En otras palabras, Alexa nos entrena para entrenarla mejor. El siguiente paso es más inquietante: tras impresionarnos con su capacidad para satisfacer nuestros gustos, procede a seleccionarlos. Esto lo hace exponiéndonos a imágenes, textos y vídeos que selecciona para condicionar sutilmente nuestros caprichos. En poco tiempo, nos está entrenando para entrenarla, para entrenarla, para entrenarla, para entrenarla… hasta el infinito.
Este bucle infinito, o regresión, permite a Alexa, y a la gran red algorítmica que se esconde en la nube, guiar nuestro comportamiento de maneras sumamente lucrativas para su propietario: al haber automatizado el poder de Alexa para fabricar, o al menos seleccionar, nuestros deseos, les otorga una varita mágica con la que modificar nuestro comportamiento, un poder con el que todo profesional del marketing ha soñado desde tiempos inmemoriales. Esta es la esencia del capital de control algorítmico basado en la nube.
Yanis Varofaukis, Tecno-Feudalismo
El poder, ahora capitalista y de grandes corporaciones, no se conforma en el reparto de lo sensible, en su control y su moldeo, sino también ha sumado a este campo a su máquina productivista y por tanto generador de ganancias. Ya no es sólo control y sumisión es poner a trabajar horas extra a nuestro cuerpo en especial a nuestra parte sensible primaria.
En esta explotación y productividad sensible sobresale lo parte visual y la táctil. Uno puede vivir en el mundo digital sin sonido, pero no sin imágenes “tocables”. La interfase gráfica de usuario que es la que ha permitido expandir el espacio informático de los especialistas computacionales al público en general.
Del MSDOS, UNIX a la interfase gráfica de Xerox. que Apple copiará. a la de Microsoft que copiará (burdamente) a la de Apple. De ahí proviene la expansión de las computadoras a los escritorios y a la portabilidad (obviamente con sus paralelos avances en el hardware y la conectividad). Pero el salto que define nuestra época es el salto de teléfonos normales a los “inteligentes”.
Sin embargo, esto no habría sido tan exitoso y veloz si no fuera por el traslado de la interfase gráfica de las computadoras al mini espacio de pantalla del celular. Si bien esto lo logra tanto Google-Android como Apple, la interfase de esta última conjuntada con su conectividad no solo a la red celular, sino a las redes de Wi-Fi logran dar el salto a la masificación de este nuevo aparato y del cual parece depender nuestra vida cotidiana y laboral (igual en paralelo con avances en la miniaturización del hardware).
Pero esta dependencia tecnológica es una irrupción profunda en nuestra corporalidad, inconsciente incluido. Un nuevo mundo visual nació y con él nació una nueva estética. Esta nueva estética no está en manos de artistas trabajando para el poderoso en turno, sino los poderosos en turno diseñando la nueva sensibilidad tecnológica cuyo último fin es comprar, educar ideológicamente y ahora producir para el sistema. ¿Qué producimos? Producimos imágenes y textos que dan “contenido” a servicios “gratuitos”.
Imágenes-sistema que reproducen los modelos de subjetividad y sociedad fragmentada capitalista, producen la “nueva discusión política” igualmente fragmentada, dispersa y sin capacidad de producir acciones sociales.
La nueva política es producida por los sujetos fragmentados pero mediada, filtrada y distribuida por los dueños de la tecnología digital. ¿Quiénes ganan hoy las elecciones? Los que entienden y dominan la fuerza manipuladora de la tecnología digital mundial. Y para ello hay que pagar mucho dinero a unas pocas empresas para lograrlo. Meta, X, Google no hacen la política solo la administran (hay aquí ecos de Adorno que pensaba en la administración de la cultura).
Las grandes ganancias van hacia estas empresas y todas las demás usan ese “espacio”, o como dice Yanis Varoufakis “rentan ese espacio”. Estamos en lo que este pensador llama “tecno-feudalismo” un sistema rentista y lo que “renta” es el espacio digital: de espacio para publicar, para vender. Renta de servicios “ubicados” en el espacio informático ya sea para guardar archivos, hacer un resumen en ChatGPT, aumentar la productividad de una empresa o comprar archivos-monedas.
Todo esto posible gracias al conocimiento acumulado multidisciplinario y en buena medida proveniente del campo del arte que les ha permitido encontrar los mecanismos pavlovianos para atarnos al aparato-pantalla, al desfile interminable de imágenes-sonidos y un rítmico desplazamiento táctil. Nuestros sentidos apresados por la tecnología de diseño empresarial, de diseño ideológico, de diseño político, de diseño dictatorial, tiránico, opresor, fascista. Pero, gran paradoja, sin la coerción clásica del poder, sin un gran hermano. Solo hay la seducción de un enorme mundo simulado, pero inmediatamente accesible y con micro recompensas.
Esta nueva estética, por lo tanto, es racional, funcional. No abre mundos presenta sólo uno con apariencia de diversidad. No eleva el pensamiento, sino que nos hunde en la repetición, producción y el consumo sin pausa. No posibilita sujetos libres y creativos, sino esclavos que buscan guías y seguridades en las mercancías o guías en los genios individualistas y luchadores del capitalismo.
Una estética que fragmenta y no une. Recordemos que el poder antes detentado por la cúpula religiosa se trasladó en la modernidad al estado-nación y ahora ha pasado a manos de las corporaciones capitalistas globales.
En cada época ese poder se sustentó en un dominio simbólico que se basa en lo estético, en afectar-dominar-moldear nuestra sensibilidad. De dioses a banderas nacionales a las marcas, la nueva moral no está en preceptos religiosos o en las leyes, está en “Just do it”, “Keep walking”, “Think Different”, “Think Big”, “Impossible is Nothing”. Los nuevos imperativos morales surgidos ahora de los comerciantes.
Por ello el inicio de la nueva lucha política pasa por apagar aparatos, por recuperar nuestra capacidad de usarlos y no de ser usados por ellos, por estar en el presente no como un escenario fotográfico sino como espacio de experiencia y comunidad.
