Orel Morales es el primer policía trans reconocido oficialmente en la CDMX. Tras su transición en 2023, continuó su labor en la Policía Bancaria e Industrial con apoyo institucional y respeto de sus colegas. Su caso representa una excepción en un entorno históricamente conservador, donde pocas personas LGBT+ logran visibilidad sin enfrentar represalias o discriminación directa.
Este hecho abre una discusión urgente: ¿qué tan preparadas están nuestras instituciones para incorporar identidades diversas sin depender del azar o la buena voluntad? La experiencia de Orel fue posible por coincidencias afortunadas, no por protocolos claros ni políticas sólidas. El respeto a su identidad fue una decisión individual, no una norma garantizada.
El reconocimiento a Orel, aunque valioso, corre el riesgo de convertirse en una anécdota si no se traduce en cambios estructurales. La inclusión no debe depender del heroísmo personal ni del contexto excepcional. Se requiere capacitación institucional, rutas seguras para la transición y mecanismos contra la discriminación.
Mientras tanto, Orel se convierte en símbolo involuntario de algo más profundo: la posibilidad de habitar espacios públicos desde la autenticidad. Su caso no solo inspira, también cuestiona: ¿cuántas historias similares no pudieron contarse? El reto ahora es que la suya no sea la única.
