Claudia Sheinbaum inicia su segundo año de gobierno con sello propio y un margen político que la aleja de las sombras de su antecesor. Con la reforma judicial ya resuelta y el acuerdo en seguridad con Estados Unidos, la mandataria presentó su primer informe con cifras que apuntalan su autonomía, destacando una caída del 25% en homicidios y el lanzamiento de sus primeros presupuestos.
El viraje más evidente está en la estrategia de seguridad. Mientras Andrés Manuel López Obrador priorizó los “abrazos y no balazos”, Sheinbaum apuesta por la inteligencia, la investigación y el despliegue militar estratégico con la Guardia Nacional bajo el mando de la Sedena. En paralelo, mantiene y expande los programas sociales, presentados como el plan más ambicioso en la historia del país.
Con popularidad de 79%, incluso mayor que la de AMLO en su primer año, Sheinbaum avanza en la construcción de un liderazgo autónomo. La incógnita es si la reducción de homicidios y la inversión social lograrán consolidarse como ejes duraderos o si enfrentarán los mismos límites que marcaron a su predecesor.
