Sesenta y tres países y la Unión Europea expresaron su profunda preocupación por la crisis humanitaria en Líbano, marcada por miles de víctimas civiles, destrucción de infraestructura y el desplazamiento de más de un millón de personas tras la ofensiva militar israelí en la región.
En una declaración conjunta desde la ONU, los gobiernos condenaron los ataques contra fuerzas de paz y advirtieron que podrían constituir crímenes de guerra. También pidieron reforzar su protección y exigieron que los responsables rindan cuentas conforme al derecho internacional vigente.
Diversos líderes internacionales intensificaron los llamados al cese de hostilidades. Alemania, Reino Unido, Canadá y Australia urgieron retomar el diálogo, mientras Francia mantiene apoyo humanitario. Las críticas apuntan a que la escalada militar amenaza el frágil equilibrio regional y podría comprometer cualquier avance hacia la paz.
