El presidente ecuatoriano Daniel Noboa enfrenta un deterioro acelerado de su respaldo ciudadano a un año de iniciar formalmente su mandato, en medio de cuestionamientos por inseguridad, crisis económica y falta de resultados tangibles. De acuerdo con la encuesta de mayo del CIEES, su aprobación cayó a 26%, mientras la confianza en su gestión se ubicó en 23%.
El desgaste responde principalmente a la brecha entre el discurso oficial de seguridad y los resultados en las calles. La estrategia de estados de excepción, toques de queda y militarización no ha logrado contener la violencia, mientras Ecuador acumula dos de los años más violentos de su historia reciente. A ello se suma el impacto económico de decisiones como el aumento del IVA, la eliminación de subsidios y el alza de combustibles.
La caída también refleja el costo político de promesas incumplidas. Noboa llegó al poder con una imagen de renovación y eficiencia, pero la población enfrenta apagones, encarecimiento de servicios y menor poder adquisitivo. Analistas consideran que la influencia del FMI en la política económica ha profundizado la percepción de desconexión entre el gobierno y las necesidades sociales.
El próximo termómetro será la elección seccional prevista para noviembre, donde se elegirán 5.749 autoridades locales. Un mal resultado podría limitar el margen de maniobra del presidente y confirmar que la pérdida de popularidad dejó de ser coyuntural para convertirse en una tendencia estructural.
