lun. Feb 16th, 2026

¿Tercera Guerra Mundial en puerta?

El bombardeo israelí contra Teherán no responde a un ataque previo de Irán, sino a una estrategia agresiva de distracción y control. Según Basallote Marín, Israel busca justificar la ofensiva como “preventiva”, pero en realidad se trata de una acción unilateral que rompe cualquier principio de proporcionalidad.

El ataque llega justo cuando Irán y Estados Unidos iniciaban una nueva ronda de negociaciones nucleares. Su interrupción no fue accidental: busca impedir cualquier acercamiento entre Washington y Teherán que reduzca la influencia regional de Israel. Netanyahu aprovecha el momento para mostrar fuerza externa y encubrir crisis internas.

Dentro de Israel, la ofensiva funciona como válvula de presión para mantener unidas las facciones más extremas del gobierno. Al complacer a sus aliados radicales, el primer ministro refuerza su posición política y dilata los procesos judiciales por corrupción que lo amenazan desde hace años.

Finalmente, el bombardeo sobre Irán desplazó del foco mediático el apagón total en Gaza. El uso calculado del conflicto externo no solo desvía la atención: también reafirma una narrativa de “autodefensa” que encubre la represión continua sobre el pueblo palestino. El costo real lo siguen pagando los inocentes.

Orel Morales: primer policía trans que llegó para desafiar estigmas

Orel Morales es el primer policía trans reconocido oficialmente en la CDMX. Tras su transición en 2023, continuó su labor en la Policía Bancaria e Industrial con apoyo institucional y respeto de sus colegas. Su caso representa una excepción en un entorno históricamente conservador, donde pocas personas LGBT+ logran visibilidad sin enfrentar represalias o discriminación directa.

Este hecho abre una discusión urgente: ¿qué tan preparadas están nuestras instituciones para incorporar identidades diversas sin depender del azar o la buena voluntad? La experiencia de Orel fue posible por coincidencias afortunadas, no por protocolos claros ni políticas sólidas. El respeto a su identidad fue una decisión individual, no una norma garantizada.

El reconocimiento a Orel, aunque valioso, corre el riesgo de convertirse en una anécdota si no se traduce en cambios estructurales. La inclusión no debe depender del heroísmo personal ni del contexto excepcional. Se requiere capacitación institucional, rutas seguras para la transición y mecanismos contra la discriminación.

Mientras tanto, Orel se convierte en símbolo involuntario de algo más profundo: la posibilidad de habitar espacios públicos desde la autenticidad. Su caso no solo inspira, también cuestiona: ¿cuántas historias similares no pudieron contarse? El reto ahora es que la suya no sea la única.

“Despacio el mundo”, la necesidad de lentitud y de tiempo para pensar…

“Un espíritu en calma lo oye todo, lo entiende todo”, es el fragmento de texto con el que Ramón Andrés comienza una reflexión que intenta conceder valor al ir despacio frente al imperio de la inmediatez, y con la que procura hacer tiempo para pensar el mundo mientras la realidad se transforma en un devenir mecánico con la misión de lo útil. Detenerse en la medida de lo posible para actuar y pensar, para intentar caminar por lugares no establecidos lejanos de toda obediencia capitalista, es lo que nos regala “Despacio el Mundo” con el afán de producir una especie de quietud que acoja el silencio y la posibilidad de descubrirnos a nosotros mismos.

Ramón Andrés, quién teje este texto a partir de un entramado pictórico-filosófico desde el cual recorre diferentes obras que conllevan como hilo conductor la figura del músico en un estado de contemplación, nos hace extensiva una invitación a vivir en lentitud con la finalidad de que la existencia no sea asaltada por la precipitación, para de esta forma propiciar el estar inmersos en un sosiego que tome distancia de un actuar ligado a un fin productivo, a la búsqueda de lo pragmático y el determinismo de Occidente. Podríamos decir que el libro está dedicado al gesto de afinar un instrumento, al detener –aunque sea sólo unos instantes– la inercia de una realidad asediada por la prisa y de acoger atmósferas que nos haga ser conscientes del mundo que nos rodea.

El detenernos y mirar, el pensar el entorno, implica ser partícipes del pulso que se establece entre lo fijo y lo móvil del devenir, entre lo efímero y lo inmutable que tarde o temprano implica una mudanza. Entre líneas de este texto podemos encontrar, una motivación a borrar la distancia que nos separa de las cosas y de los individuos, de nuestros pares que cada vez están más distantes por flujos algorítmicos que nos fragmentan y que extienden una soledad bastante pronunciada. Es necesario tomar una pausa para abrir fisuras en lo que parece asentado por esa especie de visión pragmática que jerarquiza el accionar, haciendo que el tiempo y el espacio respondan a un tipo de orden que le da un carácter objetivo a todo, inhibiendo lo lúdico y lo sensible.

