Durante su intervención en la Cumbre del G7, la presidenta Claudia Sheinbaum planteó organizar una Cumbre Mundial por el Bienestar Económico con participación de países del G7, la Celac y otras naciones interesadas en construir una cooperación justa y duradera.
La mandataria defendió el papel de los migrantes en las economías receptoras, destacando su esfuerzo y contribución. Afirmó que deben ser tratados con respeto y que las causas de la migración deben atenderse con desarrollo y empleos dignos en los países de origen.
Sheinbaum apostó por un modelo internacional basado en justicia y responsabilidad compartida. La propuesta luce ambiciosa, pero plantea una pregunta clave: ¿puede el discurso de bienestar traducirse en compromisos concretos entre potencias con intereses tan dispares?
