia de su gobierno anterior, más errático y reactivo, Trump ha logrado insertarse sin pudor en los patrones más clásicos del intervencionismo estadounidense. Su reciente Estrategia de Seguridad Nacional formaliza esta visión: un documento que declara la intención de “reafirmar y aplicar” la doctrina monroísta y que algunos analistas ya llaman el “Corolario Trump”. El presidente, siempre deseoso de sellar su marca, bautizó incluso su propia doctrina, la “Donroe”, que en esencia libera al imperialismo estadounidense de las limitaciones jurídicas y normativas de la posguerra.

El paralelismo con los presidentes William McKinley y Theodore Roosevelt es evidente. McKinley inauguró la expansión global de Estados Unidos tras derrotar a España; Roosevelt, con su famoso corolario, convirtió la intervención en el Caribe y Centroamérica en rutina. La amenaza reciente de extender la presión militar a Cuba confirma que Trump se inscribe en esa genealogía. Lejos de representar una ruptura, su administración actualiza una tradición centenaria de control hemisférico.

La narrativa que presenta a Trump como una anomalía —como un paréntesis fascistoide en la historia estadounidense— pierde fuerza a la luz de estos hechos. Lo que el episodio venezolano revela es que el magnate neoyorquino no opera fuera de la historia, sino desde su continuidad más cruda. Trump no inventó el intervencionismo: lo despojó de sus filtros diplomáticos y lo devolvió a su forma original, sin disimulos y sin pretensiones moralizantes.

El secuestro de Maduro exhibe, en suma, la verdadera naturaleza del trumpismo en política exterior. No es aislamiento ni excepcionalidad, sino una versión explícita, acelerada y orgullosa del viejo impulso imperial de Estados Unidos. Una doctrina personal que, al final, no es tan nueva: solo más honesta respecto a lo que siempre ha sido el poder estadounidense en la región.

Entre cooperación y advertencias, México marca límites

México cierra una semana marcada por esfuerzos diplomáticos intensificados para subrayar su soberanía ante un clima internacional alterado por las decisiones del Gobierno de Estados Unidos. La captura de Nicolás Maduro en un operativo dirigido desde Washington reactivó temores sobre posibles acciones unilaterales en otros países de la región, incluidos los escenarios que el propio presidente Donald Trump ha insinuado respecto a territorio mexicano. Pese a ello, integrantes del gabinete de Claudia Sheinbaum aseguran que la coordinación bilateral en seguridad ha avanzado y que los resultados obtenidos representan un argumento sólido para disuadir cualquier intento de intervención.

Sheinbaum ha insistido en público que la relación con Washington atraviesa uno de sus mejores momentos en materia de cooperación. Sin minimizar las declaraciones del presidente estadounidense, la mandataria busca encauzar el debate hacia los mecanismos institucionales que rigen la colaboración bilateral. Mientras Trump sostiene recurrentemente que los cárteles controlan México, el Gobierno mexicano intenta colocar sobre la mesa indicadores verificables de cooperación, operaciones conjuntas y extradiciones que, según sus funcionarios, han contribuido a contener la violencia y a reducir la presencia de redes criminales transnacionales.

Paralelamente, existe una estrategia silenciosa destinada a explicar en Washington las limitaciones constitucionales y operativas del Estado mexicano. Interlocutores de alto nivel se han desplegado para disuadir a funcionarios estadounidenses partidarios de “acciones directas” en territorio mexicano, recordando que cualquier respuesta debe ajustarse al marco jurídico y a la convivencia bilateral construida durante décadas. En este punto, México ha subrayado ejemplos recientes, como la neutralización y captura de los Inzunza en Sinaloa, prioridad para las agencias estadounidenses en la lucha contra el fentanilo.

La cooperación también ha generado beneficios concretos para ambos países. Casos recientes citados por funcionarios mexicanos muestran que operaciones atribuidas al FBI en realidad contaron con la participación central de fiscalías y agencias mexicanas, lo que refuerza el argumento de que la colaboración vigente produce resultados. A esto se suman las entregas de figuras relevantes del narcotráfico que, según fuentes federales, han tenido efectos inmediatos en la disminución de homicidios y extorsiones. La agenda futura incluye objetivos de alto perfil para ambos gobiernos, entre ellos líderes del Cártel Jalisco Nueva Generación y descendientes de Joaquín Guzmán Loera. En este escenario, México busca dejar claro que la estrategia de seguridad es binacional y que cualquier avance se construye desde la cooperación, no desde la imposición unilateral.

