Estados Unidos entró en parálisis presupuestaria este 1 de octubre tras fracasar la última votación en el Senado para aprobar un financiamiento provisional. Con 55 votos a favor y 45 en contra, no se alcanzó la mayoría necesaria de 60 sufragios. La falta de acuerdo entre republicanos y demócratas bloqueó la continuidad del presupuesto y obligó a la Casa Blanca a ordenar un cierre administrativo inmediato.
La medida implica la suspensión temporal de alrededor de 750 mil empleados federales considerados no esenciales, mientras que tropas militares y personal clave deberán seguir trabajando sin recibir salario hasta nuevo aviso. El costo inicial estimado asciende a 400 millones de dólares en ingresos perdidos para las familias afectadas. El cierre, conocido como shutdown, paraliza servicios básicos en oficinas públicas y afecta trámites ciudadanos.
Los analistas advierten que cada semana de parálisis puede reducir 0.2 puntos porcentuales del Producto Interno Bruto estadounidense. El antecedente más reciente ocurrió en 2018, durante el mandato de Donald Trump, y se prolongó 35 días. La Oficina de Presupuesto calculó entonces una pérdida de 11 mil millones de dólares. Políticamente, el cierre resulta impopular y genera presión extra hacia las elecciones legislativas de 2026.
