Noah Lyles, actual referente del atletismo, ha construido una carrera marcada por la superación personal. De niño convivió con asma, dislexia y TDAH, pero encontró en las pistas la manera de transformar esas barreras en impulso. Con el apoyo de su familia y de docentes que lo alentaron a confiar en sí mismo, forjó la resiliencia que hoy lo distingue.
A sus 28 años, acumula títulos mundiales y un oro olímpico en los 100 metros, además de haber roto el récord estadounidense en los 200. En el Mundial de Tokio 2025, volvió a mostrarse competitivo: bronce en los 100 y la mejor marca mundial del año en 200 metros. Su vigencia lo mantiene en la élite pese a la presión de jóvenes velocistas.
La historia de Lyles trasciende lo deportivo. Su carisma, su fe y su lucha contra la depresión lo convirtieron en un símbolo para millones. Más allá de los récords, su mayor victoria es haber demostrado que los diagnósticos no determinan el destino. Noah Lyles corre contra rivales, pero sobre todo contra sus propios límites, y cada zancada lo acerca más a un legado eterno.