En homenaje a Béla Tarr

Para agregarle a la incertidumbre provocada por la locura y decadencia imperial hay que recibir la noticia de la muerte de uno de los grandes cineastas filósofos de nuestra época. Béla Tarr dirigió 18 películas en su vida, relativamente pocas para sus 70 años. Pero dentro de sus películas se encuentran varias que marcan una visión profunda, pero desencantada de la naturaleza humana. Varias de ellas fueron realizadas con base a novelas o guiones del recientemente laureado premio Nobel de literatura László Krasznahorkai.

Dos películas de este director sobresalen en mi memoria. La primera es El caballo de Turín (2011), que es un film basado en la célebre anécdota de Nietzsche en la cual, después de defender a un caballo que está siendo azotado, pierde la razón o la conexión con este mundo y es llevado a casa de su madre en la cual emite sus últimas palabras “Madre, soy un tonto”. La película parte de este momento en donde la mente de uno de los pensadores más incomprendidos e iconoclasta que hayan existido se pierde.

La película no especulará tanto sobre Nietzsche sino sobre la relación hombre y el animal. La entrada a de esta película es algo extraordinario, un prolongado travelingen donde vemos al supuesto caballo y su jinete y una vieja carroza atravesar un camino seco y polvoso. Pero la imagen, en blanco y negro, no parece estar tan interesada sobre el cochero sino sobre el caballo: su poderío, su sufrimiento, su estar atrapado y controlado por la violencia humana. Una escena en donde la imagen, el sonido y una música minimalista nos sumerge en un viaje sensible a la vez que reflexivo.

El punto de partida de la película que es la anécdota sobre Nietzsche es importante pues se plantea como una metáfora que se pregunta por las causas de la desconexión del mundo de un filósofo amante de la vida, el cuerpo y un profundo crítico del humanismo, el cristianismo y nuestra infundada fe en la razón nuestra superioridad sobre todo lo animal. ¿Ya no soportó más luchar contra ese mundo humano y decidió abandonarlo, por qué abrazar al animal que estaba siendo brutalmente golpeado, es una expresión de su dolor ante lo lejano que estamos de nuestras raíces vitales y una pregunta por la razón por la cual hemos desatado nuestra furia incontrolable sobre el mundo?

Béla Tarr parece seguir preguntándose algo similar a través de rastrear la vida de ese cochero que muestra su frustración por su vida humana reducida a una sobrevivencia sin sentido. ¿Es su vida vivible? La pérdida de la obediencia de su caballo implica la pérdida de su sustento económico. Es el inicio de una muerte que corre en paralelo a la destrucción de su medio ambiente. Un hombre y su escasa familia solo esperando el final, una muerte por inanición, sin poder moverse, solo esperando su caída y la del mundo a través de una única y pequeña ventana.

El resto de la película es sobre la lucha de ese cochero por sobrevivir, junto con su hija, en medio de una naturaleza hostil y la extrema pobreza. El caballo después de su llegada se niega a volver a salir de su establo. La vida de este cochero, que descubrimos es manco, está acompañada por su hija quien le viste y le desviste y prepara los alimentos que son exclusivamente papas cocidas. No hay pan, no hay vino, solo una casa y un hogar que calienta la casa y los alimentos. Afuera no hay más que un paisaje inhóspito que se refleja en un sonido constante del aire. Afuera no hay verdor, hay grisura y un pozo de agua que pronto se secará. Es una película prácticamente sin diálogos excepto por una visita que lleva aguardiente al cochero, la cual es enigmática y lúgubre:

“Bernhard (el visitante):¿Por qué no fuiste al pueblo? El viento lo arrasó todo.
Ohlsdorfer (el cochero): ¿Cómo es eso?
Bernhard: Se ha ido a la ruina.
Ohlsdorfer:¿Por qué se arruinaría?
Bernhard: Porque todo está en ruinas, todo está degradado, pero podría decir que Ellos arruinaron y degradaron todo. Porque no es este un tipo de cataclismo que viene con la así llamada ayuda humana inocente. Al contrario, es por el propio juicio del hombre, su propio juicio sobre su propio ser, en el cual, por supuesto, Dios tiene una mano, o, me atrevo a decir, participa. Y con independencia de su participación el hombre es la criatura más horrible que puedas imaginar. Porque, tú ves que el mundo ha sido envilecido.

