Tras el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, algunos sectores han intentado convertir el episodio en una impugnación retroactiva del sexenio de Andrés Manuel López Obrador. La narrativa es simple: contraponer el golpe actual a la consigna “abrazos, no balazos” y presentar aquella frase como sinónimo de inacción. Sin embargo, esa lectura ignora el contexto en que surgió el lema y la política pública que realmente se implementó.
La consigna no nació como una doctrina de pasividad frente al crimen organizado. Fue, ante todo, una reacción discursiva contra la estrategia de guerra frontal iniciada en 2006, cuyo saldo fue una espiral de violencia sin precedentes. “Abrazos, no balazos” sintetizaba una crítica al uso indiscriminado de la fuerza como única herramienta de seguridad. La apuesta consistía en atender causas estructurales —desigualdad, exclusión social, falta de oportunidades— mientras se reorganizaban capacidades institucionales del Estado.
Durante el sexenio anterior no desaparecieron los operativos ni las capturas relevantes. Se creó la Guardia Nacional, se ejecutaron acciones contra líderes criminales y se fortaleció la coordinación federal. Paralelamente, la política social buscó reducir brechas económicas que históricamente alimentaron economías ilícitas. Las cifras muestran que, tras alcanzar picos históricos, la curva de homicidios comenzó a estabilizarse hacia la parte final del periodo. El debate legítimo es si esa contención fue suficiente, no si existió o no acción estatal.
El actual golpe al CJNG no contradice necesariamente esa estrategia, sino que puede leerse como su evolución. Claudia Sheinbaum ha decidido mantener la atención a las causas sociales mientras imprime mayor intensidad operativa. La discusión pública no debería reducirse a consignas contrapuestas, sino a evaluar si la combinación de política social y firmeza institucional logra resultados sostenibles. Descalificar retrospectivamente un sexenio para exaltar otro simplifica una problemática que requiere continuidad, ajustes y responsabilidad compartida.