A lo largo de las páginas y de sus distintos apartados, “Despacio Mundo” brinda reflexiones que parecen susurros al oído que nos hacen adentrarnos (entre muchos otros contextos) a esos hogares de la región de Flandes para contemplar la calidez de sus interiores, sus rincones y detalles, propiciando el detenernos a mirar y de esta manera formar parte de las tertulias en las que la música es la protagonista. A partir de diferentes lienzos barrocos que escenifican encuentros y en función de los relatos en los que Ramón Andrés nos hace partícipes, podemos darnos cuenta de esa rara virtud que tiene la música de ausentarse de las cronologías, siendo esta característica aquella que el autor retoma para mencionarnos que en la música nada envejece por más que el presente tenga sus dominios y sus absolutos, y que sus notas son la entrada en un territorio donde las horas son suspendidas. Y es en esta suspensión temporal, en esta pausa, en donde podemos entregarnos a un silencio tan poderoso que desmiente el afán de la mente moderna que se piensa hegemónica y en realidad es sólo opulenta.

Podríamos cuestionarnos a nosotros mismos ¿a dónde vamos tan deprisa?, ¿por qué no consentimos detenernos a la contemplación en medio del vaivén cotidiano? Ante esto, Ramón Andrés nos dirá que la realidad es una dueña exigente, que cuenta y cuenta el salario que nos paga por ir aprisa. De ahí que, se haga alusión a ese afán por la llegada de las vacaciones, mismas que responden a la necesidad de treguas. En todas las grandes ciudades del mundo, nos dice Nuccio Ordine que pareciera ser que el humano moderno es la persona apurada que no tiene tiempo y es prisionera de la necesidad, lo que conlleva ese tipo de mirada que fijamos en los objetivos a alcanzar que no permite ya entender la alegría de los pequeños gestos cotidianos. Por ello, el retomar ese ritmo lento al que hace hincapié Ramón Andrés, nos permite detenernos en las cosas que no necesariamente nos sirven para algo, que pecan de cualquier vínculo utilitarista pero que nos hacen crecer a través de enriquecer nuestro espíritu, lo cual nos aleja de convertirnos en máquinas sin alma.

Lo valioso de este libro, además de la lucidez con la que está escrito, es la impugnación y la revuelta que intenta propiciar ante aquellos que nos utilizan como combustible de sus máquinas y que nos hipnotizan por medio de un pragmatismo objetivo que ofrece éxito y siempre alberga una finalidad. De aquí que la decisión de vivir despacio, la convicción de buscar esa calma que se aleja del aceleracionismo del mundo capitalista, el mirar un árbol con pausa, el sentir esa brisa de la mañana que avista nuevos comienzos, esos ratos de ocio que conectan lo disperso, el recorrer con lentitud un parque o una calle, es –cómo dirá Ramón Andrés– rendirles tributo, es emprender una revuelta contra la prisa que nos saquea.

Por ello, la decisión de vivir despacio, el arrojo de oponerse a un mundo tratado a empujones, la convicción de la calma, es una ganancia y una posibilidad de agitar los pensamientos. Es importante recuperar la lentitud en los procesos de nuestra vida para reconquistar la atención y el pulso de lo cotidiano. Hay que buscar hacer una pausa en medio de la agitación del mundo, que sea independiente de la capacidad de producir ganancias inmediatas y beneficios prácticos.

Finalmente, dice Ramón Andrés que su libro tiene el olor de la vela que se terminaba de apagar al momento de escribir, esa trenza blanca de humo que impregna su habitación y el texto mismo. En este caso, este texto tiene el olor al café que me acompañó mientras reflexionaba sobre esa necesidad de lentitud y de tiempo que nos desliga de cualquier utilitarismo, y que nos permite pensar el mundo buscando ser más libres, más empáticos y más humanos.

Despacio el Mundo
Ramón Andrés
Barcelona: Acantilado, 2024.

Dos Andys, un solo reflejo

Andy Warhol supo convertir su figura en marca; Andy López Beltrán parece resistirse a ello, aunque termina fortaleciéndola desde la negación. Warhol era explícito en su vanidad; el Andy mexicano ensaya un bajo perfil mediático, pero su nombre resuena en círculos de poder. Ambos, desde su trinchera, entienden el valor de la percepción pública.