Así que no importa lo que yo diga, porque todo ha sido degradado desde que Ellos lo han adquirido y a partir de que han adquirido todo, en una pelea engañosa y deshonesta, lo han envilecido todo. Porque todo lo que tocan, y todo lo tocan, lo degradan. Este era el camino hasta la victoria final, hasta el desenlace triunfal. Comprar, degradar, degradar, comprar. O puedo elegir otras palabras si lo deseas tocar, degradar y entonces, comprar, o tocar, comprar y, de ese modo, degradar.

Así ha sido por siglos. Y sigue, sigue y sigue. Esto y sólo esto, a veces con disimulo, a veces con dureza, a veces amablemente, a veces brutalmente, pero sigue y sigue.
Eso sí, solo de una forma, como ratas atacando en emboscada. Porque para su victoria incondicional ha sido esencial que los otros, pensaran que todo lo que es excelente, noble y sublime no debería participar en ningún tipo de lucha. No debería haber ningún tipo de forcejeos, sólo la repentina desaparición de una parte, es decir, la desaparición de todo lo excelente, noble y sublime.

Así que ahora, estos victoriosos campeones, que atacan de emboscada, gobiernan la tierra, y no hay ni el más mínimo rincón donde uno pueda esconder algo de ellos, porque se apropian de todo aquello en que puedan poner sus manos. Incluso cosas que pensamos que no pueden alcanzar -pero que si alcanzan- son también suyas, porque es suyo ya el cielo y todos nuestros sueños. Suyo es el momento, la naturaleza, el silencio eterno. Incluso la inmortalidad es suya, ¿entiendes?

¡Todo, todo está perdido para siempre! Y aquellos muchos nobles, excelentes y sublimes, sólo les tocó la suerte de estar en esa posición, por así decirlo. Les tocó esa posición, y tuvieron que comprender, y tuvieron que aceptar que no hay Dios ni dioses.

Y el excelente, el sublime y el noble tenía que entender y aceptar esto desde el principio. Pero, por supuesto, no fueron realmente capaces de comprenderlo. Lo creyeron y lo aceptaron, pero no lo comprendieron. Sólo permanecieron en su posición, perplejos pero no resignados, hasta que una chispa en sus cerebros, por fin, los iluminó.

Y de repente se dieron cuenta de que no hay Dios ni dioses. De repente, vieron que no hay bien ni mal. Luego vieron y comprendieron que si esto era así, entonces ¡ellos mismos tampoco existían! Ya ves, creo que este puede haber sido el momento en el que podemos decir que quedaron exhaustos y sin fuerzas. Exhaustos y sin fuerzas, como el fuego que dejó de arder en la pradera.

Uno era el eterno perdedor, el otro era el constante ganador. Derrota, victoria, derrota, victoria, y un día -aquí en esta vecindad- tuve que darme cuenta, y me di cuenta, que estaba equivocado, que estaba verdaderamente errado cuando pensaba que nunca ha habido y nunca podrá haber, algún tipo de cambio aquí en la tierra.
Porque, créeme, ahora lo sé, que ese cambio realmente ya se había producido.

Ohlsdorfer: ¡Déjalo ya! Eso son disparates.”

Otra película de Tarr también escrita por Krasznahorkai (un guión suyo basado en su novela “Melancolía de la resistencia”) es Armonías de Werckmeister (2000). El escenario es un pequeño y helado pueblo de Hungría al cual llega un extraño espectáculo cuya atracción principal es una ballena que se encuentra dentro de una caja de un tráiler y un personaje misterioso llamado “El príncipe”. Con una fotografía igualmente en blanco y negro rastrea a un personaje llamado János Valuska que es la vez ingenuo y una especie de poeta y soñador.

La escena de inicio es igualmente importante e imponente y marca el tono de esta película. Un bar donde los hombres se reúnen a beber hasta perder casi la conciencia y en donde János realiza una coreografía con estos hombres medio borrachos. Los hace representar al sistema solar con el sol en el centro y a la Tierra girando a su derredor y a la luna a su vez girando sobre ella:

János Valuska les dice a los hombres: “Eres el sol. El sol no se mueve, esto es lo que hace. Eres la Tierra. La Tierra está aquí para empezar, y luego gira alrededor del sol. Y ahora, tendremos una explicación sobre la inmortalidad que la gente sencilla como nosotros también puede entender. Solo te pido que me acompañes a la inmensidad, donde reinan la constancia, la quietud y la paz, el vacío infinito. E imagina que, en este infinito silencio sonoro, todo es una oscuridad impenetrable.”

