México cerró 2024 con la menor desigualdad de ingresos desde 1984. El índice de Gini cayó a 0.402 y el ingreso promedio trimestral por hogar alcanzó los $77,864 pesos, según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos del INEGI. Esta mejora refleja una combinación de crecimiento económico, aumentos al salario mínimo y transferencias sociales.
El cambio más significativo ocurrió en el decil más pobre de la población, que vio crecer sus ingresos en 35.89%, frente a apenas 1.18% del decil más alto. Esta redistribución suaviza una brecha histórica, aunque aún persiste una gran disparidad: los más ricos ganan 16 veces más que los más pobres.
Además, los hogares reportaron menos gasto en salud y más inversión en educación, lo que podría indicar mayor acceso a servicios públicos y una visión más formativa del gasto familiar. Las remesas también siguen siendo un factor clave para los ingresos rurales.
Aunque los datos son alentadores, el debate de fondo es si esta tendencia es estructural o sólo coyuntural. ¿Se sostendrá con nuevos gobiernos o depende del modelo actual? El desafío no es solo reducir la desigualdad, sino garantizar que esa mejora llegue para quedarse.