La confianza es capital en ambos casos. Warhol nunca se apartaba de su séquito creativo; López Beltrán actúa resguardado por un grupo leal, casi hermético. En ambos, el entorno construye su identidad: el primero como icono estético, el segundo como símbolo del poder heredado.

La narrativa de modestia también los conecta. Warhol fingía desinterés por el mercado mientras lo dominaba. López Beltrán rehúye la política pública, pero influye en decisiones clave. Esa dualidad –ausencia y presencia– es parte del juego: ser y no ser, hablar sin declarar, mandar sin figurar.

Finalmente, el anhelo de trascender los define. Warhol quería ser eterno; López Beltrán busca no ser sólo “el hijo de”. Mientras uno lo hizo desde el brillo plástico del arte, el otro lo intenta desde la penumbra del poder informal. Dos Andys, dos espejos: ambos reflejan los tiempos que los moldearon.

Cormac McCarthy el Escritor apocalíptico que nunca dejó de creer en un Dios derrotado quien sufrió hasta la ignominia

Por Pablo García Mejía

Cormac McCarthy (Providence, Rhode Island,1933-2023), murió a los 89 años. Falleció tranquilamente en su casa de Santa Fe, Nuevo México, Estados Unidos. Una muerte que muchos escritores hubieran querido obtener mientras la Parca se dejaba acariciar lánguidamente con el fin de distraer al triunfante ser; de esa manera realizaba su trabajo de zapa apretando el obscuro corazón que todo gran Escritor posee. Haciendo que la negra sangre invadiera todo su organismo.

Cormac McCarthy obtuvo una magnífica muerte: largamente apetecible. Muy diferente a la de sus personajes; sobre todo al de su doliente Padre y defensor de su pequeño hijo hasta las últimas consecuencias en su novela: The Road o en español: La Carretera. Una lectura que estimula a lo que queda del espíritu en el lector; pero que tiene efectos deprimentes y paralizantes hasta las lágrimas. Si uno no ha podido llorar o algo le impide llevarlo a cabo en el alma o en el organismo; no es necesario cortar con filoso cuchillo una gran cebolla. Solo hay que adentrarse en esta maravillosa novela y el espíritu comienza a flaquear, después el cuerpo lo reciente y tiembla sin control hasta que los sollozos fluyen sin control.

La Carretera transcurre en un futuro postapocalíptico donde no hay casi nada para comer y un niño de ocho años cuestiona a su padre:

El chico recostó la cabeza en el brazo del hombre. Al cabo de un rato dijo:

¿Van a matar a esas personas, ¿verdad?

¿Por qué tienen qué hacerlo?

No lo sé.

¿Se los van a comer?

Sí.

Y nosotros no podíamos ayudarlos porque nos habrían comido también.

Sí.

Y por eso no podíamos ayudarlos.

Sí.

Muchas veces uno como lector recibe, al leer de ciertos autores, un castigo con una gran dosis de saña. Un escarmiento por atreverse a entrar a ese universo inescrutable donde se gravita como un satélite enloquecido sobre lo bello y lo aterrador; sobre lo maravilloso y lo sublime. Pero, a fin de cuentas, al terminar la narración el lector es fecundado e inspirado para acabar arropado para la vida y la muerte.

Leer a Cormac McCarthy, es dejar de caminar por la vida como sonámbulos a la orilla de la tumba. Sus fuertes palabras nos hacen abrir los oídos y los ojos a ese magnífico espectáculo que es la existencia. Es flagrante que nos sentimos atraídos hacia lo abstruso del alma cuando nos ponen frente al espejo de la atracción como si fuese una ley de la influencia para llegar a lo intangible de la vida que nos posee.

Con este autor lo mejor es leerlo a sangre fría, tratando de apartar el corazón lo más lejos posible. Bueno, a fin de cuentas, es una recomendación banal porque eso jamás será posible, una vez que uno abre el libro y recorre sus primeras palabras, un perverso instinto fluye desde adentro hacia afuera del lector que atrapa inmediatamente al imán de la soledad, la belleza, la sabiduría y el encanto que jamás se pueden olvidar.

De pronto, hay un gozo profundo, un éxtasis cuando el lector descubre que él es también quien aporta sus sentimientos y sensaciones al texto y no solamente es quien recibe el regalo de la narración; de esa historia que está leyendo. Uno se baja de ese tren cargado de incertidumbre para encontrar el estupendo bosque lleno de vegetación desbordante donde los multiformes pensamientos vuelan alegres como hermosas mariposas.

