La actual movilización de productores rurales marca una ruptura histórica: es la primera revuelta del campo mexicano en la era postneoliberal. A diferencia de las insurrecciones campesinas de los años noventa y dos mil, centradas en el rechazo al libre mercado y al despojo, esta protesta es más diversa y contradictoria. Agricultores medianos y grandes marchan no solo contra los rezagos heredados, sino también contra nuevas políticas estatales que buscan regular sectores estratégicos como el agua.
El detonante inicial fue el pago pendiente por granos básicos, pero pronto la reforma hídrica tomó el centro del descontento. La iniciativa, diseñada para frenar décadas de depredación y ordenar el uso del agua, fue comunicada de forma deficiente. En ese vacío avanzaron acaparadores, políticos opositores y gestores del negocio del agua, sembrando la idea —falsa, pero eficaz— de que peligraban concesiones y derechos de trasmisión. Este clima alimentó una movilización emocional más que racional, impulsada por la sensación de pérdida inminente.
La presión surtió efecto: Ejecutivo y Legislativo instalaron mesas para atender pagos atrasados, revisar precios de garantía y ajustar la iniciativa hídrica para disipar incertidumbres. El acuerdo más relevante será una revisión profunda del modelo agroalimentario, una oportunidad para debatir el mosaico de agriculturas del país y el rezago histórico que arrastran. Las políticas previas privilegiaron a grandes productores, mientras que la 4T se enfocó en los más pequeños, dejando a sectores intermedios en un limbo que hoy se expresa en las calles.
El desafío es monumental. La migración rural, el envejecimiento del campo, el dominio transnacional de alimentos e insumos, el cambio climático y la violencia exigen repensar integralmente el rumbo agrícola. Un nuevo pacto rural deberá incluir a agriculturas indígenas, campesinas, familiares y comerciales, ordenar mercados, ampliar financiamiento y garantizar derechos laborales. Solo así podrá construirse un pluralismo agrícola sostenible, justo y productivo.
