La reaparición del gusano barrenador, Cochliomyia hominivorax, ha reactivado una alerta sanitaria con implicaciones económicas profundas. La suspensión de importaciones de ganado mexicano por parte de Estados Unidos, vigente desde 2025, representa un golpe directo a uno de los sectores más dinámicos del comercio bilateral. Más allá del impacto inmediato, el avance del parásito hacia el norte del país revela debilidades estructurales en los controles sanitarios y en la vigilancia del movimiento de animales.
Las pérdidas estimadas superan los mil millones de dólares en exportaciones, afectando no solo a grandes productores, sino a miles de empleos vinculados a la cadena ganadera. Los costos veterinarios, las mortalidades en rebaños y la presión sobre los precios internos de la carne amplifican el problema. A ello se suma el riesgo sanitario: el gusano barrenador no solo afecta al ganado, también puede infectar a humanos, lo que convierte la crisis en un asunto de salud pública regional.
Las autoridades mexicanas han anunciado el fortalecimiento de la liberación de moscas estériles y revisiones técnicas conjuntas con Estados Unidos. El antecedente histórico demuestra que la erradicación es posible, pero exige coordinación binacional sostenida, transparencia en la información epidemiológica y controles estrictos contra el contrabando de ganado. Sin una estrategia integral, los cierres fronterizos podrían prolongarse y erosionar la competitividad del sector.
El desafío trasciende lo comercial. La contención del gusano barrenador obliga a replantear la resiliencia sanitaria del campo mexicano y la cooperación científica entre ambos países. La pregunta central no es solo cuándo se reabrirá la frontera, sino si se aprovechará esta crisis para fortalecer de manera permanente los sistemas de prevención y respuesta. En ello se juega la estabilidad económica y sanitaria de la región.