Cormac McCarthy, un artista que nos ha hecho experimentar la vida hasta remover las ascuas de la inconsciencia. Haciéndonos sentir el intenso deleite de la lectura, aportando siempre un misterio que nunca retrocede; jamás nos muestra una sola cara, sino uno de los miles de rostros que perennemente nos sorprenden como un mago iluminado.

Cuando la vida de un Escritor se extingue, de súbito esa existencia cobra un trascendental interés para nosotros. Nos sentimos huérfanos. Con frecuencia su muerte nos permite ver que cuando estaba vivo: su vida y su obra eran la misma. Hubiéramos querido estar muy cerca de ese momento para restaurarlo con todos sus huesos y su carne. Pero no es posible. Así que solo nos queda reconocer que la influencia de su muerte es más potente que la de muchos que están vivos.

Por último, Cormac McCarthy vivió siempre entre la frontera de México y Estados Unidos donde ocurrieron la mayoría sus narraciones, de esa manera fue inevitable la influencia mexicana en sus escritos. También porque fue educado en la fe católica. Su última novela Estela Maris es la historia de una joven internada, por sí misma, en un centro psiquiátrico que trata de entender su propia vida. Alicia, con cuarenta mil dólares en su bolso y a punto de ser doctora en matemáticas, prefiere recluirse en ese nosocomio a fin de rebasar esa línea que divide a la cordura de la locura y encontrar la verdadera belleza en la demencia total.

Estela Maris, seguramente fue escogido como título por el autor católico porque es un canto: un himno de la gente del mar que pide la protección a la Estrella del Mar: la siempre Virgen María, solicitando con sus plegarias la ayuda de María Estrella esplendorosa de los mares. Acaso, ¿el viaje a la muerte es como un traslado por el venturoso mar y lo mejor es pedir la protección de la gran Madre para arribar a buen puerto?

Cormac McCarthy fue ganador del National Book Award por All the Pretty Horses (Todos los bonitos caballos), en 1992 y del Premio Pulitzer por The Road (La Carretera) en 2006.

El gobierno destina solo 10 pesos para áreas protegidas

A pesar del discurso ambientalista del actual gobierno, el presupuesto para conservar las Áreas Naturales Protegidas (ANP) alcanzará su punto más bajo en tres sexenios. En 2025, cada hectárea recibirá apenas 10.2 pesos, según la coalición NOSSA, lo que contrasta con la promesa de priorizar el medio ambiente.

Aunque el número de ANP aumentó de 174 a 232 en los últimos años, los recursos asignados han disminuido 81% desde 2006. La Conanp deberá atender más territorio con menos personal, menos herramientas y menos respaldo presupuestal que en sexenios anteriores.

Mientras programas como Sembrando Vida o los trenes turísticos reciben montos millonarios, la Semarnat operará con solo 3.6% del presupuesto destinado al cambio climático. Esta contradicción exhibe una política ambiental de discurso, no de ejecución.

Si el cuidado ambiental no se respalda con inversión pública, se convierte en promesa vacía. México enfrenta la crisis climática con recursos menguantes y prioridades desalineadas. ¿Cómo se protege la biodiversidad con diez pesos por hectárea?

Un mundo fracturado y la alternativa de una vida sencilla de Win Wenders

En el transcurso del siglo XIX aparecen las tecnologías de gramatización de la percepción audio-visual y, a partir de ello, serán los flujos de los órganos de los sentidos los que se encuentren discretizados. En lo sucesivo, todas las funciones noéticas, psicomotrices y estéticas se verán transformadas por el proceso de gramatización.

Bernard Stiegler, Para una nueva crítica de la economía política.

La obsesión humana, y tal vez llevada al extremo por la llamada cultura occidental (cultura europea), es la de fijar al mundo que inevitablemente percibimos como lleno de cambios y transformaciones. Esto lo hemos buscado ya sea tomándole la “foto” en la pintura, escultura y obviamente la foto, pero sobre todo a través del texto y las palabras. Pero la paradoja es que tanto en su forma hablada-sonora como en la escrita-sígnica “captar” el mundo implica también meterla en un flujo. La imagen congela y, por tanto, busca el no-tiempo, la simultaneidad perceptiva, captar una totalidad por medio de un fragmento.

