El primer año de operación del Tren Maya ha evidenciado una grave ineficiencia financiera: por cada peso que generó en ingresos, necesitó 108 pesos del erario. Según la Cuenta Pública 2024, la paraestatal militar requirió 29 mil 912 millones de pesos para operar, pero apenas recaudó 276 millones. Ni siquiera alcanzó para cubrir los salarios de sus mil 700 empleados.
El director del proyecto, David Lozano Águila, reconoció que el transporte de pasajeros no bastará para hacerlo rentable, y que el equilibrio financiero dependerá de un esquema de carga aún inexistente. A pesar del subsidio federal millonario, los gastos siguen creciendo: para 2025 se proyectan 827 millones en salarios y otros 680 millones en operación. La información detallada sobre costos sigue clasificada como reservada.
Fonatur transfirió oficialmente los activos del proyecto, valuados en 470 mil millones de pesos, a una paraestatal militar y al INAH. Pero el costo real de construcción aún es desconocido. En lugar de ser un modelo de eficiencia pública, el Tren Maya representa un ejemplo de opacidad y derroche disfrazado de infraestructura estratégica.
