El conflicto en Oriente Medio está generando efectos colaterales más allá del mercado energético, al presionar al alza los precios de los fertilizantes y aumentar el riesgo de una crisis agrícola global. El bloqueo del estrecho de Ormuz ha interrumpido el suministro de gas, insumo clave en la producción de fertilizantes, cuyo costo depende hasta en un 70% de la energía.
El encarecimiento proyectado —con alzas de hasta 31% en fertilizantes y 60% en la urea durante 2026— amenaza con reducir la rentabilidad agrícola y el rendimiento de las cosechas, especialmente en economías altamente dependientes de insumos importados. Experiencias recientes muestran que incrementos similares derivaron en caídas productivas y presiones inflacionarias en alimentos.
Los países más vulnerables, incluidos India, Bangladés, Pakistán y varias naciones africanas, enfrentan mayores riesgos debido a su limitada capacidad fiscal y dependencia de importaciones. Organismos internacionales advierten que millones de personas podrían caer en pobreza o enfrentar inseguridad alimentaria si persisten las disrupciones en el suministro.
En este contexto, la crisis energética derivada del conflicto se perfila como un detonante de tensiones agrícolas y sociales a escala global. La evolución del conflicto y la estabilidad en rutas clave como Ormuz serán determinantes para contener el impacto en los mercados alimentarios.