El lenguaje escrito y hablado, en cambio, no puede congelar el mundo fuera del tiempo, sino que lo fija fragmentándolo en el tiempo. El mundo fijo-fragmentado fluyendo en las palabras a través del tiempo. Pero ¿qué es lo que queremos captar como conocimiento, como la verdad del mundo, qué es esa cosa fija que deseamos encontrar sin descanso? Es una esencia, un primer movimiento, una causa primera que nos permita controlar el futuro, un instante esencial que explique y defina a todos los seres, incluso a nuestro “yo” y al mismísimo tiempo. Este fantasma lo buscamos en el arte, en la perfecta organización social, en la ciencia por medio de las ecuaciones que expliquen a las fuerzas, la materia y el universo. Sin embargo, el mundo se nos continúa escapando de nuestros sistemas de representación.

Esta estructura fundacional de nuestra manera de conocer el mundo y a nosotros mismos ha marcado nuestra experiencia del mundo y de ahí se ha derivado otra obsesión human, su tecnología que como bien nos lo visualiza Kubrick empieza con nuestras herramientas que pueden servir para muchas cosas positivas o convertirse en armas. El desarrollo tecnológico, en manos de unas nuevas clases gobernantes surgidas bajo este diseño cultural, ha buscado aumentar sin cesar la productividad y la eficiencia, desde más textiles hasta más ciclos de cálculo por segundo de nuestros CPU y GPU.

Y como cultura derivada del texto y de su correlato tecnológico, seguimos queriendo atrapar la realidad fragmentándola. Nuestra última versión es las redes sociales y las inteligencias artificiales, ambas reconstruyendo-destruyendo nuestras subjetividades y a nuestras sociedades. Flujos inconexos de imágenes y textos inundan nuestras horas de “ocio” y a través de flujos humanizados de información producida por cálculos llamados inteligencia artificial nos eliminan rápidamente nuestra capacidad de pensar críticamente.

Por ello la película de Win Wenders Días perfectos de 2023 es realmente extraordinaria, pues nos sugiere recuperar nuestro mundo y nuestro ser a través del viejo dicho de “menos es más” atribuido al arquitecto Mies van der Rohe, pero es rastreable en la tradición budista y taoísta o en el filósofo griego Séneca que decía “No es el hombre que tiene poco, sino el que desea más, el que es pobre”. Este director no solo propone escapar al consumismo y a la presión social que ello implica, sino que es una vía personal y política de darle sentido a nuestra vida. El sentido (que el capitalismo da a meses con intereses y con fecha de caducidad) está en recuperar nuestra sensibilidad al volver a ver el mundo cotidiano, a la naturaleza que se esconde en la ciudad, en la realización minuciosa de un trabajo simple, en darnos tiempo para sentir y pensar. No es una película en la que veríamos al león nietzscheano diciendo ¡no!! y enojándose contra todo. Es una película sobre el filósofo-artista-niño que construye su propio sentido a través de la risa y el canto, que produce un optimismo absolutamente infundado y por ello tan vital. La vida-naturaleza, dice Chico Buarque, no tiene sentido ni nuca tendrá: hay que construirlo a pesar de todo. Y ese sentido nos puede recuperar la unidad dionisiaca de nuestro ser y el mundo.

Los límites históricos y humanos del ideal democrático

Antecedentes históricos de los fracasos de la democracia

La democracia, como sistema de gobierno donde el poder reside en el pueblo o en sus representantes electos, se ha experimentado en diversas formas a lo largo de la historia, desde la antigua Atenas hasta los Estados-nación modernos. Si bien a menudo se ha celebrado como un medio para promover la equidad y la representación, su historial revela fallos recurrentes que minan su eficacia.

Un primer ejemplo, la democracia ateniense, a menudo citada como la cuna de la gobernanza democrática, permitía a los ciudadanos participar directamente en la toma de decisiones. Sin embargo, su alcance era limitado: solo los ciudadanos varones libres podían participar, excluyendo a las mujeres, los esclavos y los extranjeros, que constituían la mayoría de la población. Esta exclusividad condujo a una gobernanza que priorizaba los intereses de una élite limitada. El sistema también era propenso a la demagogia, como se vio en el caso de Alcibíades, cuya retórica populista condujo a Atenas a desastrosas aventuras militares como la Expedición a Sicilia (415-413 BCE). El modelo ateniense se derrumbó bajo presiones externas (p. ej., la Guerra del Peloponeso) y la inestabilidad interna, con frecuentes cambios hacia la oligarquía, como el gobierno de los Treinta Tiranos en el 404 BCE.