Y continúa con una descripción libre de un eclipse solar hablando a la vez que moviendo los cuerpos de las personas haciéndolos girar sobre el sol y sobre sí mismos y concluye diciendo:

“[…] Y entonces… Silencio completo. Todo lo que vive está quieto. ¿Se marcharán las colinas? ¿Caerá el cielo sobre nosotros? ¿Se abrirá la Tierra bajo nuestros pies? No lo sabemos. No lo sabemos, pues nos ha sobrevenido un eclipse total… Pero… pero no hay por qué temer. Esto no ha terminado. Porque a través de la esfera brillante del sol, lentamente, la Luna se aleja. Y el sol vuelve a brotar, y a la Tierra lentamente vuelve la luz, y el calor la inunda de nuevo. Una profunda emoción los invade a todos. Han escapado del peso de la oscuridad.”

Este personaje liga a diferentes personajes y espacios del pueblo que es conmovido por la presencia extraña de ese gran cuerpo de ballena. Está viva o muerta no queda claro si es su presencia mítica la que resalta. La plaza principal está llena no solo de los locales sino de personas de otros pueblos cuyo número crece poco a poco lo cual provoca en los habitantes del pueblo no solo expectación sino animadversión ante los extraños que siguen el espectáculo.

El leviatán, la ballena como el monstruo perturbador sale del mar y se sitúa en medio de una sociedad que bien puede realizar una danza mágica sobre el universo y el sistema solar o devenir en violencia. Béla Tarr nuevamente reflexiona sobre lo humano su sociedad y se relación ambigua con lo extraordinario, aunque prevalece una visión oscura sobre este devenir en el que la violencia y la muerte hacen de lo humano un proyecto sin salida y sin felicidad o alegría como quería Spinoza.

La película también gira ante la figura de Andreas Werckmeister que fue un músico, organista y sobre todo teórico musical cuyas investigaciones principales fueron las armonías y famoso por sus “temperamentos” que es es un sistema de afinación. Un personaje que es cuidado y visitado por Janos es György Eszter que es también un músico y estudioso de la música que resulta ser un personaje líder dentro de la comunidad y que en una escena reflexiona sobre la armonía rota no solo en la música sino en el entramado humano.

Reflexiona Eszter: ” Aquí debemos reconocer que hubo épocas más afortunadas que la nuestra, las de Pitágoras y Aristóxenes, cuando nuestros antepasados ​​se conformaban con que sus instrumentos de afinación pura se tocaran solo en algunos tonos, porque no les atormentaban las dudas, pues sabían que las armonías celestiales eran dominio de los dioses. Más tarde, todo esto no fue suficiente; la arrogancia desquiciada quiso apoderarse de todas las armonías de los dioses.”

Esperemos que su muerte temprana lleve a que sus películas sean exhibidas y a crear una esperanza en públicos capaces de apreciar este tipo de cine cuyas referencias cercanas serían Andréi Tarkovski y Aleksandr Sokúrov.

Sin contrapesos, Washington prueba hasta dónde puede llegar

Las acciones recientes del Gobierno de Estados Unidos han marcado un cambio profundo en la forma en que Washington ejerce su influencia en el mundo. La operación que terminó con la captura de Nicolás Maduro, la presión sobre territorios como Groenlandia y las exigencias energéticas dirigidas a Venezuela evidencian una doctrina de poder más directa, menos condicionada por mecanismos multilaterales y cada vez más respaldada por recursos militares y económicos. El desafío para el resto del mundo es cómo responder ante un uso del poder que busca imponer reglas sin intermediación.

Trump está por cumplir un año de su segundo mandato. En ese periodo, prácticas que parecían impensables hace pocos años se han convertido en instrumentos habituales de política exterior. La lógica de America First ha evolucionado hacia una política de acción expansiva en la que los intereses estratégicos de Estados Unidos se equiparan a decisiones unilaterales con impacto global. Este giro plantea interrogantes sobre los límites de la influencia estadounidense en un contexto de instituciones internacionales debilitadas.

