mar. Feb 10th, 2026

Sheinbaum busca reanimar una economía sin impulso

Claudia Sheinbaum llegará a la primavera con un objetivo claro: desmontar la percepción de que la economía mexicana está inmóvil. Tras un 2025 con un crecimiento de apenas 0.7 por ciento y estimaciones que apuntan a un modesto 1.3 por ciento para 2026, la presidenta ha iniciado una ofensiva discursiva y operativa para cambiar la conversación. Su apuesta recuerda la cruzada que emprendió en seguridad: más que resultados inmediatos, busca instalar una narrativa de acción y un método distinto de gestión.

El nuevo consejo de planeación económica, encabezado por ella misma, será el vehículo para presentar proyectos estratégicos, con énfasis en energía y en infraestructura financiada por dos puntos adicionales del gasto público. La estrategia incluye un gesto inusual para este Gobierno: un acercamiento directo y frecuente con sectores clave. Las reuniones recientes con banqueros, automotrices y economistas externos han mostrado un tono más ejecutivo, con propuestas concretas para destrabar inversiones y ajustar regulaciones.

El giro, sin embargo, llega tarde y abre preguntas significativas. ¿Podrá la administración coordinar a un gabinete poco habituado a operar con velocidad? ¿El propio protagonismo presidencial no alentará la parálisis mientras todo se consulta en la cima? Y, sobre todo, ¿será capaz el Gobierno de desmontar el sentimiento antiempresarial que ha permeado entre figuras de Morena y que ha alimentado la desconfianza del sector privado?

Sheinbaum abrió la puerta a esquemas mixtos de inversión, pero al hacerlo insistió en marcar distancia de los modelos del pasado, un gesto destinado a la base de Morena que, paradójicamente, dificulta convencer al capital de sumarse. La credibilidad también depende de frenar focos rojos como la corrupción en permisos y trámites, especialmente en ciudades donde construir puede tomar años.

Para cuando llegue abril o mayo, la presidenta espera que la frase recurrente ya no sea “no hay inversión”, sino “la inversión empieza a moverse”. Pero el éxito dependerá menos de Washington —y de una revisión del TMEC aún incierta— que de la capacidad de su Gobierno para dar certeza jurídica, agilizar procesos y demostrar que puede gobernar con eficiencia. De lo contrario, México seguirá atrapado en un crecimiento que no rebasa un punto porcentual por año.