Posteriormente, la República Romana combinó elementos democráticos con control aristocrático, con instituciones como el Senado y las asambleas populares. Sin embargo, el poder se concentraba en las familias patricias y la corrupción era rampante, como se vio en el sistema clientelar y el soborno generalizado en las elecciones. Los mecanismos democráticos de la república no lograron abordar la desigualdad económica, lo que condujo a levantamientos populistas (p. ej., los hermanos Gracos) y guerras civiles. La concentración de poder en figuras como Julio César y el eventual ascenso de Augusto como emperador marcaron el colapso de la república, poniendo de relieve cómo las instituciones democráticas pueden erosionarse bajo un liderazgo carismático y la disparidad socioeconómica.

En la edad moderna, la Mancomunidad Inglesa (1649-1660), bajo el liderazgo de Oliver Cromwell, intentó un gobierno republicano tras la ejecución de Carlos I. Sin embargo, el faccionalismo, el extremismo religioso y la asunción de poderes dictatoriales por parte de Cromwell como Lord Protector revelaron la fragilidad de los ideales democráticos ante la división ideológica y los vacíos de poder. De igual manera, la Revolución Francesa (1789-1799) pretendió establecer principios democráticos, pero desembocó en el Reinado del Terror, donde el gobierno de las turbas y facciones radicales como los jacobinos socavaron la estabilidad, allanando el camino para el régimen autoritario de Napoleón.

En los siglos XX y XXI, las democracias liberales se han enfrentado a desafíos que exponen sus vulnerabilidades. La República de Weimar (1919-1933) en Alemania es un excelente ejemplo, donde la inestabilidad económica, la hiperinflación y la polarización política propiciaron el ascenso de Adolf Hitler mediante elecciones democráticas. De igual manera, las democracias contemporáneas a menudo se enfrentan a la apatía electoral, la desinformación y la polarización. Por ejemplo, estudios indican que la participación electoral en las principales democracias, como Estados Unidos, ha rondado con frecuencia por debajo del 60% en las elecciones presidenciales, lo que refleja una falta de compromiso. Los movimientos populistas en diversos países, impulsados ​​por la desigualdad económica y la desconfianza en las instituciones, han tensado aún más los sistemas democráticos, lo que en ocasiones ha provocado retrocesos autoritarios, como se vio en casos como el de Hungría bajo el gobierno de Viktor Orbán.

Históricamente, la democracia se ha tambaleado debido a varios factores incluyendo estructuras excluyentes que limitan la participación ciudadana (p. ej. Atenas, las primeras repúblicas) agraviando a grandes grupos, socavando la legitimidad.

También podemos afirmar que la democracia es susceptible a la manipulación. Los demagogos y populistas explotan los mecanismos democráticos para alcanzar el poder. Las crisis económicas o sociales a menudo erosionan las normas democráticas en favor del autoritarismo. Y finalmente las divisiones impiden el consenso, lo que lleva a la parálisis o al colapso.

La psicología humana presenta importantes barreras para una gobernanza eficaz, especialmente en sistemas democráticos que se basan en la toma de decisiones colectiva y la rendición de cuentas del liderazgo. Varios atributos contribuyen a estos desafíos, el egoísmo, la tendencia a priorizar el interés propio sobre el bienestar colectivo, socava la gobernanza. Los líderes impulsados ​​por el egoísmo pueden buscar el beneficio personal o el poder a expensas del bien común. Por ejemplo, los escándalos políticos relacionados con la corrupción (p. ej., el escándalo Watergate de la década de 1970) ilustran cómo los motivos egoístas pueden erosionar la confianza en la gobernanza. Los votantes también pueden priorizar intereses personales o tribales, apoyando políticas o candidatos que los benefician directamente en lugar de a la sociedad en general.

Los seres humanos somos propensos a sesgos como el sesgo de confirmación, donde las personas buscan información que se alinee con creencias preexistentes, y el pensamiento colectivo, que reprime la disidencia en la toma de decisiones colectiva. Estos sesgos dificultan la formulación racional de políticas. Por ejemplo, la guerra de Irak de 2003, apoyada por gobiernos democráticos, se debió en parte a evaluaciones de inteligencia sesgadas y al pensamiento colectivo, lo que condujo a resultados catastróficos.

Los seres humanos usualmente preferimos las recompensas inmediatas sobre la estabilidad a largo plazo, una tendencia que se exacerba en las democracias donde los ciclos electorales incentivan el populismo a corto plazo. Los políticos pueden favorecer políticas que producen resultados rápidos (por ejemplo, recortes de impuestos) en lugar de abordar problemas sistémicos como el cambio climático, que requiere un esfuerzo sostenido. Estudios psicológicos, como los de Daniel Kahneman, destacan cómo los seres humanos desestiman los riesgos futuros, una característica que dificulta una gobernanza eficaz.

