La revisión agrícola del T-MEC vuelve a colocar en el centro la dependencia alimentaria de México frente a Estados Unidos. Aunque el país mantiene un superávit agroexportador, buena parte de sus importaciones desde el mercado estadounidense corresponde a productos esenciales para la alimentación, principalmente granos básicos y carne.
El modelo agroexportador mexicano muestra una paradoja estructural: México vende al exterior productos de alto valor comercial como cerveza, tequila, aguacate, berries, jitomate y pimiento, pero importa insumos básicos como maíz y otros alimentos estratégicos. Esto fortalece a grandes empresas trasnacionales instaladas en territorio mexicano, mientras productores nacionales de granos enfrentan condiciones desiguales.
La negociación también exhibe una diferencia de representación. En Estados Unidos, organizaciones agrícolas presionan para mantener el acceso preferencial al mercado mexicano, mientras en México el llamado “cuarto de junto” está dominado por el sector empresarial agroindustrial. Las organizaciones campesinas y pequeños productores reclaman quedar fuera de una discusión que afecta directamente su futuro.
El punto más sensible será la demanda de excluir granos básicos del T-MEC. Para los movimientos del campo, mantenerlos dentro del tratado profundiza la dependencia alimentaria y beneficia a corporaciones extranjeras. Para los agroexportadores, en cambio, preservar el acuerdo garantiza acceso a mercados y continuidad del modelo vigente.
