La economía mexicana inicia 2026 con un conjunto de retos que definirán su trayectoria en un año clave para la relación con Estados Unidos y para la estabilidad interna. El primero es la revisión del T-MEC, proceso que deberá resolverse hacia mediados de año y que mantiene en suspenso decisiones de inversión. La posibilidad de una renegociación parcial o incluso bilateral crea un ambiente incierto que pesa sobre los mercados y sobre la planeación de empresas nacionales y extranjeras.
El crecimiento económico continúa como uno de los mayores pendientes. Entre 2018 y 2024 el avance promedio fue de apenas 0.8 por ciento anual, lo que implicó un estancamiento del ingreso per cápita. Para 2025 se prevé un crecimiento menor a medio punto y, para 2026, las expectativas ya se ajustaron a cerca de 1.1 por ciento. Ese deterioro refleja una posible reducción en la tasa de crecimiento potencial del país y una inversión pública insuficiente, sumada a un ambiente de negocios más restrictivo. La preocupación es clara: México corre el riesgo de repetir una década perdida.
La creación de empleo formal será otro desafío relevante. El mercado laboral ya mostró señales de enfriamiento en 2025 y la perspectiva para 2026 es la generación de poco más de 300 mil puestos formales, lejos de las necesidades reales de una economía donde alrededor de 800 mil personas se incorporan cada año al mercado laboral. El registro reciente de trabajadores de plataformas digitales mejoró artificialmente las cifras, pero no implicó nuevos empleos.
En materia de inflación, aunque los precios regresaron al rango del Banco de México en 2025, varias presiones surgirán en 2026. El aumento de impuestos a productos específicos, la entrada en vigor de nuevos aranceles a bienes asiáticos y un efecto estadístico en la segunda mitad del año podrían empujar la inflación por encima del 4 por ciento. Bajo este escenario, es probable que el banco central mantenga una postura cautelosa y limite los recortes a la tasa de interés.
La combinación de estos factores obliga a replantear prioridades. Hasta ahora, México ha privilegiado la estabilidad macroeconómica. En 2026 será necesario encontrar un equilibrio entre estabilidad y crecimiento, de lo contrario el bajo dinamismo comenzará a reflejarse de forma más evidente en el bienestar social.