La toma de decisiones emocional, impulsada por el miedo, la ira o el tribalismo, puede desestabilizar los procesos democráticos. En el referéndum del Brexit (2016) fuertemente manipulado por una campaña en redes sociales, las apelaciones emocionales al nacionalismo eclipsaron los argumentos económicos, lo que condujo a un resultado profundamente divisivo. La investigación psicológica sobre la toma de decisiones afectiva muestra que las emociones a menudo prevalecen sobre la deliberación racional, especialmente en situaciones de estrés o incertidumbre.

Muchas personas, incluidos los líderes, carecen de la autoconciencia necesaria para reconocer sus limitaciones o sesgos. Esto puede llevar a un exceso de confianza en la toma de decisiones, como se observa en ejemplos históricos como la política de apaciguamiento de Neville Chamberlain antes de la Segunda Guerra Mundial, que subestimó las ambiciones de Hitler. Estudios psicológicos sugieren que la autoconciencia es fundamental para el liderazgo, pero a menudo es deficiente en puestos de alto riesgo.

Estos atributos —egoísmo, sesgos cognitivos, pensamiento cortoplacista, reactividad emocional y falta de autoconciencia— crean un entorno de gobernanza donde la toma de decisiones racional, altruista y a largo plazo resulta difícil, especialmente en democracias que amplifican las deficiencias humanas mediante la participación masiva.

Filosóficamente, la democracia se basa en premisas que, si bien atractivas, presentan deficiencias al ser analizadas, lo que la convierte en un ideal impracticable en muchos contextos. A continuación, se presentan argumentos filosóficos clave que critican los supuestos fundamentales de la democracia:

Premisa 1: La competencia de las masas

La democracia asume que el juicio colectivo de las masas conduce a una gobernanza sólida. Sin embargo, pensadores como Platón, en La República, argumentaron que la mayoría de las personas carecen del conocimiento o la virtud necesarios para gobernar eficazmente. La alegoría platónica del barco, donde una tripulación inexperta (las masas) anula las órdenes de un capitán hábil (un líder competente), ilustra cómo la toma de decisiones democrática puede priorizar la popularidad sobre la experiencia. La evidencia moderna, como el papel de la desinformación en las elecciones (p. ej., las elecciones estadounidenses de 2016), respalda esta crítica, ya que los votantes a menudo carecen del tiempo, la experiencia o el acceso a información precisa para tomar decisiones informadas.

Premisa 2: Igualdad de voz

La democracia postula que todos los ciudadanos deben tener la misma voz, pero esto ignora las disparidades en influencia, riqueza y acceso a la información. Filósofos como John Stuart Mill, si bien defendía la democracia, reconoció en Sobre la libertad que la desigualdad en educación y condiciones socioeconómicas distorsiona la participación igualitaria. En la práctica, los grupos más ricos o los conglomerados mediáticos influyen desproporcionadamente en la opinión pública, socavando el ideal igualitario. Esto crea un sistema donde la “igualdad” es nominal en lugar de sustancial.

Premisa 3: Deliberación Racional

La democracia asume que la deliberación pública conduce a resultados racionales. Sin embargo, el concepto de “esfera pública” de Jürgen Habermas destaca cómo la deliberación a menudo se ve corrompida por las dinámicas de poder, la manipulación mediática y las apelaciones emocionales. El auge de las redes sociales ha exacerbado este problema, creando cámaras de resonancia que fragmentan el discurso racional. Filosóficamente, la dependencia de la democracia del consenso racional se ve socavada por la irracionalidad humana y las influencias externas.

Premisa 4: Estabilidad a través del consenso

La democracia asume que el consenso o la regla de la mayoría fomenta la estabilidad. Sin embargo, Jean-Jacques Rousseau, en El contrato social, señaló que la “voluntad general” es difícil de discernir y a menudo manipulada por facciones. Cuando el consenso se rompe, como en las sociedades polarizadas, la democracia puede conducir a la parálisis o al autoritarismo como reacción. La crítica de Friedrich Nietzsche a la mentalidad de rebaño sugiere además que las mayorías democráticas pueden conformarse con la mediocridad en lugar de buscar la excelencia, lo que debilita la gobernanza.