La operación en Venezuela mostró el alcance de esa nueva estrategia. Más allá de la disputa energética, la acción tuvo un fuerte contenido simbólico: demostrar que Washington puede actuar sin responder ante organismos internacionales y sin esperar consensos diplomáticos. La reacción global fue limitada. Solo un grupo reducido de países, entre ellos México y España, expresó su preocupación mediante un comunicado. La ausencia de una respuesta internacional más contundente deja a Estados Unidos en posición de avanzar sin contrapesos significativos.

El avance de esta política se explica, en parte, por la falta de articulación de otros actores globales. Las principales potencias económicas han preferido absorber los costos y evitar confrontaciones abiertas. China, la Unión Europea y Japón han optado por acuerdos parciales que amortiguan impactos comerciales pero no cuestionan la lógica de fondo. La falta de un bloque que marque límites genera incentivos para que Washington continúe expandiendo su margen de acción.

La presión sobre Groenlandia podría ser el siguiente punto de quiebre. Varios países europeos ya discuten mecanismos para responder a una eventual acción estadounidense. Las represalias comerciales sobre sectores estratégicos de la economía norteamericana podrían ser el primer intento serio de establecer límites. No será un proceso sencillo, pero Europa cuenta con herramientas para hacerlo si decide asumir los costos políticos y económicos de una confrontación diplomática sostenida.

Para México, la situación es especialmente delicada. La cercanía geográfica y la interdependencia económica amplifican el impacto de cualquier cambio en la política de Washington. La revisión del T-MEC, la cooperación en seguridad y la estabilidad fronteriza forman parte de una agenda que exige prudencia y precisión diplomática. En este escenario, México enfrenta la presión de un país con capacidad para moldear su entorno inmediato mientras el resto del mundo decide cómo reaccionar ante este nuevo tipo de liderazgo estadounidense.

Los próximos meses serán decisivos. Si Europa logra contener la presión sobre Groenlandia, podría sentar un precedente importante. Si no lo hace, la tendencia marcará un periodo en el que la capacidad de reacción internacional será clave para definir hasta dónde pueden llegar las acciones estadounidenses. En cualquier caso, la región deberá prepararse para una etapa de tensiones sostenidas en la que la diplomacia y la coordinación serán más necesarias que nunca.

México encara 2026 con frentes económicos abiertos

La economía mexicana inicia 2026 con un conjunto de retos que definirán su trayectoria en un año clave para la relación con Estados Unidos y para la estabilidad interna. El primero es la revisión del T-MEC, proceso que deberá resolverse hacia mediados de año y que mantiene en suspenso decisiones de inversión. La posibilidad de una renegociación parcial o incluso bilateral crea un ambiente incierto que pesa sobre los mercados y sobre la planeación de empresas nacionales y extranjeras.

El crecimiento económico continúa como uno de los mayores pendientes. Entre 2018 y 2024 el avance promedio fue de apenas 0.8 por ciento anual, lo que implicó un estancamiento del ingreso per cápita. Para 2025 se prevé un crecimiento menor a medio punto y, para 2026, las expectativas ya se ajustaron a cerca de 1.1 por ciento. Ese deterioro refleja una posible reducción en la tasa de crecimiento potencial del país y una inversión pública insuficiente, sumada a un ambiente de negocios más restrictivo. La preocupación es clara: México corre el riesgo de repetir una década perdida.

La creación de empleo formal será otro desafío relevante. El mercado laboral ya mostró señales de enfriamiento en 2025 y la perspectiva para 2026 es la generación de poco más de 300 mil puestos formales, lejos de las necesidades reales de una economía donde alrededor de 800 mil personas se incorporan cada año al mercado laboral. El registro reciente de trabajadores de plataformas digitales mejoró artificialmente las cifras, pero no implicó nuevos empleos.

En materia de inflación, aunque los precios regresaron al rango del Banco de México en 2025, varias presiones surgirán en 2026. El aumento de impuestos a productos específicos, la entrada en vigor de nuevos aranceles a bienes asiáticos y un efecto estadístico en la segunda mitad del año podrían empujar la inflación por encima del 4 por ciento. Bajo este escenario, es probable que el banco central mantenga una postura cautelosa y limite los recortes a la tasa de interés.

La combinación de estos factores obliga a replantear prioridades. Hasta ahora, México ha privilegiado la estabilidad macroeconómica. En 2026 será necesario encontrar un equilibrio entre estabilidad y crecimiento, de lo contrario el bajo dinamismo comenzará a reflejarse de forma más evidente en el bienestar social.