Premisa 5: Virtud moral de la mayoría

La democracia asume que la voluntad de la mayoría refleja la gobernanza moral o ética. Sin embargo, Alexis de Tocqueville, en La democracia en América, advirtió sobre la “tiranía de la mayoría”, donde la opinión popular puede oprimir a las minorías o reprimir la disidencia. Ejemplos históricos, como el internamiento de los estadounidenses de origen japonés durante la Segunda Guerra Mundial, demuestran cómo las mayorías democráticas pueden respaldar políticas moralmente reprobables.

El atractivo de la democracia reside en su promesa de equidad, participación y rendición de cuentas, pero sus premisas —masas competentes, voz igualitaria, deliberación racional, consenso estable y virtud moral— presentan deficiencias filosóficas porque entran en conflicto con la naturaleza humana y las realidades sociales. Filósofos como Thomas Hobbes, quien en Leviatán defendía una autoridad centralizada fuerte, argumentaron que los seres humanos necesitan un gobierno firme para frenar sus tendencias egoístas y caóticas. El idealismo de la democracia, si bien noble, ignora la complejidad de la psicología humana y las desigualdades estructurales que distorsionan su aplicación, haciéndola impráctica en muchos contextos.

Los fracasos históricos de la democracia, desde Atenas hasta los estados modernos, revelan su susceptibilidad a la exclusión, la manipulación y la inestabilidad. Atributos psicológicos como el egoísmo, los sesgos y el pensamiento cortoplacista obstaculizan una gobernanza eficaz, mientras que las críticas filosóficas exponen los supuestos erróneos de la democracia sobre la competencia humana, la igualdad y la racionalidad. Si bien la democracia sigue siendo un ideal convincente, sus limitaciones prácticas sugieren la necesidad de mecanismos complementarios (como controles a la regla de la mayoría, educación para contrarrestar la desinformación o sistemas híbridos) para abordar sus debilidades inherentes.

No me crea a mi, analice lo arriba descrito en el contexto de los últimos 50 años de democracia en México y pregúntese, ¿De verdad cree que la democracia funciona?

México retira la demanda contra socios de García Luna

La decisión del gobierno federal de retirar temporalmente la demanda civil contra los socios de Genaro García Luna en Florida revela un cambio de estrategia orientado más a la negociación que al litigio frontal. Aunque la UIF asegura que esto no compromete otras acciones judiciales, el mensaje es ambiguo en términos de voluntad política para agotar el castigo institucional.

El argumento de que se trata de un “retiro sin perjuicio” abre una ventana para reactivar el juicio si el acuerdo no prospera, no obstante, este enfoque deja abierta la posibilidad de un pacto con implicados clave en una de las redes de corrupción más escandalosas del sexenio calderonista, en un contexto donde la legitimidad judicial sigue siendo frágil.

Resulta particularmente significativo que la Segob y la UIF opten por el diálogo justo cuando la narrativa oficial se centra en el combate a la impunidad; mientras se promueve la elección judicial como un parteaguas democrático, el Estado mexicano recurre a arreglos extrajudiciales en casos emblemáticos.

Si el caso García Luna simboliza la colusión entre Estado y crimen, cualquier concesión debe ser exhaustivamente justificada, el retiro de la demanda podría ser pragmático en términos de recuperación patrimonial, pero plantea interrogantes sobre la justicia sustantiva. De lo contrario, se corre el riesgo de minar la credibilidad institucional justo cuando más se necesita fortalecerla.

Gobierno federal mantiene IEPS completo en combustibles

Por séptima semana consecutiva, el gobierno federal dejó sin estímulos fiscales a las gasolinas y el diésel. Esta decisión ocurre en un contexto de baja en los precios internacionales del crudo, lo que reduce la necesidad de amortiguar alzas internas. Sin embargo, el retiro de apoyos implica que los consumidores pagarán el IEPS completo por litro.

Del 3 al 9 de mayo, la gasolina Magna pagará 6.45 pesos de IEPS, la Premium 5.45 y el diésel 7.09 pesos. Aunque los precios al público se han mantenido estables, el aumento de los impuestos directos reduce el margen económico de miles de hogares que dependen del automóvil para trabajar o desplazarse.

El ajuste ocurre mientras la OPEP+ decide incrementar su producción, provocando una baja sostenida en los precios del petróleo. Esto explica por qué Hacienda retira el subsidio, pero no toma en cuenta los efectos acumulativos en los bolsillos de los consumidores ni el alza general en el costo de vida.

Resulta necesario repensar esta política fiscal. Si bien responde a indicadores internacionales, también debería considerar el impacto interno en un entorno económico aún frágil. La estabilidad macroeconómica no debe construirse a costa de cargar más a quienes menos pueden absorberlo.